lunes, 6 de febrero de 2012

SAN TITO, OBISPO DE CRETA



6 de Febrero


San Tito, Obispo de Creta



Nació gentil y parece que fue convertido por San Pablo. Su virtud y sus méritos le ganaron el afecto del apóstol, pues encontramos que lo empleaba como secretario. San Pablo envió a Tito de Efeso a Corinto para poner fin a varias ocasiones de escándalo y también para apaciguar las discordias en aquella Iglesia. Luego, San Pablo lo envió por segunda vez a Corinto a reunir limosnas para los cristianos pobres de Jerusalén. San Pablo se detuvo algún tiempo en la isla de Creta para predicar la fe cristiana, pero como las necesidades de otras iglesias requerían su presencia, consagró a Tito obispo para aquella isla y lo dejó para que terminara el trabajo que él había comenzado. Murió de una muerte tranquila a edad muy avanzada y es considerado como el primer Arzobispo de la isla.




domingo, 5 de febrero de 2012

SANTA ÁGUEDA, VIRGEN Y MÁRTIR



 5 de febrero



Águeda o Ágata, Santa
Virgen y Mártir
Patrona de las enfermeras

Martirologio Romano: Memoria de santa Águeda, virgen y mártir, que en Catania, ciudad de Sicilia, siendo aún joven, en medio de la persecución mantuvo su cuerpo incontaminado y su fe íntegra en el martirio, dando testimonio en favor de Cristo Señor (c. 251).

Etimología: Águeda = Ágata = Aquella que es buena y virtuosa, es de origen griego.

Santa Águeda de Catania fue una virgen y mártir según la tradición cristiana. Su día se celebra el 5 de febrero.

Fue una joven siciliana de una familia distinguida y de singular belleza que vivió en el siglo III. El senador Quintianus intentó poseerla aprovechando las persecuciones que el emperador Decio realizó contra los cristianos. El Senador fue rechazado por la joven que ya se había comprometido con Jesucristo. Quintianus intentó con ayuda de una mala mujer, Afrodisia, convencer a la joven Águeda, pero esta no cedió.

El Senador en venganza por no conseguir sus placeres la envía a un lupanar, donde milagrosamente conserva su virginidad. Aún más enfurecido, ordenó que torturaran a la joven y que le cortarán los senos. La respuesta de la luego Santa fue "Cruel tirano, ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?". Aunque en una visión vio a San Pedro y este curó sus heridas, siguió siendo torturada y fue arrojada sobre carbones al rojo vivo en la ciudad de Catania, Sicilia (Italia). Además se dice que lanzó un gran grito de alegría al expirar, dando gracias a Dios.

Según cuentan el volcán Etna hizo erupción un año después de la muerte de la Santa en el 250 y los pobladores de Catania pidieron su intervención logrando detener la lava a las puertas de la ciudad. Desde entonces es patrona de Catania y de toda Sicilia y de los alrededores del volcán e invocada para prevenir los daños del fuego, rayos y volcanes. También se recurre a ella con los males de los pechos, partos difíciles y problemas con la lactancia. En general se la considera protectora de las mujeres. En el País Vasco se le atribuye una faceta sanadora.

Es la Patrona de las enfermeras y fue meritoria de la palma del martirio con la que se suele representar.

Iconografía





Se la ha representado en el martirio, colgada cabeza abajo, con el verdugo armado de tenazas y retorciendo su seno. También sosteniendo ella misma la tenaza y un ángel con sus senos en una bandeja o ella misma portando la bandeja con sus pechos. La escena de la curación por San Pedro también se ha representado.

A menudo se la representa como protectora contra el fuego, con lo que lleva una antorcha o bastón en llamas, o una vela, intentado extinguir el incendio.

sábado, 4 de febrero de 2012

SANTOS FILOROMO Y FILEAS, MÁRTIRES



4 de Febrero



Santos Filoromo y Fileas, Mártires

Fileas pertenecía a una de las familias más nobles y más antiguas del bajo Egipto. Era originario de Thmuis, ocupó altos cargos, desempeñó funciones públicas y poseía amplios conocimientos filosóficos. Probablemente se convirtió al cristianismo a la edad madura, siendo luego elegido obispo de su ciudad natal. Paralelamente, Filoromo ocupaba un alto puesto administrativo en Alejandría, y también él se convirtió al cristianismo tardíamente. Ambos fueron hechos prisioneros al mismo tiempo y sin duda estuvieron en la mazmorra los últimos meses del año 306.

En este lapso, Fileas dirigió una carta a los fieles de su diócesis exhortándolos a seguir firme en la fe a Cristo aún después de su inminente muerte. Posteriormente, los dos mártires fueron interrogados por Culciano, prefecto de Egipto y al mantenerse firmes a su adhesión a Jesús, fueron condenados a ser decapitados. Murieron el 18 de mayo del año 307.

viernes, 3 de febrero de 2012

SAN BLAS Obispo y mártir


3 de febrero


SAN BLAS
Obispo y mártir
(+ 316)

No es exagerado afirmar que hoy celebramos uno de los santos más populares del Calendario litúrgico. En la edad Media era tenido como uno de los Santos Auxiliares o Protectores de gremios o entidades...

Los críticos historiadores Bolandistas traen cuatro Actas diferentes de su vida y martirio, más o menos críticas. De entre ellas extractamos estos datos biográficos: Nació en Sebaste, Armenia, en la segunda mitad del siglo III. Parece que fue médico y que se entregó a toda clase de ejercicios que le deparaba su profesión para hacer actos de caridad con cuantos se presentaban ante él. Las Actas le presentan adornado de toda clase de virtudes cristianas: Era humilde, caritativo, manso, piadoso, casto, inocente... en una palabra: Santo.

Quiso retirarse a la soledad para allí acabar sus días entregado de lleno a la oración y a la maceración de su cuerpo, pero siempre es verdad que unos son los planes del hombre y otros los de Dios...

La sede episcopal de Sebaste quedó vacante y la voz común de todos los cristianos fue esta: Nadie mejor para ocupar la sede vacante que Blas por su sabiduría y su santidad de vida. Por ello y muy a pesar suyo hubo de aceptar el nuevo servicio que se le imponía para bien de sus hermanos y la gloria de Dios.

En aquel momento se desencadena una durísima persecución por obra del emperador Diocleciano contra los cristianos. Esta persecución fue durísima, sobre todo, en Sebaste hasta tal punto que fue llamada La ciudad de los mártires. Si así era para los simples cristianos ¿qué suerte esperará el pastor de ellos? Blas recuerda las palabras del Evangelio: "Si os persiguen en una ciudad huid a otra". Blas sabe que no es prudente enfrentarse abiertamente contra sus enemigos y que debe ayudar a los cristianos de su diócesis y a cuantos pueda llegar con sus palabras a ser fieles al Señor y valientes ante el martirio... Por ello se esconde en un bosque y desde una pobre gruta, no teniendo más compañía que los animales salvajes, que le respetan y ayudan como los más fieles servidores, se dirige a sus feligreses animándoles en su tarea de ser testimonio valiente de Jesucristo...

De cuando en cuando abandona valientemente la gruta y baja hasta la ciudad para animar y consolar a los encarcelados. Las Actas cuentan el caso cuando baja para consolar al mártir San Eustracio, que compra a los carceleros para que le permitan entrar y una vez en la cárcel besa con gran afecto las cadenas de Eustracio y le anima a perseverar en la lucha... Blas le da la Eucaristía. Salta de emoción... y al día siguiente, mientras Blas ha vuelto a su escondite para desde allí gobernar su diócesis, Eustracio sube al patíbulo glorioso del martirio...

Por fin le llegó la hora a Blas. Estaba en su gruta del monte Argeo, cuando llegaron los enviados del gobernador de Capadocia, el tirano Agrícola. Al verlos llegar les salió al encuentro y les saludó diciendo: "Bienvenidos seáis, amigos. Os esperaba. Partamos en el nombre del Señor". Después se dirige a sus fieles y les dice con gran valor: "Vamos a derramar nuestra sangre por Jesucristo. Al fin se ven colmados mis ardientes deseos. Esta noche me ha comunicado el Señor que finalmente se digna aceptar mi holocausto".

Agrícola le dice: "Ya conoces nuestro dilema: O sacrificar o morir". Y Blas valiente: "No os canséis. No hay otro Dios que Jesucristo. El es el Eterno e Inmortal. Los demás son dioses falsos con los que no quiero arder en el Infierno".

Lo demás ya lo recogen las Actas que, aunque sean muy tardías, tienen mucho de verosimilitud: Palizas, escarnios, azotes, vergas, peines candentes, grillos que desgarran... Siempre fue fiel a Jesucristo hasta que expiró en el Señor. Muchos gremios ayer y hoy le tienen como Patrón e Intercesor ante el Señor.

NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN DE DE SUYAPA



3 de febrero


NUESTRA SEÑORA DE LA 
CONCEPCIÓN DE DE SUYAPA   
(Honduras)




   La imagen de la Madre de Dios que más se venera en Honduras es la de Nuestra Señora de la Concepción de Suyapa. El culto a la patrona de Hon. duras comenzó un sábado de febrero de 1747, cuando su imagen fue des cubierta por unos indios que, sorprendidos por la noche al regresar de su trabajo, decidieron quedarse a dormir junto al camino. El jefe del grupo estaba tomando sus disposiciones y limpiando el terreno, para acomodar a sus hombres, cuando tocó con su mano un objeto duro que despertó su curiosidad. Lo desenterró a tientas y, al día siguiente, pudo ver que se trataba de una pequeña estatua de la Virgen María. Asombrados por el hallazgo, los indios se apresuraron a llevar la imagen a la vecina aldea de Suyapa, donde en seguida se ganó la veneración de todos los indígenas. Se dice que la imagen comenzó a obrar milagros y así, su fama se extendió rápidamente. Se le erigió una ermita que, poco a poco, se convirtió en el pequeño y concurrido templo que hoy existe. La estatuita no mide más que seis centímetros y medio de alto. Le sirve de pedestal un globo de plata de cinco centímetros. Con el manto y los vestidos que la adornan, llega a una altura de quince centímetros. Monseñor Hombach, arzobispo de Tegucigalpa obtuvo de la Santa Sede que esta imagen fuera declarada Patrona de Honduras y que su fiesta, con misa y oficio propios, se celebrara el día 3 de febrero.

   Valladares, R. Juan, La Virgen de Suyapa, Tegucigalpa, 19%. Die Katolische Missionen 30,315. Du Manoir, H., Maria Etudes sur la Sainte Vierge, París 1958, vol. 1, p. 305.

* Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I.

jueves, 2 de febrero de 2012

FIESTA DE LA PURIFICACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA




2 de febrero



FIESTA DE LA PURIFICACIÓN
 DE MARÍA SANTÍSIMA

 
En esta fecha, no sólo se conmemora la purificación de nuestra Madre sino también, un segundo gran misterio: la presentación de Nuestro Redentor en el templo. Además de la ley que obligaba a purificarse, había otra que ordenaba ofrecer a Dios al primogénito, aunque posteriormente podía ser rescatado por cierta suma de dinero. María cumplió estrictamente con todas esas ordenanzas.

Permaneció 40 días en su casa sin dejarse ver, absteniéndose de entrar al templo y de participar en las ceremonias de culto. Luego se dirigió a Jerusalén con su hijo en brazos, hizo sus ofrendas como acción de gracias y para su expiación, presentó a su Hijo, por manos del sacerdote a su Padre Celestial y luego lo rescató por cinco shekels recibiéndolo de nuevo en sus brazos hasta que el Padre volviera a reclamarlo. Sin duda alguna, Cristo nos dio un ejemplo de humildad, obediencia y devoción al renovar públicamente la propia oblación al Padre como El lo había hecho en su Encarnación.

NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA DE POTOSÍ


2 de febrero


NUESTRA SEÑORA DE LA
CANDELARIA DE POTOSÍ 
(Bolivia)




   En la iglesia de San Pedro de Potosí, lugar famoso por sus minas de plata, se venera una imagen de la Candelaria.

   Es extraordinario un hecho que se cuenta sobre esta imagen. Se habían hundido unas minas y sepultado a ocho indios que trabajaban en ellas. El hundimiento fue tan grande, que no había esperanzas siquiera de sacar los cadáveres. Pero un sábado, a los dieciséis días del suceso, se alborotó toda la ciudad: Por las calles corría la noticia de que los ocho indios sepultados en la mina habían salido con vida y, hasta en la iglesia donde se celebraba la misa, las gentes comentaban el suceso. El alboroto creció de punto cuando los indios aparecieron en la iglesia y se postraron ante la imagen de la Virgen para dar gracias por el favor. Luego relataron que hallándose sepultados bajo tierra, habían comido unos panes y bebido un agua que milagrosamente aparecieron; el cabo de vela que tenían, no se les había consumido y dos de ellos habían visto en sueños a la Madrde Dios que les aseguró que se salvarían precisamente en la
fecha en que pudieron salir: el sábado a la hora de la misa. La narración de estos hechos la escribió Martínez Vela en sus "Anales de la villa imperial de Potosí". El año era el de 1616.

   Vargas U., Hist. del culto de María en lberoamérica, p. 703.  

NUESTRA SEÑORA DE NAZARETH (Brasil)


2 de febrero


NUESTRA SEÑORA DE NAZARETH 
(Brasil)




   En Belem, ciudad del Estado de Pará, en Brasil, al lado de la espléndida basílica se puede visitar una sala donde están expuestos miles de objetos de todas clases, que son otros tantos testimonios de los favores otorgados por la Madre de Dios.
    Se cuenta que cuando la ciudad de Belem do Pará no era sino una pequeña
 aldea, un negro llamado Plácido, que se había internado en la selva y sentía hambre y sed, encontró la imagen de la Virgen. Sin acordarse más de sus penurias, el negro regresó a su casa con el hallazgo, pero aquélla misma noche,
 la imagen volvió a donde había estado, por sí sola. El milagro se repitió hasta  que el mismo gobernador quiso comprobarlo y puso guardias alrededor de la  imagen, pero ésta regresó al bosque también aquélla vez. Entonces el gobernador mandó construir una capilla en el sitio donde la Virgen quería estar.
   En la fiesta de la Candelaria, el pueblo llevaba la imagen de la casa del gobernador a la capilla del bosque, en procesión triunfal. En la actualidad el itinerario es, desde la catedral a la basílica, que ya no está en mitad de la selva, sino en el centro de la ciudad, en la plaza de Nazareth.

   Du Manoir, H., Maria, Etudes sur la Sainte Vierge, vol. v, p. 372 (en la p. 377 hay 8;bundante bibliografía).  

NUESTRA SEÑORA DE LA POPA DE LA GALERA (Colombia)


2 de febrero



NUESTRA SEÑORA DE LA 
POPA DE LA GALERA 
(Colombia)




   En Cartagena de Indias hay un cerro en forma de popa de galera, y en aquella cima se venera la imagen de la Santísima Virgen de la Candelaria.
   Los marinos le tuvieron siempre mucha devoción, ya que el cerro les servía de guía fácil para arribar a puerto. En las crónicas se lee que muchos de ellos cantaban la salve en honor de la Virgen de la Popa, cuando divisaban la cumbre.
   Allí mismo se construyó un convento de agustinos, quienes difundieron esta devoción y honraron especialmente la imagen de María. Ya en 1606, se decidió la construcción del monasterio.
   Uno de los favores más conocidos fue el de la salvación de los galeones que mandaba don Martín Carlos de Manco. La tempestad era tan furiosa, que no podían entrar en el puerto. Muchos devotos de la ciudad fueron a implorar a la Virgen de la Popa la salvación de los navegantes. Y ella se compadeció y pudieron llegar a salvo.
   El Pirata Guillermo Dampier también da fe de la devoción que existía entre aquellas gentes a la imagen de María: "Cualquier desgracia que ocurre a los corsarios es atribuída a la intervención de la imagen y los españoles cuentan que ella estaba ausente de su santuario, la noche en que el buque pirata "Oxfórd" voló, en la isla de Vaca, cerca de la Española y que después de su proeza, regresó la Virgen a su ermita, con los vestidos húmedos".

   Vargas U. Hist. del culto de María en Iberoam. p. 376; W. Dampier, New Voyage Round the World, Londres 1699. J. Celestina Mutis, Diaria.

SANTUARIO DE LA POPA DE LA GALERA   


(COLOMBIA)




   El Santuario de La Popa se encuentra en la altura más prominente de la ciudad.

   Convento fundado por los Agustinos Descalzos Recoletos en 1607, con la misión de expulsar a Buziraco, imagen del macho cabrío que adoraban los indios en sus alturas.

   Años más tarde, la imagen de la Virgen de la Candelaria aparecida en la casa conocida como el Bodegón de la Candelaria, en la Calle de las Damas, en el centro de la ciudad, fue llevada al templo y consagrada como Patrona de Cartagena.

   La Popa se ha convertido con el paso de los años en sitio de devoción y peregrinación, desde donde todos los años se baja en procesión y se venera a la Virgen de la Candelaria el 2 de febrero, durante las fiestas patronales.



NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN DE LOS LAGOS (Méjico)


2 de febrero


NUESTRA SEÑORA DE  
SAN JUAN DE LOS LAGOS 
(Méjico)  




   Llegó a México esta imagen, gracias a los franciscanos que evangelizaron lo que entonces se llamaba Nueva Galicia.

   En 1623 ocurrió un milagro que sacó del olvido a la imagen: En un acto peligroso que una familia de titiriteros realizaba en mitad de la plaza de San Juan de los Lagos, la hija joven murió al caer sobre filosas espadas. La consternación de los padres fue enorme y la población también sintió mucha lástima por ellos. Una india que tenía honda devoción a la imagen de la Virgen que se hallaba en la sacristía de la capilla del hospital, llevó la estatuilla hasta los brazos de la muerta. Al cabo de unos momentos, en que todos suplicaban el favor de la Santísima Virgen, la joven volvió a la vida. Para conmemorar tal suceso, la familia de titiriteros quiso reparar la imagen que se encontraba muy deteriorada. La llevaron a la ciudad de Guadalajara y allí un joven misterioso se les presentó y restauró la imagen y desapareció en seguida.

