jueves, 3 de noviembre de 2011

SANTA WINIFREDA


3 de noviembre



SANTA WINIFREDA
Virgen y Mártir
(650 P.C.)



   Winfrida es la más famosa de las santas de Gales, tanto en su patria como fuera de ella. Sin embargo, las tradiciones escritas que se conservan, datan de cinco siglos después de su muerte. Alban  Butler las resume así:

   El padre de Winifreda era un hombre muy rico de Tegeingl, en el Flint shire. Su madre era hermana de San Beuno, con quien la santa vivió algún tiempo. Solía escuchar con gran atención las enseñanzas de su tío, y le impresionaban profundamente las verdades que Dios le revelaba por boca de éste. Según se dice, el joven Caradogo, señor de Hawarden, se enamoró locamente de Winifreda. Como no consiguiese convencerla de que se casase con él, se dejó llevar por la cólera y, cierto día la persiguió hasta la iglesia que había construido San Beuno y ahí le cortó la cabeza. Roberto de Shrewsbury refiere, en su "Vida de los Santos" que la tierra se tragó a Caradogo. También cuenta que en el sitio en que fue asesinada Winifreda, brotó la fuente que mana todavía, en cuyo fondo hay piedrecillas veteadas de rojo y en cuyas orillas crece musgo de suave perfume. Según dicho autor, San Beuno resucitó a la joven con sus oraciones, después de colocarle la cabeza sobre el cuello cortado; el sitio de la herida sólo quedó una leve cicatriz. El degüello de Santa Winifreda tuvo lugar el 22 de junio y, por ello, se conmemora todavía su martirio en esa fecha. Poco después, San Beuno partió a fundar la Iglesia de Clynnog Fagr en Arfon. A la muerte de su tío, Winifreda abandonó también la casa paterna e ingresó en el convento de Gwytherin, en Denbigshire. Un santo abad, llamado Eneri, gobernaba el convento, que era para hombres y mujeres. Cuando murió la abadesa, Tenoi, Santa Wilfreda la sucedió en el cargo. Ahí murió quince años después de su milagrosa resurrección y fue sepultada ahí mismo por San Eleri. Sus reliquias estuvieron en Gwytherin hasta 1138, año en que fueron trasladadas con gran pompa a la abadía benedictina de Shreswsbury, Roberto, el prior de dicha abadía, escribió la vida de la santa poco después de la traslación. En 1398, se instituyó la fiesta de Santa Winifreda en toda la provincia de Canterbury.

   Aunque los que afirman que Santa Winifreda no existió nunca van demasiado lejos, hay que confesar que los datos que poseemos son demasiado posteriores para que podamos basarnos en ellos con seguridad, según lo hace notar el P. De Smedt en su estudio. Pero los hechos posteriores relacionados con la santa son más fáciles de controlar. La fuente milagrosa que mencionamos antes (la fuente constituye un lugar común en las leyendas célticas y en otras), dio su nombre a Hoiywell (que en galés se llama Tre Fynnon). Los autores de las biografías medievales hablan de ciertos milagros relacionados con las reliquias y santuarios dedicados a la santa, y Alban Butler da ciertos detalles acerca de cinco curaciones obradas en Holywell en el siglo XVII. Los detalles están tomados de la obra que el P. Felipe Metcalf, S. J., publicó en 1712, basándose en la biografía escrita por Roberto. Por ella sabemos que dos de las 5 personas curadas eran protestantes. A lo que parece, ha habido peregrinaciones a la fuente de Santa Winifreda y se han obrado ahí curaciones durante mil años, casi sin interrupción, como lo prueban los abundantes documentos públicos y privados que hablan de los hechos. Por ejemplo, el día de la fiesta de la santa,  en 1629, a pesar de que se perseguía entonces a los católicos, acudieron unos 14,000 peregrinos, entre los que se contaban 150 sacerdotes. El Dr. Johnson afirma haber visto a unos peregrinos que se bañaban en la fuente, el 3 de agosto de 1774. La fe nunca se extinguió en Holywell, que en la época de la persecución se convirtió en un refugio de jesuitas. Estos entregaron la parroquia al clero diocesano en 1930. Las autoridades eclesiásticas tienen una concesión civil sobre la fuente. Los edificios que la rodean, fueron construidos por Margarita, condesa de Richmond y Derby, madre de Enrique VII y otros  miembros de la nobleza. Una vez que los jesuitas se convirtieron custodios de ese viejo santuario, los peregrinos empezaron a acudir en número todavía mayor (especialmente los de Lancaster). Se obran ahí curaciones aparentemente milagrosas hasta en la época actual. Alban Butler hace notar, con razón, que "aunque tal vez los autores de las biografías de Santa Winifreda se hayan dejado engañar acerca de ciertos detalles, ello no disminuye para nada, ni la santidad de la mártir, ni la devoción de su santuario." Después de citar las palabras de un tal Dr. Linden que recomendaba las aguas de la fuente de Santa Winifreda por sus propiedades curativas naturales, diciendo que eran "causa de innumerables curaciones auténticas", Butler añade: "Sin embargo, al emplear las medicinas naturales, deberíamos siempre orar al Médico Celestial. Por otra parte, está fuera de duda que Dios se complace con frecuencia en desplegar su poder milagroso en ciertos sitios de peregrinación".