   Con tales sucesos, la devoción popular se incrementó. Se edificaron varias capillas con su nombre; pero pronto fueron insuficientes para recibir la corriente de peregrinos que acudía a honrar a la Madre de Dios. Treinta y siete años se tardó en construir el actual santuario. En 1769 se bendijo y destinó al culto. Tiene dos torres de 65 metros.

   La imagen tiene 27 centímetros de altura y representa a María en el misterio de su Concepción Inmaculada.    

* Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I.

NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN DE "EL VIEJO"


2 de febrero


NUESTRA SEÑORA DE LA
CONCEPCIÓN DE "EL VIEJO" 
(Nicaragua)




   En el departamento de Chinandega, en Nicaragua, se encuentra la parroquia de "El Viejo". Allí se venera una imagen de la Virgen María en el misterio de su Concepción. Se dice que la trajo de España un pariente de Santa Tersa Jesús y que la misma santa se la regaló cuando partía para las Indias. En 1678, se construyó el tabernáculo que guarda la imagen, por orden del capitán D. Francisco Aguirre.
   Tiene otra fiesta además de la del día dos de Febrero y es la Diciembre. A los peregrinos de la provincia de León, les es más fácil llegar al santuario en esta última fecha, porque han cesado ya las lluvias.
   Se cuenta que al terminar su gobierno, el pariente de Santa Teresa quiso regresar a España con la imagen, pero dos veces tuvo que volver al puerto, porque una furiosa tormenta le impedía navegar. Pensando que la imagen quería quedarse allí, la dejó en tierra y entonces ya no hubo impedimento para emprender el viaje de regreso a la patria.

   Vargas U., Hist. del culto de María... p. 312; El Monte Carmelo, Burgos.

 

NUESTRA SEÑORA DE CHAPI (Perú)


2 de febrero


NUESTRA SEÑORA DE CHAPI  
(Perú)




   Se trata de una efigie de Nuestra Señora de la Candelaria, copia famosa de Copacabana, llevada al sur del Perú, cerca de la ciudad de Moqueda, hacia 1600.
   Se quiso desarraigar su culto en la localidad de Chapí, por hallarse en una quebrada inhóspita y de difícil acceso para los devotos, pero no se consiguió.
   En 1884, se empezó a trabajar en el embellecimiento de la primitiva ermita y la devoción fue en aumento, día tras día. Diez años más tarde, unos caballeros decidieron construir un santuario de gran capacidad. La Virgen protegió las obras: se encontró una cantera de buena piedra, cuando ya se les Había agotado la que transportaban con mucha dificultad. Además, en 1897 y de un modo muy parecido al que ocurrió en Lourdes, surgió una fuente en una gruta. Un obrero había ido por la noche a rogar a la Virgen que les diera agua para hacer menos penoso su trabajo. Pero lo más extraordinario fue que otro trabajador, enfermo de la vista, se lavó los ojos con el agua y sanó.
   Junto con la festividad oficial el día 2 de Febrero, se celebran también fiestas en Chapí, el día 1º de Mayo y el 8 de Septiembre.

   Rubén Vargas U., S. J. Historia del culto de María en lberoamérica, Buenos 1947, p. 575 y ss.

miércoles, 1 de febrero de 2012

SAN IGNACIO, Obispo de Antioquía, Mártir


1 de febrero


SAN IGNACIO,
Obispo de Antioquía, Mártir
(107 P. C.)




   San Ignacio, llamado Teóforo, "el que lleva a Dios," probablemente fue un converso, discípulo de San Juan Evangelista; los datos históricos fidedignos sobre sus primeros años son pocos. De acuerdo con algunos escritores antiguos, los apóstoles San Pedro y San Pablo ordenaron que sucediera a San Evodio como obispo de Antioquía, cargo que conservó por cuarenta años, y en el cual brilló como pastor ejemplar. El historiador eclesiástico Sócratas dice que introdujo o divulgó en su diócesis el canto de antífonas, hecho poco probable. La paz de que gozaron los cristianos al morir Domiciano, duró únicamente los quince meses del reinado de Nerva y bajo Trajano se reanudó lo persecución. En una interesante carta del emperador a Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, se establecía el principio de que los cristianos debían ser muertos, en caso de que existieran delaciones oficiales; y, en otros casos, no se les debía molestar. Trajano fue magnánimo y humanitario; pero la gratitud que lo vinculaba con sus dioses por las victorias sobre los dacios y escitas, lo llevó posteriormente a perseguir a los cristianos, que se negaban a reconocer estas divinidades. Desgraciadamente, no podemos confiar en la relación legendaria sobre el arresto de Ignacio y su entrevista personal con el emperador; sin embargo, desde época muy remota, se ha creído que el interrogatorio al que fue sometido el soldado de Cristo por Trajano, siguió aproximadamente este cauce:

   "¿Quién eres tú, espíritu malvado, que osas desobedecer mis órdenes incitas a otros a su perdición?"

   "Nadie llama a Teóforo espíritu malvado," se dice que respondió el santo.

   "¿Quién es Teóforo?"

   "El que lleva a Cristo dentro de sí."

   "¿Quiere eso decir que nosotros no llevamos dentro a los dioses que nos ayudan contra nuestros enemigos?" preguntó el emperador.

   "Te equivocas cuando llamas dioses a los que no son sino diablos," replicó Ignacio. "Hay un sólo Dios que hizo el cielo, la tierra y todas las cosas; y un solo Jesucristo, en cuyo reino deseo ardientemente ser admitido."

   Trajano inquirió, "¿te refieres al que fue crucificado bajo Poncio Pilato?"

   "Sí, a Aquél que con su muerte crucificó al pecado y a su autor, y que proclamó que toda malicia diabólica ha de ser hollada por quienes lo llevan en el corazón."

   "¿Entonces tú llevas a Cristo dentro de ti?" dijo el emperador.

   Ignacio respondió, "sí, porque está escrito, viviré con ellos y caminaré con ellos."

   Cuando Trajano mandó encadenar al obispo para que lo llevaran a Roma y ahí lo devoraran las fieras en las fiestas populares, el santo exclamó "te doy gracias, Señor, por haberme permitido darte esta prueba de amor perfecto y por dejar que me encadenen por Ti, como tu apóstol Pablo."

   Rezó por la Iglesia, la encomendó con lágrimas a Dios, y con gusto sometió sus miembros a los grillos; y lo hicieron salir apresuradamente los soldados para conducirlo a Roma.

   En Seleucia, puerto de mar, situado a unos veinticinco kilómetros de Antioquía, se embarcaron en un navío que, por razones desconocidas, fue costeando por la ribera sur y occidental del Asia Menor, en lugar de dirigirse directamente a Italia. Algunos de sus amigos cristianos de Antioquía tomaron Un camino más corto, llegaron a Roma antes que él, y ahí esperaron su llegada. Durante la mayor parte del trayecto acompañaron a San Ignacio el diácono Filón y Agatopo, a quienes se considera autores de las actas de su martirio. Parece que el viaje fue sumamente cruel, pues San Ignacio iba vigilado día y noche por diez soldados tan bárbaros, que San Ignacio dice eran como "diez leopardos" y añade "iba yo luchando con fieras salvajes por tierra y mar, de día y noche" y "cuando se las trataba bondadosamente, se enfurecían mas."

   Las numerosas paradas, dieron al santo oportunidad de confirmar en la fe a las iglesias cercanas a la costa de Asia Menor. Dondequiera que el barco atracaba, los cristianos enviaban sus obispos y presbíteros a saludarlo, y grandes multitudes se reunían para recibir la bendición de aquel mártir efectivo. Se designaron también delegaciones que lo escoltaron en el camino. En Esmirna tuvo la alegría de encontrar a su antiguo condiscípulo San Policarpo; ahí se reunieron también el obispo Onésimo quien iba a la cabeza de una delegación de Efeso; el obispo Dámaso, con enviados de Magnesia, y el obispo Polibio de Tralles. Burrus, uno de los delegados, fue tan servicial con San Ignacio, que éste pidió a los efesios que le permitieran acompañarlo. Desde Esmirna, el santo escribió cuatro cartas.

   La carta a los efesios comienza con un cálido elogio de esa iglesia. Los exhorta a permanecer en armonía con su obispo y con todo su clero, a que se reúnan con frecuencia para rezar públicamente, a ser mansos y humildes, a sufrir las injurias, sin murmurar. Los alaba por su celo contra la herejía y les recuerda que sus obras más ordinarias serían espiritualizadas, en la medida que las hicieran por Jesucristo. Los llama compañeros de viaje en su camino a Dios y les dice que llevan a Dios en su pecho. En sus cartas a las iglesias de Magnesia y Tralles habla en términos análogos y los pone sobre aviso contra el docetismo, doctrina que negaba la realidad del cuerpo de Cristo y su vida humana. En la carta a Tralles Ignacio dice a aquella comunidad que se guarden de la herejía, "lo que harán si permanecen unidos a Dios, y también a Jesucristo y al obispo y a los mandatos de los apóstoles. El que está dentro del altar está limpio, pero el que está fuera de él, o sea, quien se separa del obispo, de los presbíteros y diáconos, no está limpio". La cuarta carta, dirigida a los cristianos de Roma, es una súplica para que no le impidan ganar la corona del martirio; pensaba que había peligro de que los influyentes trataran de obtener una mitigación de la condena. Su alarma no era infundada. A esas fechas, el cristianismo ya había conseguido adeptos en sitios elevados. Había hombres como Flavio Clemente, primo del emperador, y los Acilios Glabriones que tenían amigos poderosos en la administración. Luciano, satirista pagano (c. 165 d.C.), quien seguramente conoció estas cartas de Ignacio, da testimonio de lo anterior.

   "Temo que vuestro amor, me perjudique" escribe el obispo, "a vosotros os es fácil hacer lo que os agrada; pero a mí me será difícil llegar a Dios, si vosotros no os cruzáis de brazos. Nunca tendré oportunidad como ésta para llegar a mi Señor... Por tanto, el mayor favor que pueden hacerme es permitir que yo sea derramado como libación a Dios mientras el altar está preparado; para que formando un coro de amor, puedan dar gracias al Padre por Jesucristo porque Dios se ha dignado traerme a mí, obispo sirio, del oriente al occidente para que pase de este mundo y resucite de nuevo con El... Sólo les suplico que rueguen a Dios que me dé gracia interna y externa, no sólo para decir esto, sino para desearlo, y para que no sólo me llame cristiano, sino para que lo sea efectivamente... Permitid que sirva de alimento a las bestias feroces para que por ellas pueda alcanzar a Dios. Soy trigo de Cristo y quiero ser molido por los dientes de las fieras para convertirme en pan sabroso a mi Señor Jesucristo. Animad a las bestias para que sean mi sepulcro, para que no dejen nada de mi cuerpo, para que cuando esté muerto, no sea gravoso a nadie... No os lo ordeno, como Pedro y Pablo: ellos eran apóstoles, yo soy un reo condenado; ellos eran hombres libres, yo soy un esclavo. Pero si sufro, me convertiré en liberto de Jesucristo y en El resucitaré libre. Me gozo de que me tengan ya preparadas las bestias y deseo de todo corazón que me devoren luego; aún más, las azuzaré para que me devoren inmediatamente y por completo y no me sirvan a mí como a otros, a quienes no se atrevieron a atacar. Si no quieren atacarme, yo las obligaré. Os pido perdón. Sé lo que me conviene. Ahora comienzo a ser discípulo. Que ninguna cosa visible o invisible me impida llegar a Jesucristo. Que venga contra mí fuego, cruz, cuchilladas, desgarrones, fracturas y mutilaciones; que mi cuerpo se deshaga en pedazos y que todos los tormentos del demonio abrumen mi cuerpo, con tal de que llegue a gozar de mi Jesús. El príncipe de este mundo trata de arrebatarme y de pervertir mis anhelos de Dios. Que ninguno de vosotros le ayude. Poneos de mi lado y del lado de Dios. No llevéis en vuestros labios el nombre de Jesucristo y deseos mundanos en el corazón. Aun cuando yo mismo, ya entre vosotros os implorara vuestra ayuda, no me escuchéis, sino creed lo que os digo por carta. Os escribo lleno de vida, pero con anhelos de morir."

   Los guardias se apresuraron a salir de Esmirna para llegar a Roma antes de que terminaran los juegos, pues las víctimas ilustres y de venerable aspecto, eran la gran atracción en el anfiteatro. El mismo Ignacio, gustosísimo, secundó sus prisas. En seguida se embarcaron para Troade, donde se enteraron de que la paz se había restablecido en la Iglesia de Antioquía. En Troade Ignacio escribió tres cartas más. Una a los fieles de Filadelfia, alabando a su obispo, cuyo nombre calla, y rogándoles que eviten la herejía. "Usad una sola Eucaristía; porque la carne de Jesucristo Nuestro Señor es una y uno el cáliz para unirnos a todos en su sangre. Hay un altar, así como un obispo, junto con el cuerpo de presbíteros y diáconos, mis hermanos siervos, para que todo lo que hiciereis vosotros lo hagáis de acuerdo con Dios." En la carta a los de Esmirna encontramos otro aviso contra los docetistas, que negaban que Cristo hubiera tomado una naturaleza humana real y que la Eucaristía fuera realmente su cuerpo. Les prohíbe todo trato con esos falsos maestros y sólo les permite orar por ellos. La última carta es a San Policarpo, y consiste principalmente en consejos, como conviene a una persona mucho más joven que el escritor. Lo exhorta a trabajar por Cristo, a reprimir las falsas enseñanzas, a cuidar de las viudas, a tener servicios religiosos con frecuencia, y les recuerda que la medida de sus trabajos será la de su premio. Como San Ignacio no tuvo tiempo de escribir a otras Iglesias, nidio a San Policarpo que lo hiciera en su nombre.

   De Troade navegaron hasta Nápoles de Macedonia. Después fueron a Filipos y, habiendo cruzado la Macedonia y el Epiro a pie, se volvieron a embarcar en Epidamno (el actual Durazzo en Albania). Hay que confesar que estos detalles se basan únicamente en las llamadas "actas" del martirio, y no podemos tener ninguna confianza en la descripción de la escena final. Se dice que al aproximarse el santo a Roma, los fieles salieron a recibirlo y se regocijaron al verlo, pero lamentaron el tener que perderlo tan pronto. Como él lo había previsto, deseaban tomar medidas para liberarlo, pero les rogó que no le impidieran llegar al Señor. Entonces, arrodillándose con sus hermanos, rogó por la Iglesia, por el fin de la persecución, y por la caridad y concordia entre los fieles. De acuerdo con la misma leyenda, llegó a Roma el 20 de diciembre, último día de los juegos públicos, y fue conducido ante el prefecto de la ciudad, a quien se le entregó la carta del emperador. Después de los trámites acostumbrados, se le llevó apresuradamente al anfiteatro flaviano. Ahí le soltaron dos fieros leones, que inmediatamente lo devoraron, y sólo dejaron los huesos más grandes. Así fue escuchada su oración.

   Parece haber suficiente fundamento para creer que los fragmentos que se pudieron reunir de los restos del mártir, fueron llevados a Antioquía y sin duda, fueron venerados al principio de un modo que no llamara demasiado la atención "en un cementerio fuera de la puerta de Dafnis." Esto lo refiere San Jerónimo, escribiendo en 392, y sabemos que él había visitado Antioquía. Por el antiguo martirologio sirio nos enteramos de que la fiesta del mártir se celebraba en esas regiones el 17 de octubre, y se puede suponer que el panegírico de San Ignacio, hecho por San Juan Crisóstomo, cuando éste era presbítero de Antioquía, fue pronunciado en ese día. San Juan hace resaltar el hecho de que el suelo de Roma había sido empapado con la sangre de la víctima, pero que Antioquía atesoraba para siempre sus reliquias. "Ustedes lo prestaron por una temporada," dijo al pueblo, "y lo recibieron con interés. Lo enviaron siendo obispo, y lo recobraron mártir. Lo despidieron con oraciones y lo trajeron a su tierra con laureles de victoria." Pero ya en tiempo del Crisóstomo la leyenda había comenzado a tejerse. El orador supone que Ignacio había sido nombrado por el mismo apóstol San Pedro para sucederlo en el obispado de Antioquía. No es de maravillar que en fechas posteriores se fabricara toda una correspondencia, incluso ciertas cartas entre el mártir y la Santísima Virgen, cuando vivía en la tierra, después de la ascensión de su Hijo. Tal vez el relato más candoroso de todas estas fábulas medievales es la historia que identifica a Ignacio con el niño a quien Nuestro Señor tomó en sus brazos y que le sirvió para dar una lección sobre la humildad (Marcos 9:36).

   Hay un marcado contraste entre la oscuridad que rodea casi todos los detalles de la carrera de este gran mártir y la certeza con que los eruditos actuales afirman la autenticidad de las siete cartas a que nos hemos referido antes, como escritas por él, camino de Roma. No es este lugar para discutir las tres ediciones críticas de estas cartas, conocidas como la "Más Larga," la "Curetoniana" y la "Vossiana." Una controversia secular ha dado por resultado una abundante literatura, pero en la actualidad la disputa está prácticamente terminada. En todo caso, puede decirse que, con rarísimas excepciones, la actual generación de estudiantes de patrística está de acuerdo en admitir la autenticidad de la "Curetoniana," que fue la primera identificada por el arzobispo Ussher en 1644, y cuyo texto griego fue impreso por Isaac Voss y por Dom Ruinart, un poco más tarde.