   Las diócesis de Menevia y de Shrewsbury celebran la fiesta de Santa Winifreda. El Martirologio Romano la menciona, privilegio que sólo comparten con ella los santos galeses Asaf, Sansón, Maglorio y algunos otros, pero no San David. Debido a la excavación de minas en los alrededores de Holywell, la fuente, a la que el poeta Miguel Dryton y otros habían celebrado durante siglos como una de las más grandes maravillas naturales de la Gran Bretaña, se secó en 1917. Posteriormente, se llevaron a cabo unos trabajos para hacer brotar ahí una parte de las reservas subterráneas originales. En vista de la posibilidad de que las minas acabaran por secar totalmente la fuente, Lady Moystin de
Talacre y otras personalidades, obtuvieron en 1904 que el Parlamento impusiese ciertas restricciones a los proyectos de los ingenieros; pero tal medida resultó insuficiente.

   En Acta Sanctorum, nov., vol. I, el P. De Smedt consagra sesenta y siete páginas in-folio a Santa Winifreda, su fuente y sus milagros. En el mismo artículo publica una edición crítica de las biografías del pseudo-Eleri y de Roberto de Shrewsbury, tomada de los manuscritos que se conservan. El texto de la vita prima (tomado del MS. Cotton Claudius A. v) puede verse también, junto con una traducción, en A. W, Wade.Evans, Vitae sanctorum Britanniae (1944). El P. Thurston reimprimió en 1917, con inlroducción y notas, la Vida de Santa Winifreda, escrita en 1712 por el P. Felipe Melcalf. Cazton había publicado ya, hacia 1485, otra biografía y el P. Falconer la tradujo del latín al inglés, en 1635. La obrita del P. Metcalf se hizo famosa porque, un año después de su publicación, la atacó violentamente W. Fleetwood, obispo de Sto Asaph. Acerca de otros puntos interesantes relacionados con Santa Winifreda y la fuente, véase The Month (mov. 1893, pp, 421-437). En Analecta Bollandiana, vol. VI (1887), pp. 305-352, se publicó una interesante colección de milagros obrados en Holywell en el siglo XVII.

SAN PIRMINO


3 de noviembre



SAN PIRMINO
Obispo
(753 P.C.)


   La primera evangelización del antiguo gran ducado de Baden fue principalmente obra de varios monasterios, entre cuyos fundadores se distinguió San Pirmino. Probablemente era originario del sur de la Galia o de España y salió de ahí huyendo de los moros. Pirmino restauró la abadía de Dissentis, en Grisons, que había sido destruida por los ávaros. Pero, sobre todo, es famoso porque fue el primer abad de Reichenau. En efecto, el santo fundó dicho monasterio el año 724, en una isla del lago de Constanza. Según se dice, fue la primera abadía benedictina en tierra alemana. En una época, la influencia de Reichenau rivalizó con la de Saint Gall. Por razones políticas, el fundador fue desterrado de ahí y pasó a Alsacia, donde fundó el monasterio de Murbach, entre Tréveris y Metz También fundó la abadía benedictina de Amorbac, en el sur de la Franconia. Se atribuye a San Pirmino un manual de instrucción popular, muy conocido en la época carolingia, llamado Dicta Pirmini o Scarapsus. Aunque estuvo en varias regiones, San Pirmino no fue nunca obispo de Meaux, contra lo que dice el Martirologio Romano. Murió el año 753.

   Existe una biografía latina de Pirmino, escrita en el siglo IX. Ha sido editada, tomando por base diversos manuscritos antiguos, en MGH. Scriptores, vol. xv, y en Acta Sanctorum, nov., vol. II. Dicha biografía, muy corta y escueta, compuesta por un monje anónimo de Hombach, fue la fuente principal de una biografía posterior más vaga y es crita en verso. En Acta Sanctorum hay una introducción muy completa para ambas bio grafías. Véase también E. Egli, Kirchengeschichte Schweiz (1893), pp. 72-82; J. Clauss Die Heiligen des Elsass (1935), pp. 246-247; G. Jecker, en Die Kultur der Abtei Reichenau, vol. I (1925), pp. 19-36, y Die H eimant des hl. Pirmin (1927) del mismo autor.

SAN AMICO


3 de noviembre



SAN AMICO
Monje
(1045 P.C)


   San Amico pertenecía a una distinguida familia de Camerino, donde fue sacer dote secular. Después, se retiró a una ermita y, más tarde, tomó el hábito monacal, Según se dice, su ejemplo movió a su padre y su madre, a sus hermanos y sobrinos a abrazar la vida religiosa. Pero, como la disciplina de su monasterio no fuese suficientemente austera para él, retornó a la soledad. En efecto, pasó tres años en los Abruzos, completamente solo, hasta que empezaron a reunírsele algunos discípulos. En cierta ocasión, el santo hizo cesar milagrosamente el hambre. Pasó sus últimos años en el monasterio de Fonteavellana, recientemente fun dado por Santo Domingo de Sora, y ahí murió a los 120 años de edad. No se identifica con el monje Amico del que San Pedro Damián habla en una de sus cartas.

   En Acta Sanctorum, nov., vol. II, hay dos biografías medievales; una de ellas fue probablemente escrita por un contemporáneo del santo, pero trata sobre sus milagros principalmente.