   No hay temor de exagerar la importancia que el testimonio de estas cartas aporta sobre las creencias y la organización interna de la iglesia cristiana, años después de la ascensión de Nuestro Señor. San Ignacio de Antioquía es el primer escritor, que, fuera del Nuevo Testamento, subraya el nacimiento virginal. A los de Efeso, por ejemplo, les escribe, "y al príncipe de este mundo se le ocultó la virginidad de María y su parto y también la muerte del Señor." Se supone claramente conocido el misterio de la Trinidad, y se percibe un marcado enfoque cristológico, cuando leemos en la misma carta (c. 7), "hay un médico de carne y espíritu, engendrado y no engendrado, Dios en hombre, verdadera Vida en muerte, hijo de María e hijo de Dios, primero pasible y después impasible, Jesucristo Nuestro Señor." No menos notables son las frases usadas respecto a la Sagrada Eucaristía. Es "la carne de Cristo," "el don de Dios," "la medicina de inmortalidad," e Ignacio denuncia a los herejes "que no confiesan que la Eucaristía es la carne de Jesucristo nuestro Salvador, carne que sufrió por nuestros pecados y que en su amorosa bondad el Padre resucitó." Finalmente, en la carta a los de Esmirna, por vez primera en la literatura cristiana encontramos mencionada a "la Iglesia Católica." "Que doquier aparezca el obispo, ahí esté el pueblo; lo mismo que donde quiera que Jesucristo está también está la Iglesia Católica." El santo habla severamente de las especulaciones heréticas —en particular las de los docetistas— que ya en su tiempo amenazaban con dañar la integridad de la fe cristiana. Ciertamente puede decirse que la nota clave de toda su instrucción fue la de insistir sobre la unidad de creencia y de espíritu entre los que pretendían seguir a Nuestro Señor. Pero a pesar de su temor a la herejía, recalcaba la necesidad de ser indulgentes con los que estaban en el error e insiste en la tolerancia y en el amor a la cruz. La exhortación a los efesios proporciona una lección a todos aquellos, para quienes su religión no es un título vacío:

"Rueguen incesantemente por el resto de los hombres —porque hay en ellos esperanza de arrepentimiento— para que lleguen a Dios. Por lo tanto, instrúyanlos con el ejemplo de sus obras. Cuando ellos estallen en ira, ustedes sean mansos; cuando se vanaglorien al hablar, sean ustedes humildes; cuando les injurien a ustedes, oren por ellos; si ellos están en el error, ustedes sean constantes en la fe; a vista de su furia, sean ustedes apacibles. No ansíen el desquite. Que nuestra indulgencia les muestre que somos sus hermanos. Procuremos ser imitadores del Señor, esforzándonos para ver quién puede sufrir peores injusticias, quién puede aguantar que lo defrauden, que lo rebajen a la nada; que no se encuentre en ustedes cizaña del diablo. Sino con toda pureza y sobriedad vivan en Cristo Jesús en carne y en espíritu."

   Por lo anterior, se ve claramente que en la práctica, las siete cartas de San Ignacio forman la única fuente fidedigna respecto de su vida. El lector puede consultar estas cartas en la obra magistral del obispo Lightfoot, The Apostolic Fathers (1877-1885). Hay una traducción manuable con una valiosa introducción y notas en el volumen del Dr. J. H. Srawley titulado The Epistles of St. Ignatius (1935) y un texto y traducción por Kirsopp Lake en la Biblioteca de Clásicos Loeb, titulado The Apostolic Fathers, vol. I (1930). La traducción y notas en la colección Primeros Escritores Cristianos (1946) son del Dr. J. A. Kleist. Otras ediciones, como las de A. Lelong, F. X. Funk y T. Zahn, no hay para qué mencionarlas aquí. Las cartas de San Ignacio, traducidas al latín y a varios idiomas orientales, eran ampliamente conocidas por los primeros escritores cristianos. Aun el británico San Gildas, en su De excidio Britanniae, escrito alrededor del 540, cita la carta dirigida a los romanos. El panegírico del Crisóstomo está en Migne, P. G. vol. I. Para mayores datos sobre la fecha del martirio, véase H. Grégoire en Analecta Bollandiana, vol. LXIX (1951), pp. 1 ss. Se menciona a San Ignacio en el canon de la misa de rito romano, sirio y maronita.


SAN PIONIO, Mártir


1 de febrero


SAN PIONIO,
Mártir
(¿250? P. C.)




   Pionio fue un presbítero de Esmirna y un genuino heredero del espíritu de San Policarpo. Hombre elocuente e ilustrado, convirtió a muchísimos a la verdadera fe. Durante la persecución de Decio (¿o de Marco Aurelio?), fue aprehendido, junto con Sabina y Asclepíades, al estar celebrando el aniversario de la fiesta del martirio de San Policarpo. Pionio fue prevenido en un sueño de su inminente destino. En la mañana, cuando los cristianos estaban tomando el "pan santo" (probablemente la eulogia bendecida y distribuida en la misa) con agua, fueron sorprendidos y apresados por Polemón, el sacerdote principal del templo. Durante largos interrogatorios, resistieron todas las solicitaciones para que ofrecieran sacrificios, y manifestaron que estaban prestos a sufrir los peores tormentos y aun la muerte, antes que ceder; declararon que adoraban a un solo Dios y que pertenecían a la Iglesia Católica. Cuando le preguntaron a Asclepíades a cuál Dios adoraba, respondió "a Jesucristo." Polemón dijo: ¿"es ese otro Dios?" Asclepíades, respondió: "No; es el mismo Dios a quien acaban de confesar," clara declaración en esta época primitiva de la consubstancialidad de Dios Hijo. Sabina sonrió al oír las amenazas de que serían todos quemados vivos. Los paganos dijeron: "¿sonríes? Entonces serás enviada a los lupanares públicos." Ella contestó: "Allí Dios me protegerá."

   Fueron encarcelados y pidieron que los pusieran en el calabozo menos accesible para poder orar con más libertad. Por la fuerza fueron arrastrados al templo y se hubo que utilizar la violencia para obligarlos a ofrecer sacrificios. Resistieron con todas sus fuerzas, al grado de que, como las actas del martirio relatan "se necesitaron seis hombres para subyugar a Pionio." Cuando les colocaron guirnaldas en la cabeza, los mártires se las arrancaron; y el sacerdote que tenía la obligación de llevarles el manjar sacrificial tuvo miedo de acercárseles. Su constancia reparó el escándalo causado por Eudemón, obispo de Esmirna, que había apostatado y ofrecido sacrificios. Cuando el procónsul Quintiliano llegó a Esmirna, hizo que pusieran a Pionio en el potro y que su cuerpo fuera desgarrado con garfios, y luego lo condenó a la muerte. La sentencia se leyó en latín: "Pionio confiesa ser cristiano, y ordenamos que se le queme vivo."

   Con ardorosa fe, Pionio fue el primero en apresurarse para ir al estadio (campo público de carreras), y ahí se despojó de sus vestiduras. Su cuerpo no mostraba ninguna señal de la reciente tortura. Subió a la tarima de madera, dejó que el soldado fijara los clavos, cuando estuvo bien sujeto, el oficial que presidía dijo: "todavía puedes reflexionar y arrepentirte y se te quitarán los clavos." Pero él contestó que su deseo era morir pronto para que más pronto pudiera resucitar de nuevo. De pie y mirando hacia el oriente, mientras amontonaban a su alrededor la leña, Pionio cerró los ojos, de modo que la gente creyó que se había desmayado. Sin embargo, estaba rezando en silencio, y una vez que llegó al fin de su oración, abrió los ojos y dijo "Amén," con el rostro radiante, mientras las llamas se elevaban a su alrededor. Por fin con las palabras-"Señor, recibe mi alma," entregó su espíritu, tranquilamente y sin dolor, al Padre que ha prometido guardar a toda alma injustamente condenada. Todo lo anterior parece el relato de un testigo ocular, quien añade que, cuando el fuego se apagó, "los que estábamos allí cerca vimos su cuerpo como si fuera el de un robusto atleta; ni los cabellos, ni las mejillas estaban chamuscados, y su rostro resplandecía asombrosamente."

   Eusebio cita las actas del martirio, que se suponen escritas por un testigo de vistas y han sido publicadas por Ruinart, quien las tomó del latín; pero también existe un texto griego que probablemente es el original. Lightfoot dice de ellas, "estas actas tienen todas las pruebas de la autenticidad," y Delehaye, que discute la cuestión con bastante extensión en Les Passions des Martyrs... (1921), pp. 27-59, está de acuerdo en todo. El texto griego de las Actas puede consultarse en O. von Gebhardt, Acta martyrum selecta pp. 96-114. La mayor parte puede encontrarse excelentemente traducida al inglés en la obra de J. A. F. Gregg The Decían Persecution, pp. 249-261. Para la cuestión de la fecha, Cf. H. Grégoire en Analecta Bollandiana, vol. LXIX (1951), pp. 1 y ss.  


SAN SEVERO, Obispo


1 de febrero



SAN SEVERO,
Obispo
(389 P. C.)




   La historia proporciona pocos detalles sobre este prelado. Es el que figuró en el decimosegundo lugar entre los obispos de Ravena. Sucedió a Marcelino y ocupó la sede durante gran parte del siglo IV.

   En el año 347, asistió al concilio de Sárdica y allí defendió los decretos de fe de Nicea contra los arríanos.

   Algunos dicen que murió el año 348 y otros que en el 389. En su tumba se obraron milagros y la Iglesia de Revena honra su memoria.

   Según la leyenda y de acuerdo con una biografía escrita en el siglo VI, Severo, que era tejedor de oficio, llegó a ser el obispo de Ravena, debido a que una paloma vino a posarse sobre su cabeza.

   El tejedor, que era un hombre casado, fue aclamado en seguida por todos los presentes. Para no quebrantar una tradición que se remontaba a los tiempos de Apolinario, Severo tuvo que aceptar el puesto de obispo, renunciando al mundo, a su hogar y a su familia. Su esposa, Vicencia y su hija Inocencia, se consagraron a Dios y murieron antes que él.

   A San Severo se le representa con lanzaderas en los bolsillos y una tela tejida bajo el brazo.

   El Martirologio Jeronimiano menciona el nombre de Severo, el día 1° de febrero. Los martirologios posteriores han añadido algunos detalles sacados de la leyenda.

   El culto de los santos Severo, Vicencia e Inocencia se revivió, cuando sus cuerpos fueron llevados a Pavia y, de allí trasladados a Maguncia, en el siglo IX.

   En el monasterio de Erfurt se construyó una espléndida basílica y allí fueron trasladadas las reliquias de Severo. Este fue venerado como santo patrón de la ciudad. Desde allí se extendió su culto por toda Alemania.

   Véase Acta Sanctorum, 1° de febrero. Charles Cahier, Caractéristiques des saints. p. 572. Existe un panegírico del santo por Pedro Damiano.  

SANTA BRÍGIDA , Abadesa de Kildare, Virgen


1 de febrero


SANTA BRÍGIDA ,
Abadesa de Kildare, Virgen
(525 P. C.)




   Las numerosas "vidas" de Santa Brígida escritas por sus compatriotas en los cuatro primeros siglos después de su muerte, no ofrecen material para una relación completa de su vida. Sin embargo, no cabe duda que hay que contarla entre los santos más grandes y venerados, cuya virtud ha dado gloria a Irlanda ayudado, al menos indirectamente, a la cristianización de Europa. Los vivos recuerdos conservados en el corazón del pueblo, llevan un extraordinario espíritu de caridad. La mayoría de los numerosos y fantásticos milagros que figuran en las crónicas de su vida fueron su respuesta a súplicas que provocaron su compasión o despertaron su sentido de justicia. Sacaríamos una conclusión completamente falsa si pensáramos, como muchos lo han hecho, que siendo tan increíbles los incidentes que de ella se refieren, la existencia de la santa es un mito. El pueblo irlandés, más que otros, es imaginativo y entusiasta y, en consecuencia, muy celoso de sus objetos de veneración. Hubiera parecido como rebajar su dignidad el apuntar sólo cosas ordinarias y posibles de la que llaman "la María de los irlandeses," a quien consideraban como patrona de todas las buenas irlandesas. Así como a San Patricio y a otros héroes menores de la santidad se atribuyeron extrañas maravillas, así no le podía faltar a ella su corona: pues ¿no eran Patricio y Brígida "las columnas de Irlanda"? No valía la pena un relato de hechos prosaicos; en otras palabras, éstos eran indignos de una persona tan excelsa. Es importante que nos demos cuenta clara de esta curiosa mentalidad, si no queremos confundirnos con las extravagancias que abundan en colecciones como la de Plummer "Bethada Náem Erenn" o en el "Book of Lismore." Análoga precaución hay que tener con toda la hagiografía medieval; pero especialmente en las leyendas trasmitidas por los celtas. Había que relatar maravillas y prodigios heroicos; y si faltaban, el escritor sufría el castigo de ver que su obra era despreciada por rancia e inútil. Este gusto por lo sensacional entre almas sencillas y candidas, explica por qué en la primitiva hagiografía, por cada manuscrito de las "acta sincera," o informes verídicos sobre el martirio, poseemos otros cincuenta, con tantas deformaciones y ornamentos, que bien podían pasar por una novela.

   Así pues, lo que podemos afirmar con certeza, respecto a la vida de Santa Brígida, es realmente poco. Probablemente nació a mediados del siglo quinto en Faughart, cerca de Dundalk. Es indudable que desde temprana edad se consagró a Dios; pero parece muy dudoso que haya recibido el "velo" de manos de San Maccaille en Mag Teloch y que haya sido consagrada por San Mel en Ardagh. La dificultad aumenta por la glosa añadida al himno de San Broccan: "San Mel le confirió la dignidad de obispo," y por ello la sucesora de Brígida "tiene derechos y honores episcopales." El P. John Ryan discute el problema en Irish Monasticism, y concluye que esta historia fue el resultado de los honores excepcionales, tradicionalmente tributados a la sucesora de Santa Brígida en Kildare, y que en algunos aspectos pueden compararse con los que se tributan a los obispos en la Iglesia." Pero es bastante extraño, que fuera del relato de Cogitosus, no se insista en las "vidas" de la santa en la fundación del monasterio de Kildare; tanto más, cuanto que dicha fundación parece haber sido el gran hecho histórico de su carrera, y que en cierto sentido la convirtió durante muchos siglos en la madre ejemplar de las vírgenes irlandesas.

   Quizá nos demos cuenta del tono general de las "vidas" primitivas, con algunos párrafos de las lecciones del Breviarium Aberdónense.



   Santa Brígida, a quien Dios previo y predestinó para que creciera a semejanza suya, nació de noble familia escocesa, i.e. irlandesa; su padre fue Dubthac y su madre Brocea, y desde su niñez progresó en todo bien. Esta doncella elegida por Dios, muy juiciosa y llena de sabiduría, siempre buscó lo más perfecto. Su madre la enviaba a recoger la mantequilla que hacían las mujeres con la leche de las vacas y ella se la daba toda a los pobres. Cuando las demás volvían con la carga, la joven trataba de restituir el producto que había tomado y, con tierna confianza, volvía su corazón al Señor y le pedía, por intercesión de su Madre, que devolviese la mantequilla con creces. A su debido tiempo, cuando sus padres desearon que contrajera matrimonio, hizo voto de castidad; lo hizo en presencia de un santo obispo y tocó con la mano el pilar de madera sobre el cual se apoyaba el altar. En memoria de la acción de esa joven, hace largos años esa madera permanece todavía verde, y como si no hubiera sido cortada y despojada de su corteza, florece en sus raíces y sana a innumerables tullidos.

   Santa y fiel como era, viendo Brígida que se acercaba el tiempo de sus esponsales, pidió al Señor le enviara alguna deformidad para frustrar la importunidad de sus padres: se le reventó un ojo y se le derramó por dentro. Y así, habiendo recibido el santo velo, Brígida, junto con otras vírgenes consagradas, permaneció en la ciudad de Meatr, donde Nuestro Señor, por su intercesión, se dignó obrar muchos milagros. Curó a un extranjero por nombre Marcos; proporcionó cerveza de un solo barril a dieciocho iglesias, y la bebida alcanzó desde el Jueves Santo hasta el fin del tiempo pascual. A una mujer leprosa que le pedía leche, le dio agua fría, porque no tenía otra cosa; el agua se convirtió en leche, y cuando la mujer la hubo bebido, quedó sana. Curó a un leproso y dio vista a dos ciegos. Una vez cuando iba de viaje para acudir a un llamado urgente, al cruzar un arroyo se resbaló y se hirió en la cabeza; con la sangre que manó de la herida dos mujeres mudas recobraron el habla. Un buen día, a un criado del rey se le cayó de las manos una preciosa vasija y se rompió; para que no lo castigaran, Brígida la compuso totalmente.

   Entre éstas y muchas otras extravagancias parecidas, hay algunas hermosas leyendas; especialmente la que se refiere a una monja ciega, Dará, cuyo relato no podrá hacerse mayor que con las propias palabras de Sabire Baring-Gould:

   Una tarde, al ponerse el sol, Brígida estaba sentada con la hermana Dará, una santa monja, que estaba ciega: hablaban del amor de Jesucristo y de los gozos del paraíso. Sus corazones rebosaban en tal forma, que la noche voló mientras conversaban y no se dieron cuenta de que habían pasado muchas horas. Entonces salió el sol tras las montañas de Wicklow, y su luz pura y blanca vino a iluminar y a alegrar la faz de la tierra. Brígida suspiró al ver la hermosura del cielo y de la tierra: sabía que los ojos de Dará estaban cerrados a toda esta belleza. Inclinó entonces la cabeza y rezó; extendió su mano e hizo la señal de la cruz sobre las apagadas órbitas de la dulce hermana. Entonces cesó la oscuridad, y Dará vio la esfera dorada en el oriente y los árboles y las flores, que brillaban, con el rocío a la luz de la mañana. Se quedó mirando un instante y luego, volviéndose a la abadesa le dijo: "querida Madre, le ruego vuelva a cerrar mis ojos, porque cuando el mundo está así de visible a los ojos, el alma ve menos claramente a Dios." Entonces Brígida oró una vez más, y los ojos de Dará volvieron a obscurecerse.

   Poco o nada digno de confianza sabemos de la gran fundación religiosa en Kill-dara (el templo del encino) y de la regla ahí practicada. Se supone generalmente que era un "monasterio doble," i.e., incluía hombres y mujeres, pues tal era la práctica común entre los celtas. Es muy posible que Santa Brígida presidiera ambas comunidades, y no sería caso único. Pero el texto de las reglas —en la Vida de San Kieran de Clonmacnois se menciona la "regula Sanctae Brigidae"— no parece haber sobrevivido. Más de seis siglos después, Giraldus Cambrensis coleccionó algunas curiosas tradiciones referentes a esta fundación. Dice, por ejemplo: "En Kildare de Leinster, renombrado por la gloriosa Brígida, hay muchas maravillas dignas de mención. Principalmente el fuego de Brígida, que llaman inextinguible; no porque no se pueda apagar, sino porque las monjas y santas mujeres alimentan y avivan el fuego tan ansiosa y puntualmente, que desde la época de la virgen, ha permanecido encendido durante siglos y nunca se han acumulado cenizas, aunque en tanto tiempo se haya consumido tan grande cantidad de madera. En tiempos de Brígida, veinte monjas servían aquí al Señor. Ella era la vigésima y cuando gloriosamente partió, quedaron diecinueve y no han pasado de ese número. Los monjas se van turnando cada noche para cuidar el fuego, y cuando llega la vigésima noche viene la última doncella y colocando suficiente leña dice: "Brígida, cuida ese fuego tuyo, porque a ti te toca esta noche." Y por la mañana encuentran el fuego todavía encendido y el combustible consumido en la forma acostumbrada. El fuego está rodeado por una valla circular de arbustos, dentro de la cual ningún hombre entra, y si alguno se atreviera a entrar, como algunos temerarios lo han intentado, no escapa de la venganza divina."