SAN MALAQUIAS, Arzobispo de Armagh


3 de noviembre



SAN MALAQUIAS,
Arzobispo de Armagh
(1148 P.C)


   En el siglo IX empezó Irlanda a experimentar los efectos de las invasiones que habían asolado a otros países. En efecto, los bárbaros conocidos con el nombre genérico de orientales, hicieron incursiones en las regiones costeras, y los daneses establecieron colonias permanentes en Dublín y otras ciudades. Por dondequiera que iban cometían asesinatos, demolían monasterios y quemaban bibliotecas. To do ello debilitó mucho al poder civil; los reyezuelos locales, que luchaban contra el enemigo de fuera y se destruían entre sí, perdieron mucha autoridad. El trato prolongado e inevitable entre los nativos y los opresores de la religión y de la ley trajo consigo una relajación gradual de la fe y las costumbres. Así pues, aunque Irlanda no llegó nunca a caer en el grado de iniquidad que suponían ciertos ingleses y algunos hombres de iglesia extranjeros (incluso San Bernardo), se hallaba sin embargo en un estado lamentable cuando estalló la guerra civil, tras la derrota definitiva de los daneses, en Clonfart (1014).

   Precisamente en esa época de confusión, del año 1095, nació Malaquías O'More. El niño se educó en Armagh, donde su padre era maestro de escuela. Malaquías era un niño juicioso y piadoso. Después de la muerte de sus padres, se fue a vivir con un ermitaño llamado Eimar. San Celso, arzobispo de Armagh, juzgándole digno del sacerdocio, le ordenó a los veinticinco años. El arzobispo le encargó que predicase la palabra de Dios al pueblo y extirpase las malas costumbres que abundaban en su diócesis. San Bernardo, en su biografía de San Malaquías, dice que éste "quemó las ramas y la hojarasca inútil y aplicó el hcha a los árboles de raíz podrida". En una palabra, el santo se entregó a su tarea con gran celo. Sin embargo, temía no conocer suficientemente los cánones eclesiásticos para reformar a fondo la disciplina y el culto, por lo que acudió a San Malco, obispo de Lismore, quien se había educado en Winchester, en Inglaterra, y era famoso por su ciencia y su virtud. San Malco le acogió muy bien, le instruyó en todo lo referente al servicio divino y al bien de las almas y al mismo tiempo, le empleó en los ministerios de su iglesia.

   Un tío de San Malaquías, que a pesar de ser lego era abad de San Comgall, se había apoderado de las rentas de la gran abadía de Bangor, la cual se hallaba en un estado lamentable. En 1123, el abad renunció a su dominio sobre Bangor, en favor de su sobrino, para que éste restableciese la observancia regular en la abadía. San Malaquías cedió a otra persona las tierras de la abadía, a pesar de las protestas. San Bernardo le alaba por eso, pero hace notar que "llevó demasiado lejos su desinterés y su espíritu de pobreza, como lo demostraron después los hechos." Con diez miembros de la comunidad de Eimar, San Malaquías construyó la abadía, empleando madera, como se acostumbraba en Irlanda. La gobernó durante un año. "Era una regla viviente, un espejo brillante, un libro en el que todos podían aprender los preceptos de la verdadera vida religiosa." La fama del santo aumentó con los milagros que obró. San Bernardo refiere algunos. A los treinta años de edad, San Malaquías fue elegido obispo de Connor. Los cristianos de su diócesis apenas lo eran más que de nombre, pues los daneses habían dominado ahí largo tiempo. El santo hizo cuanto pudo por convertir en corderos a aquellos lobos. El y sus monjes predicaron con energía apostólica, uniendo la severidad a la dulzura. Cuando las gentes no acudían a la iglesia a oírle predicar, San Malaquías iba a buscarles en sus casas. Así consiguió sembrar la bondad y piedad en algunos de los más duros, restableció el uso frecuente de los sacramentos, pobló la diócesis de pastores celosos y volvió a instituir la celebración regular de las horas canónicas, pues desde las invasiones de los daneses habían caído en desuso aun en las ciudades. En esa tarea le sirvieron los conocimientos de música sacra que había adquirido en su juventud. Pero en 1127, un reyezuelo del norte devastó Andrim y Down y expulsó a la comunidad de Bangor, donde vivía San Malaquías. El santo se retiró entonces con algunos de sus monjes a Lismore y después a Iveragh, en Kerry, donde organizó nuevamente la vida monástica.

   En 1129, murió San Celso de Armagh. La sede metropolitana había estado en manos de su familia durante varias generaciones. Para romper esa nociva costumbre San Celso ordenó en su lecho de muerte que su sucesor fuese Malaquías, a quien envió su b´culo pastoral. Sin embargo, los parientes de San Celso instalaron en la sede a su primo Murtagh y, durante tres años, San Malaquías no intentó apoderarse de la diócesis. Finalmente, se dejó convencer por el legado pontificio Gilberto de Limerick, por San Malco y algunos otros y, protestando que renunciaría al gobierno de la sede en cuanto hubiese restituido el orden, se trasladó de I veragh a Armagh. Hizo cuanto pudo por tomar en sus manos el gobierno de su diócesis; sin embargo, para evitar los desórdenes y el derramamiento de sangre, no intentó entrar en la cabecera de la diócesis ni apoderarse de la catedral. Murtagh murió en 1134, no sin haber nombrado por sucesor a Niall, hermano de San Celso. Ambos bandos estaban armados, y San Malaquías determinó hacerse entronizar en su catedral. Los partidarios de Niall se presentaron de improviso en una reunión de los partidarios de San Malaquías, pero fueron dispersados por una tempestad tan violenta, que doce hombres murieron calcinados por el rayo. San Malaquías consiguió tomar posesión de su diócesis. Sin embargo, la paz no reinaba en ella, pues Niall se había llevado de Armagh dos reliquias muy veneradas, y el pueblo consideraba como legítilmo arzobispo a quien las tenía en su poder. Consistían en un libro (probablemente el "Libro de Armagh") y una cruz pastoral llamada "el báculo de Jesús":  el pueblo creía que ambas habían pertenecido a San Patricio. Esto explica por qué muchos eran partidarios de Niall y perseguían violentamente a Malaquías. Uno de ellos invitó al santo a una conferencia para asesinarle. San Malaquías, rontra el parecer de sus amigos, acudió a la reunión, dispuesto a sufrir el martirio por la paz; pero su valor y tranquila dignidad desarmaron a sus enemigos, y se firmó la paz. Sin embargo, San Malaquías tuvo que conservar su guardia de corps hasta que recuperó el báculo y el libro y fue reconocido como arzobispo por todo el pueblo. Habiendo roto así la tradición de la sucesión hereditaria y restablecido la disciplina y la paz en la sede, insistió en renunciar a la digni dad archiepiscopal y consagró por sucesor suyo a Gelasio, abad de Derry. En 1137 regresó a su antigua sede.

   San Malaquías dividió su diócesis, consagró a un nuevo obispo para Connor y se reservó para sí la región de Down. Ya sea en Downpatrick, o más probable mente en las ruinas del monasterio de Bangor, estableció una comunidad de canónigos regulares, con quienes vivía siempre que se lo permitían sus actividades pastorales. Dos años después, emprendió un viaje a Roma para informar a la Santa Sede de todo lo que había hecho. Entre otras cosas quería conseguir el palio para los arzobispos de Armagh y de otra sede metropolitana que San Celso había establecido en Cashel. San Malaquías desembarcó en Inglaterra y se trasladó a York, donde conoció a Waltheof de Kirkham, quien le regaló un caballo. Después pasó a Francia, atravesó la Borgoña y llegó a la abadía de Claraval Ahí conoció a San Bernardo, quien se convirtió en fiel amigo, fue admirador suyo y, más tarde, escribió su biografía. Malaquías quedó tan edificado por el espíritu de los cistercienses, que concibió el deseo de compartir su vida de penitencia y contemplación y acabar ahí sus días. En Ivrea del Piamonte restituyó la salud al hijo de su huésped, que estaba al borde de la muerte. El Papa Inocencio II se negó a aceptar la renuncia del santo, aprobó cuanto había hecho en Irlanda, le nombró legado suyo en ese país y prometió que concedería los palios, si se le pedían oficialmente. En el viaje de regreso, San Malaquías volvió a pasar por Claraval, donde, como dice San Bernardo, "nos bendijo por segunda vez". Como no podía quedarse con aquellos siervos de Dios, San Malaquías dejó ahí a cuatro de sus compañeros, quienes, en 1142, volvieron a Irlanda con el hábito del Cister e instituyeron la abadía de Mellifont, de la que se originaron muchas otras. San Malaquías volvió a su patria por Escocia, donde el rey David le rogó que curase a su hijo, quien estaba muy enfermo. El santo dijo al prícipe: "Ten buen ánimo. No morirás de esta enfermedad." En seguida le roció con agua bendita. Al día siguiente, Enrique estaba completamente curado.

   En 1148, los obispos y el clero reunidos en un sínodo en Inishpatrick, cerca de Skerries, resolvieron pedir oficialmente a Roma el palio para los dos metropolitanos. San Malaquías fue comisionado para entrevistarse con el Papa Eugenio III, quien se hallaba entonces en Francia. Pero la suspicacia política del rey Esteban retrasó al santo en Inglaterra y, cuando él llegó a Francia, el Papa ya había partido para Roma. Así pues, San Malaquías pudoir a Claraval, donde San Bernardo y sus monjes le acogieron gozosamente. Después de la celebración de la misa de la fiesta de San Lucas, San Malaquías se sintió enfermo y hubo de guardar cama. Los monjes le atendieron solícitamente, pero el santo les dijo que todo era inútil, pues iba a morir de aquélla enfermedad. Además, insistió en bajar a la iglesia a recibir los ñultimos sacrametos, y rogó a los monjes que siguiesen orando por él después de su muerte. También les encomendó que pidiesen por las almas de todos sus feligreses y él prometió, por su parte, no olvidarlos ante Dios. San Malaquías murió el día de difuntos de 1148, en brazos de San Bernardo, y fue sepultado en Claraval. En su segundo sermón sobre San Malaquías, San Bernardo decía a sus monjes: "Quiera él proteger con sus méritos a aquellos a quienes instruyó con su ejemplo y confirmó con sus milagros." Además, San Benardo tuvo la audacia de cantar, en la misa de cuerpo presente, la postcomunión de la misa de un obispo confesor. El Papa Clemente III confirmó, en 1190, aquella "canonización de un santo por otro santo". San Malaquías fue el primer irlandés canonizado por un Papa. Los cistercienses, los canónigos regulares y todas las diócesis de Irlanda celebran su fiesta. San Malaquías hizo por la unificación de la Iglesia en Irlanda lo que Sab Teodoro había hecho 500 años antes, por la de Inglaterra.