   Esta es la historia a la cual aludió el poeta Tom Moore cuando escribió:

   La lámpara rutilante que alumbró el santo templo de Kildare, ardió constante a través de las edades de sombras y tormenta.

   Pero no obstante que el material legendario predomina, es inconfundible el entusiasmo que la memoria de Santa Brígida suscitó entre sus paisanos. No sería fácil encontrar algo más fervoroso en su expresión que las rapsodias del "Book of Lismore":

   Todo lo que Brígida pedía al Señor se lo concedía inmediatamente. Pues todo su deseo era: socorrer al pobre, aliviar cualquier pena y ayudar a todos los desvalidos. Ahora bien, nunca hubo mujer más tímida o más modesta, más dulce o más humilde, más juiciosa o que tuviera una más armoniosa proporción en todo que Brígida. Nunca se lavaba ni las manos, los pies o la cabeza, delante de otras personas. Nunca miró rostro de hombre alguno. Nunca hablaba sin sonrojarse. Era abstemia, inocente, piadosa, paciente; se gozaba con los mandamientos de Dios; era firme y humilde, perdonaba y amaba; era un estuche consagrado para guardar la sangre y el cuerpo de Cristo; era templo de Dios. Su corazón y su mente formaban un trono para que descansara el Espíritu Santo. Tenía puesto su corazón por entero en Dios; compadecía a los desgraciados, era pródiga en milagros y maravillas. Por todo esto, su nombre en medio de las cosas creadas, es Paloma entre los pájaros, Viña entre los árboles, Sol entre las estrellas. El padre de la santa virgen, es el Padre Celestial; su hijo es Jesucristo; su aliento (quien la alienta y la nutre) es el Espíritu Santo. Por eso, esta santa virgen ejecuta tan grandes prodigios e innumerables milagros. Ella es quien ayuda a todos los que están en aprietos y peligros, la que disminuye las pestes; la que calma la ira y la borrasca del mar. Es la profetiza de Cristo; la reina del sur; la María de los gaélicos (celtas).

   Pero el lenguaje de otros escritores nativos de época más primitiva es aún más novelesco. Probablemente comprendemos muy poco de la psicología gaélica para estar bien ciertos del verdadero significado de las frases que encontrarnos en documentos como el Himno de San Brocean, pero nuestros traductores dan a entender que, realmente, se identificaba a Brígida con la Santísima Virgen María. Por ejemplo leemos:

   Brígida madre de mi supremo rey (de mi Altísimo Rey) del reino de los Cielos, nació superior en todo.

   Es posible que algunos ecos de la primitiva mitología pagana se mezclaran con todo esto porque Brig parece haber sido una abstracción que significa "valor" o "poder" y se personificaba como una diosa, particularmente asociada con el culto al fuego el 1° de febrero. Esto pudiera ser la causa de algunos de los detalles en la descripción de Kildare en la obra de Giraldus, ya citada anteriormente; pero todo el tema está envuelto en la más profunda oscuridad. De acuerdo con Charles Plummer (VSH., vol. I, p. 136), "el nombre de Brígida tiene una etimología caprichosa: "breosaiget" significa flecha ardiente y por cierto que su leyenda expone muchos rasgos de esta naturaleza. Además Brígida tiene homónimo pagano, como por ejemplo, "Erigid banfiéle," es decir la poetisa —madre de las tres edades de la poesía. Esta identidad entre los nombres es buena ocasión para la transferencia de mitos."

   En tiempos antiguos se veneraba mucho a Santa Brígida en Escocia y también en aquellas partes de Inglaterra, más directamente en contacto pon influencias celtas. Hay varios lugares en Galos, llamados Blansantffraid, Iglesia de Santa Brígida. En Irlanda, las iglesias a ella dedicadas son innumerables; en Inglaterra sabemos de diecinueve que le fueron consagradas antes de la Reforma. La mayoría de éstas se encuentran en la parte occidental del país, pero hay una iglesia famosa en Londres, la de Santa Brígida, en Fleet Street. Bridewell, originalmente un palacio real, parece haber adquirido su nombre por su contigüidad a la iglesia de Santa Brígida. Su fiesta se observa en toda Irlanda, Gales, Australia y Nueva Zelandia.

   Las biografías primitivas de Santa Brígida, escritas en latín fueron editadas por Colgan, en sus Trias Thaumaturga, incluyendo la de Cogitosus, que entre la mayoría es la que más se acerca a una biografía propiamente dicha. En los Proceedings of the R. Irish Academy, vol. XXX, (1912), pp. 307 ss., Esposito ha dado razones para pensar que Cogitosus escribió allá del 620 al 680. El himno panegírico de San Brocean está impreso en la Irish Liber Hymnorum de la Henry Bradshaw Society, vol. II p. 193. Canon O´Hanlon en LIS., vol. II, dedica más de 200 pp. a Santa Brígida, y también se encuentra una relación completa en LBS., vol. I pp. 264-288. Véase también The Book of Lismore (ed. Whitley Stokes); J. Ryan, Irish Monasticism (1931), pp. 134-136, 179-184; Alice Curtayne, Saint Brigid of Ireland (1933); F. O. Briain, Sí. Erigid, her Legend, History and Cult, (1938); y la obra The Old Irish Life of St. Brigid por M. A. O"Brien en Irish Historical Studies, vol. I (1938-1939), pp. 121-134, sobre el culto de Brígida en Suecia, véase, Analecta Bollandiana, vol. LXI (1943), pp. 108-116. Cf. L. Guogaud, Christianity in Celtic Lands (1932)  

SAN JUAN DE CRATÍCULA, Obispo de Saint-Malo,


1 de febrero


SAN JUAN DE CRATÍCULA,
Obispo de Saint-Malo,  
(1170 P. C.)




 A este santo se le puso el sobrenombre "de Cratícula" por la verja de hierro que rodeaba su tumba. Era bretón, hijo de padres pobres, no obstante lo cual, recibió una excelente educación que supo aprovechar, aventajando mucho en las artes y las ciencias. Sintiéndose atraído por la orden del Cister, que en aquella época concentraba la atención mundial, partió en busca de San Bernardo quien, después de probarlo, lo recibió en su comunidad. Cuando el conde Esteban de Pethiévre y su esposa manifestaron su deseo de fundar un monasterio en sus dominios, San Bernardo les envió a Juan, quien estableció una casa religiosa en Bégard, en la diócesis de Tréguier. Posteriormente fundó otra en Buzay y ahí llegó a ser abad; pero al poco tiempo fue elegido obispo de Alethy, y con pena por los religiosos, tuvo que abandonar el monasterio. Como viera que la isla de Aaron había prosperado y se estaba formando una población muy importante, Juan trasladó la sede de su diócesis a ese lugar, nombrándole desde entonces Saint-Malo.

   San Juan tuvo muchas dificultades en la organización de su catedral. Anteriormente, aquella iglesia había estado gobernada por monkes de Marmoutier en Tours, pero el obispo instaló en su lugar a canónigos regulares de San Agustín, por lo que los primeros, resentidos, enredaron a San Juan en fastidiosos litigios. Cuando los obispos franceses dieron su fallo contra él, por consejo de San bernardo, el obispo fue personalmente a Roma y expuso el asunto al Papa, que decidió a su favor. Sus adversarios, no obstante, encontraron un pretexto para reanudar el litigio y Huan tuvo que volver a Roma. Para que el asunto quedara finalmente arreglado y sus contrarios le dejaran en paz, pasaron dieciocho años. Todavía existe una de las cartas de su correspondencia con San Bernardo sobre este asunto. Los biógrafos de San Juan se hacen lenguas sobre su paciencia en estos prolongados litigios y el notable espíritu de caridad e indulgencia que caracterizó su trato con el prójimo.

   San Juan fue comisionado para reformar el monasterio de Saint-Méen, de Gaël, y además de las otras casas religiosas que fundó, estableció las abadías de la Sainte Croix de Guingamp y la de Saint-Jacques de Montfort. Llevó una vida de mucha austeridad y murió más o menos en el 1170.

   Véase A. Le Grand, Vie des saints de la Bretagne Armorique; Lobineau, Saints de Bretagne, Vol II, pp. 393-410; Acta Sanctorum, (febrero), vol. I.

SAN CECILIO, Obispo y Mártir


1 de febrero


SAN CECILIO, 
Obispo y Mártir
(Siglo I P. C.)