   Nuestro artículo sobre San Malaquías quedaría incompleto, si no hiciésemos mención de las "profecías" sobre los Papas, que se le atribuyen. Consisten en la atribución de ciertos rasgos y características a los Papas, desde Celestino II (1143-1144) hasta el fin del mundo, cuando reine "Pedro el Romano". Las provesías están formuladas como lemas o títulos simbólicos. El que las reveló al mundo fue Dom Arnoldo de Wyon, O.S.B., en 1595. El benedictino las atribuyó a San Malaquías, pero sin explicar por cuáles razones y sin decir siquiera dónde las había encontrado. Un jesuita del siglo XVII sostuvo que habían sido inventadas por un partidario del cardenal Simoncelli, durante el cónclave de 1590, pero, en 1871, el P. Cucherat escribió un libro en el que afirmaba que las profecías habían sido reveladas en Roma a San Malaquías, el cual las comunicó por escrito a Inocencio II. Las profecías habían quedado olvidadas en los archivos pontificios durante 450 años, hasta que las descubrió Dom de Wyon. Está fuera de duda que las profecías son espurias y no tienen nada que ver con San Malaquías. Un examen superficial revela que los lemas que caracterizan a los Papas hasta Gregorio XIV (1590), son muy precisos (con frecuentes alusiones a los apellidos italianos) y se cumplieron a la letra. Por el contrario, los lemas de los siguientes Pontífices son vagos, generales y no siempre se aplican a los hechos, por más esfuerzos que se hagan por ensanchar su sentido. El lema de Pío XII era "Pastor Angelicus" (Pastor angélico), algo bastante común; en cambio el de San Pío V era "Ángel del bosque" y el de Benedicto XIV "Animal rústico".

SANTA SILVIA


3 de noviembre



SANTA SILVIA
Matrona
(592)


   Santa Silvia   (También escrito "Sylvia"), fue la madre del Papa San Gregorio Magno, nacida alrededor del 515 (525?); muerta alrededor del 592.

   No existe desafortunadamente una vida de Silvia y todo lo que existe concerniente a ella son unas pocas y escasas noticias. Su lugar de nacimiento se localiza a veces en Sicilia a veces en Roma. Aparentemente era de una familia distinguida como la de su marido, el regionarius romano Gordiano. Además de Gregorio, ella tuvo un segundo hijo. Silvia fue notoria por su gran piedad, y dio a sus hijos una excelente educación. Después de la muerte de su esposo se dedicó enteramente a la religión en la "nueva celda, al lado de la puerta del beato Pablo" (cella nova juxta portam beati Pauli). El Papa San Gregorio Magno tenía un retrato en mosaico de sus padres, ejecutado en el monasterio de San Andrés, que es descrito minuciosamente por Juan Diacono (Johannes Diaconus) (P.L., LXXV, 229-30). Silvia fue retratada sentada con la cara a la vista, y en la cual las arrugas de la edad no pudieron extinguir su belleza; los ojos eran grandes y azules, y la expresión graciosa y animada. La veneración de Santa Silvia es de edad temprana. En el siglo nueve se erigió un oratorio sobre su antigua vivienda, cercana a la Basílica de San Saba. El Papa Clemente VIII (1592-1605) inscribió su nombre el 3 de Noviembre en el Martirologio Romano. Es invocada por las embarazadas para un parto seguro.

BEATO MARTÍN DE PORRES


3 de noviembre


    BEATO MARTÍN DE PORRES,
(1639 P. C.)



   El Beato Martín de Porres nace en Lima el 9 de diciembre de 1579, hijo de Juan de Porres, caballero español de la Orden de Calatrava y de Ana Velázquez, negra libre panameña. Martín fue bautizado en la iglesia de San Sebastián, en la misma pila bautismal en que siete años más tarde lo sería Santa Rosa de Lima. Juan de Porres marcha a Guayaquil, Ecuador, comisionado por el Virrey Don García Hurtado de Mendoza. Allí reclama a sus dos hijos que salen para Ecuador. Años más tarde, Don Juan Porres es nombrado Gobernador de Panamá por lo que los niños, Martín y Juana, regresan con su madre a Lima; es el año 1590, Martín tiene once años. A los Doce Martín está de aprendiz de peluquero, y asistente dentista. La fama de su santidad corre de boca en boca por la ciudad de Lima.

   Son misteriosos los caminos del Señor: no fue sino un santo quien lo confirmó en la fe de sus padres. Fue Santo Toribio de Mogrovejo, primer Arzobispo de Lima, quien hizo descender el Espíritu sobre su moreno corazón, corazón que el Señor fue haciendo manso y humilde como el de su Madre.

   Conoce a Fray Juan de Lorenzana, famoso dominico como teólogo y hombre de virtudes. Le invita a entrar en el Convento de Nuestra Señora del Rosario.

   La legislación de entonces impedía ser religioso por el color y por la raza, por lo que Martín de Porres ingresa como Donado, pero él se entrega a Dios y su vida está presidida por el servicio, la humildad, la obediencia y un amor sin medida.

   San Martín tiene un sueño que Dios le desbarata: “Pasar desapercibido y ser el último”. Su anhelo es seguir a Jesús de Nazaret. Se le confía la limpieza de la casa; su escoba será, con la cruz, la gran compañera de su vida.

   Sirve y atiende a todos, pero no es de todos comprendido. Un día cortaba el pelo y hacía el cerquillo a un estudiante: éste molesto ante la mejor sonrisa de Fray Martín, no duda en insultarle: ¡Perro mulato! ¡Hipócrita! La respuesta fue una generosa sonrisa.

   San Martín lleva dos años en el convento, hace ya seis que no ve a su padre, éste le visita y… después de dialogar con el P. Provincial, éste y el Consejo Conventual deciden que Fray Martín sea hermano cooperador.

   El 2 de junio de 1603 se consagra a Dios por su profesión religiosa. El P. Fernando Aragonés testificará: “Se ejercitaba en la caridad día y noche, curando enfermos, dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor”. La portería del convento es un reguero de soldados humildes, indios, mulatos, y negros; él solía repetir: “No hay gusto mayor que dar a los pobres”.

   San Martín de Porres es un amor desbordante y universal. Su hermana Juana disfruta de buena posición social, por lo que, en una finca de ésta, da cobijo a enfermos y pobres. Y en su patio acoge a perros, gatos y ratones.

   Los religiosos de la Ciudad Virreinal van de sorpresa en sorpresa. El Superior le prohibe realizar nada extraordinario sin su consentimiento. Un día, cuando regresaba al Convento, un albañil le grita al caer del andamio; el Santo le hace señas y corre a pedir permiso al superior, éste y el interesado quedan cautivados pos su docilidad. Su vida termina en olor de multitudes el 3 de noviembre de 1639.

   San Martín ve confirmado en su persona el Evangelio: “El que se humilla será ensalzado”. Este hombre que sintonizaba con la oscuridad de su piel y que disfrutaba en Dios al verse humillado y postergado, pasados los siglos será un Santo que centre en su persona los dos continentes: Europa y América, San Martín es querido por todos, invocado por ricos y pobres, enfermos y menesterosos, por hombres de ciencia y por ignorantes. Su imagen o su estampa va en los viajes, está en las casas y en los hospitales, en los libros de rezo y en los de estudio. A nadie extraña que sea Patrono de los Hermanos Cooperadores Dominicos, del Gremio de los Peluqueros, de la Limpieza Pública, Farmacéuticos y Enfermeros. Una Congregación sudafricana le tiene por abogado: Son las Hermanas Dominicas de San Martín de Porres y muchos más. Todos ellos se gozan de que “Fray Escoba” sea su patrono y su ejemplo.

BEATO SIMÓN DE RIMINI


3 de noviembre



BEATO SIMÓN DE RIMINI
(1319)


   Simón Ballachi entró a servir a Dios como hermano lego en el convento IX los dominicos de Rímini, su ciudad natal, a los veintiséis años de edad. Como si la humildad de su estado no bastase, Simón se mortificaba aún más al ofrecerse para ejecutar los trabajos más bajos y al disciplinarse con una cadena de hierro. Ofrecía todos sus sufrimientos por la conversión de los pecadores. Se dice que el demonio se le aparecía y le hacía sufrir mucho. Simón estaba encargado del huerto. Tenía predilección por las almas infantiles y solía recorrer las calles con una cruz en la mano, para llamar a los niños al catecismo. A los cincuenta y siete años quedó ciego y así vivió doce más. En los últimos años tuvo que guardar cama. Soportó esas pruebas con valor y alegría. Dios le premió con el don de milagros, y el pueblo le veneró como santo en cuanto murió. Su culto fue confirmado en 1821.

   Véase Acta Sanctorum, nov., vol. II, donde hay un corto artículo basado en las escasas fuentes; y cf. Procter, Lives of Dominican Saints, pp. 306-309.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS


2 de noviembre



CONMEMORACIÓN 
DE LOS
FIELES DIFUNTOS

Bienaventurados los muertos 
que mueren en el Señor.
(Apocalipsis, 14, 13).

   Un santo ermitaño se cruzó en el camino con un monje de Cluny y le rogó dijese a San Odilón, abad de ese monasterio, que los demonios se quejaban por el número de almas que sus oraciones y la de sus religiosos libraban del purgatorio. En cuanto lo supo el santo abad ordenó a toda su Orden que consagrara el segundo día de noviembre para orar por la liberación de las almas del purgatorio. Esto fue en el año 998. Esta costumbre, adoptada en seguida por otros monjes y por la diócesis de Lieja en 1008, se extendió gradualmente en todo el Occidente.

 MEDITACIÓN SOBRE LAS ALMAS
DEL PURGATORIO

   I. Las almas del purgatorio sufren la pena de daño, porque están privadas de la vista de Dios. ¡Qué cruel es esta separación! La naturaleza y la gracia los impulsan violentamente hacia Dios, pero no pueden llegar hasta Él. Lo que les causa más pena es ver que su dicha es aplazada porque, en la tierra, gozaron de algunos leves placeres que les estaban  prohibidos. Ten piedad de estas almas y, con tus mortificaciones, trabaja por retirarlas de esta triste morada.