   De la raíz latina caecus , en su forma diminutiva caéculus, proceden los nombres romanos Cecilio y Cecilia, que pasaron luego al cristianismo. Mientras fue un nombre exclusivamente romano, se usó más en masculino que en femenino; pero al pasar a nombre cristiano, fue tal el prestigio de la mártir Santa Cecilia, que se convirtió éste en nombre muy valorado, quedando en un segundo plano el masculino.

   San Cecilio fue el primer obispo de Granada cuando, bajo la dominación romana, se llamaba todavía Illíberis. Fue uno de los que la tradición llama "varones apostólicos" enviados a España por San Pedro y San Pablo a predicar el evangelio. Los otros seis son: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio y Hesiquio. La vida de todos ellos está oculta tras los velos de la leyenda transmitida oralmente. Se sabe a ciencia cierta que San Cecilio fue obispo de Illíberis, que escribió algunos tratados para instrucción de los fieles y que sufrió martirio bajo la dominación de Nerón, supuestamente quemado en el monte Illipulitano. Pero la larga dominación árabe destruyó todos los rastros de cristianismo. Granada estuvo bajo los sarracenos casi ochocientos años; no los suficientes para perderse la memoria y la tradición, pero sí para no quedar ni rastro de documentos ni reliquias. San Cecilio es patrón de Granada.

BEATO ANTONIO, El Peregrino


1 de febrero


BEATO ANTONIO, 
El Peregrino
(1267 P. C.)




   Antonio Manzi, o Manzoni, nació en Padua, de una familia distinguida. Su padre murió cuando él todavía era muy joven y le dejó considerables riquezas. El heredero las distribuyó inmediatamente entre los pobres. Y su actitud fue severamente censurada por sus parientes y amigos, quienes le acusaron de haber dilapidado un dinero que pertenecía, por derecho, a sus dos hermanas. Por esta causa, Antonio tuvo que sufrir ser insultado y denigrado a voz en cuello, por las calles. Pero él. decidido a abrazar la pobreza, vistió el traje de peregrino y dejó Padua, caminando sin rumbo hasta llegar a Bazano, cerca de Bolonia, donde encontró a un anciano sacerdote enfermo a quien atendió durante tres años, por amor a Dios. Los dos vivían de las limosnas que Antonio solicitaba, de las que sólo tomaban lo indispensable para su sustento y daban todo el resto a otros pobres.
   Antonio ayunó durante toda su vida; se sometía a severas disciplinas: usaba cilicio y dormía siempre en el suelo, con una piedra por almohada. Después de su permanencia en Bazano, anduvo errante. Hizo peregrinaciones a Roma, a Loreto, a Compostela, a Colonia y a Jerusalén. Finalmente regresó a su ciudad natal, donde fue mal recibido hasta por sus hermanas, que eran monjas. Despreciado por todos, Antonio se construyó una vivienda en la columnata de una iglesia, fuera de las murallas de Padua, y, poco tiempo después, murió en su pobre casa. Cuando en su tumba comenzaron a obrarse milagros, los paduanos pidieron su canonización; pero el Papa respondió que bastaba a la ciudad de Padua con tener "un San Antonio". Sin embargo, parece que el culto a Antonio el Peregrino persistió y su fiesta se celebra en Padua.

     El relato más digno de confianza del Beato Antonio y sus milagros es el publicado en la Analecta Bollandiana, vol. XIII (1894), pp. 417425. G/., también ib., vol. XIV, pp. 108 ss., y el Acta Sanctorum, febrero, vol., l.

BEATO ENRIQUE MORSE, Mártir


1 de febrero


BEATO ENRIQUE MORSE, 
Mártir
(1645 P. C.)




   Enrique Morse nació en 1595, en la región de Anglia Oriental, y fue educado en la fe protestante de sus padres, que pertenecían a la estricta nobleza rural. Cuando estudiaba derecho en Londres, decidió convertirse al catolicismo y, a la edad de veintitrés años, huyó de Inglaterra para refugiarse en Francia, donde recibió el bautismo en la Iglesia de Douay. Ahí mismo inició sus estudios, decidido a abrazar el sacerdocio, y los concluyó en el Venerabile de Roma, donde recibió la ordenación.

   En 1624, regresó a Inglaterra y, poco después de haber desembarcado en Newcastle, fue arrestado y encarcelado en el castillo de York, antes de salir de Roma, había obtenido el consentimiento del Padre General de la Compañía de Jesús para gestionar su admisión en la orden de los jesuitas en Inglaterra, y, como por un designio de la Providencia, en la prisión de York se encontró como compañero de celda al sacerdote jesuita, John Robinson, de manera que, durante los tres años que estuvo encarcelado, Enrique Morse hizo su noviciado. Gracias a la solicitud del P. Robinson, ahí mismo, en la celda, pronunció los votos simples. Poco después, Enrique fue puesto en libertad y desterrado a Flades, donde actuó como capellán y misionero, entre los soldados ingleses que servían allá al rey de España.

   A fines de 1633, el P. Morse regresó clandestinamente a Inglaterra y, con el nombre falso de Cuthbert Claxton, ejerció su ministerio en Londres. Muy pronto tuvo ocasión de desplegar una benéfica actividad, durante la epidemia: de peste que azotó a la ciudad entre 1636 y 1637. El P. Morse tenía una lista, de cuatrocientas familias católicas y protestantes, afectadas por el mal, a quienes  visitaba regularmente, llevándoles ayuda material y espiritual. Su abnegada caridad produjo una impresión tan profunda que, en menos de un año, cien de aquellas familias anglicanas se reconciliaron con la Iglesia Católica.

     Ponía tanto entusiasmo nuestro beato en el desempeño de su misericordiosa
tarea, que por tres veces contrajo la peste y otras tantas se recuperó para volver a la brega, hasta que sus superiores le amonestaron, indicándole que debería moderar su celo. Fue por entonces, precisamente, cuando las autoridades descubrieron la identidad del P. Morse y lo aprehendieron de nuevo, acusándolo de ser sacerdote y de haber "pervertido a unos quinientos súbditos protestantes de Su Majestad, dentro y fuera de la parroquia de San Gil de los Campos, en Londres". El acusado se declaró culpable del primer cargo, pero no así del segundo y, por fortuna, antes de que se pronunciara la sentencia, intervino en su favor la reina Enriqueta María, y el P. Morse fue puesto en libertad bajo fianza de 10,000 florines. Poco después, al emitirse la proclama real que imponía un plazo con límite hasta el 7 de abril de 1641, para que todos los sacerdotes católicos abandonaran el país, Enrique Morse se sintió obligado a partir para no comprometer a sus fiadores y así, de nueva cuenta, emprendió su labor misionera entre las tropas inglesas en Flandes.
    Dos años más tarde, en 1643, partió de Gante hacia Inglaterra y, durante (dieciocho meses consiguió burlar la vigilancia y desempeñar su ministerio en el norte del país, hasta que fue aprehendido por sospechas, mientras visitaba a un enfermo en los límites de Cumberland. De ahí fue conducido a Durham, pero en el camino, cuando pernoctaban en la casa de uno de sus captores, la esposa de éste, que era católica, ayudó a escapar al P. Morse. Poco le duró la libertad, porque seis semanas después volvieron a arrestarle, y luego de permanecer algún tiempo en la carcel de Durham, fue trasladado, con escolta, a la de Newcastle, en Londres. Allí debió comparecer ante el Tribunal Mayor para ser juzgado como criminal reincidente, fue condenado a muerte sin apelación en vista de que había vuelto a cometer el delito por el que se le había juzgado nueve años antes.

   El día señalado para la ejecución, el P. Morse celebró en la celda la misa votiva de la Santísima Trinidad, antes de que le condujeran en la fatídica carreta al cadalso de la plaza de Tyburn. Ahí, mezclados a la acostumbrada muchedumbre de curiosos, se hallaban los embajadores de países católicos, como Francia, España y Portugal, con sus séquitos correspondientes, para rendir homenaje al mártir. Este, colocado ya bajo la horca y con la cuerda al cuello, habló a los presentes con voz serena, afirmando que moría por su religión y tan sólo por haber trabajado siempre por el bienestar de sus conciudadanos, negando rotundamente que hubiera organizado o participado en conspiración alguna contra el rey, como aseguraban sus acusadores. Después oró en voz alta por la salvación de su alma, por la de sus perseguidores y por el Reino de Inglaterra; en seguida, hizo la indicación de que estaba listo. Rápidamente fue retirada la carreta y el P. Enrique Morse, S. J., quedó pendiente de la cuerda. Murió ahorcado el 1º de febrero de 1645.
   Entre las diversas reliquias de mártires ingleses que reunió el embajador de España, conde de Egmont, para sacarlas al extranjero, donde habrían de ser debidamente veneradas, figuraban especialmente las del Beato Enrique Morse.

   El mismo año en que el P. Morse fue ejecutado, se publicó en Amberes un volumen titulado Certamen Triplex, con un relato de su vida y de su muerte, junto a las biografías del Beato Thomas Holland y el Beato Ralph Corby. El autor del Íibro era el P. Ambrosio Corby, hermano del beato citado en último término. El escrito fue reimpreso en Munich al año siguiente y, una traducción al inglés, titulada The Threefold Conflict, apareció en Londres en 1858. De este relato se vale Challoner en MMP. Véase también REPSJ., vol. l. La lista de las reliquias obtenidas por Egmont, figura en la obra de Camm titulada Forgotten Shrines (1910).