   II. Estas almas son atormentadas por el mismo fuego que atormenta a los condenados, su pena es la misma; la única diferencia está en que los condenados sufrirán toda la eternidad y las almas del purgatorio solamente un tiempo. Puedes abreviar este tiempo con tus oraciones, ayunos y limosnas. ¿Negarás esta caridad a tus padres, a tus hermanos cristianos que te la piden? Oye su queja: ¡Tened piedad de mí, tened piedad de mí, por lo menos vosotros que fuisteis mis amigos!

   III. Estas santas almas, sin embargo, tienen consuelos en medio de sus suplicios, porque están resignadas a la voluntad de Dios que en ellas se cumple para purificarlas, y porque ven, por un lado, el infierno que evitaron, y por el otro, el cielo que las espera. Cristianos, aprended de ellas cómo hay que sufrir, y pasad lo más que podáis vuestro purgatorio en esta vida; sufrid con la misma fortaleza y la misma esperanza que las almas del purgatorio. Señor, purificadme en esta vida, a fin de que después de esta vida escape de las llamas del purgatorio. (San Agustín).

La devoción
a las almas del purgatorio 
Orad por su liberación.

ORACIÓN

   Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado. Vos que vivís y reináis en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS - MISAS

SAN VITORINO


2 de noviembre



  SAN VITORINO,
Obispo y Mártir
(303 III)

   San Jerónimo habla en términos elogiosos acerca de este exegeta. Alban Butler resume sus palabras y dice que "las obras de Victorino eran sublimes por más que su latín no era muy bueno, ya que el autor había nacido en Grecia". San Victorino era ya retórico cuando fue elegido obispo de Pettau, en el norte de Panonia. Escribió comentarios sobre varios libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. San Jerónimo solía citarlos, pero no sin matizar la buena opinión que tenía del obispo. San Victorino hizo la guerra a diversas herejías de su época, pero él mismo fue acusado de "milenarismo", es decir, de esperar que en el año 1000 Cristo iba a establecer su Reino en la tierra. Se dice que el Santo obispo fue martirizado durante la persecución de Diocleciano. En una época, se creyó que había sido el primer obispo de Poitiers, debido a una latinización errónea del nombre de su diócesis.

   No se conservan las actas del martirio de San Victorino; lo poco que sabemos de él, procede de ciertas referencias casuales que se encuentran en las obras de San Jerónimo, Optato de Milevis y Casiodoro. Véase Acta Sanctorum, nov., vol. l. A lo que parere, Hieronrmianum no mencionaba a este santo; pero Floro de Lyon suponía que la conmmoración de San Víctor, el 2 de noviembre, se refería a él. Véase Quentin, Martyro historiques, pp. 310 y 380; y Bardenhewer, Geschichte der altkirchlichen Literatur, se edición, vol. pp. 657-663.

SAN MARCIANO


2 de noviembre



  SAN MARCIANO,
Ermitaño
(387)

   San Marciano nació en Cyrrhus, en Siria. Su padre pertenecía a una familia patricia. Marciano abandonó la casa paterna y partió de su patria. Como no le gustase hacer las cosas a medias, se retiró a un desierto entre Antioquía y el Eufrates. Ahí escogió el rincón más escondido y se encerró en una estrecha celda, tan baja y tan reducida de tamaño, que no podía estar de pie ni acostado sin encogerse. Tal soledad era como un paraíso para él, pues podía consagrarse enteramente al canto de los salmos, la lectura espiritual, la oración y el trabajo. Sólo se alimentaba de pan y aun eso en pequeña cantidad sin embargo, jamás pasaba el día entero sin comer, pues quería tener fuerzas para hacer lo que Dios le pedía que hiciera. La luz sobrenatural que recibía en la contemplación, le dio un amplio conocimiento de las grandes verdades y misterios de la fe. No obstante su gran deseo de vivir ignorado de los hombres, su fama llegó a otros países y, al fin, tuvo que admitir por discípulos Eusebio y Agapito. Con el tiempo, fue aumentando el número de sus discípulo y nombró abad a Eusebio. En cierta ocasión le visitaron a un tiempo San Flaviano patriarca de Antioquía y otros obispos para rogarle que les hiciese una exhortación, como tenía por costumbre. La dignidad de su auditorio impresionó a Marciano, quien no supo qué decir durante unos momentos. Como los obispos le incitasen a hablar, les dijo: "Dios nos habla a cada momento a través de las creaturas y del universo que nos rodea. Nos habla también por su Evangelio, en el que nos enseña a cumplir nuestro deber para con los demás y con nosotros mismos. ¿Qué otra cosa podría yo deciros?"

   San Marciano obró varios milagros y su fama de taumaturgo le molestaba mucho, de suerte que jamás prestaba oídos a quienes acudían a su intercesión  para obtener un milagro. Así, en cierta ocasión en que un habitante le pidió que bendijese un poco de aceite para curar a su hija enferma, el santo se negó absolutamente, sin embargo, la enferma recobró la salud en ese mismo instante. Marciano vivió hasta edad muy avanzada. En sus últimos años, sufrió mucho a causa de la importunidad de los que querían conservar su cuerpo cuando muriese. Algunos de éstos, entre los que se contaba su sobrino Alipio, llegaron incluso a construir capillas en diferentes sitios para darle sepultura. San Marciano resolvió el problema al pedir a Eusebio que le enterrase en un sitio secreto. El sitio de su sepultura no fue descubierto sino hasta cincuenta años después de su muerte. Entonces se trasladaron sus reliquias a un sitio que se convirtió en lugar de peregrinación.

   Todo lo que sabemos acerca de San Marciano procede de la Historia Religiosa de Teodoreto. Puede verse el texto griego, con una traducción latina comentada, en Acta Sanctorum, nov., vol. I.

BEATO TOMÁS DE WALDEN


2 de noviembre



BEATO TOMÁS DE WALDEN,
Confesor
(1430)



   Los Carmelitas veneran a este santo y sabio varón, aunque su culto no ha sido nunca oficialmente confirmado por la Santa Sede. Tomás nació en Saffrori Walden, del Essex, hacia 1375. Su apellido era Netter. Tomó el hábito del Carmelo en Londres e hizo sus estudios en Oxford, donde obtuvo el grado de doctor en teología. Alrededor del año de 1400, fue ordenado sacerdote. En vista de la fama de que gozaba como profesor, fue enviado en 1409 al Concilio de Pisa, donde, según se dice, apoyó la elección de Alejandro V. A su vuelta a Inglaterra, fray Tomás hizo guerra abierta a los lolardos y otros partidarios de Juan Wyclif, de suerte que se le considera como el más brillante defensor de la fe contra esos herejes. El santo tomó parte en el juicio que se hizo a los cabecillas de los lolardos, particularmente a Sir John Oldcastle. Contra ellos dirigió sus principales escritos, entre los que se destaca el Doctrínale fidei. En aquella época, los nobles solían confesarse con los carmelitas. Santo Tomás fue nombrado confesor de  Enrique V, al mismo tiempo que desempeñaba el cargo de provincial de su orden en Inglaterra, aunque probablemente aún no había cumplido cuarenta años. Fue también uno de los legados de Inglaterra al Concilio de Constanza, que condenó la doctrina de Wyclif y Hus e inmediatamente después fue a Polonia como embajador del Papa y del emperador. Según se dice, fundó conventos de su orden en Lituania y Prusia.

   En 1422, acompañó a Francia a Enrique V, quien murió en sus brazos, en Vincennes. Los guardianes del infante Enrique VI le nombraron más tarde tutor del futuro monarca, de modo que la santidad de éste puede atribuirse, en cierto sentido, a Santo Tomás. Aunque el santo se opuso a los herejes con tenacidad y aún con violencia, era un hombre bondadoso y afectuoso. En 1430, acompañó a Francia al joven Enrique VI y murió en Rouen, el 2 de noviembre. Los milagros obrados en su sepulcro confirmaron su fama de santidad. Los numerosos escritos del santo, alabados por el Papa Martín V, le merecieron el título de Doctor praestantissimus y Doctor authenticus. En su tratado De sacramentalibus hay una discusión sobre la canonización, que es muy importante para la historia de ese tema.

Los bolandistas no mencionan a Tomás Netter ni siquiera entre los praetermissi (olvidados). Su nombre no figura tampoco en el Menology de Stanton, ni en los martirologios de Whitford y Wilson. B. Zimmerman, Monumenta histórica Carmelitana (1907), pp. 442-482,. indica las principales fuentes disponibles; véase también el artículo de este distinguido autor en Catholic Encyclopedia, vol. x, pp. 764-765. Cf. R. L. Hine, History of Hitchin (1927); vol. I, pp. 133-138. De joven, Santo Tomás estuvo en el convento de Hitchin.

BEATO JUAN BODEY

 2 de noviembre


BEATO JUAN BODEY,
Mártir
(1583)



   Juan Bodey nació en Wells, en 1549. Su padre era comerciante. El joven hizo sus estudios primarios en la escuela de Winchester y después se trasladó al New College de Oxford, del que llegó a ser miembro a los diecinueve años. En 1576, el obispo de Winchester expulsó de la Universidad a Juan y a otros siete. al año siguiente, el beato fue a enseñar leyes en Douai. Según parece, se casó al volver a Inglaterra, ya que el Beato Guillermo Hart,  en una carta que escribió a su madre poco antes de su ejecución, en marzo de 1583, le contaba que Juan Bodey estaba en la prisión y también le rogaba que saludase de su parte a "la Sra. Bodey y a todos los demás". Juan Bodey fue hecho prisionero en Winchester en 1580, por el celo con que propagaba la fe católica. En la primavera de 1583, compareció ante los jueces junto con el Beato Juan Slade, acusado de haber negado la supremacía regia en lo espiritual. En agosto, fue nuevamente juzgado en Andover y se le volvió a condenar. El 16 de septiembre, escribió al Dr. Ely una carta en la que le manifestaba que él y su compañero permanecían firmes en la fe y le pedía "las buenas oraciones de todos vosotros para que Dios nos conceda la firmeza, gozo y perseverancia hasta el fin". fue ejecutado en Andover, el 2 de septiembre, después de haber declarado que era inocente de toda traición. Se cuenta que la madre del beato celebró el martirio de su hijo con un banquete a sus amigos.

   Véase Challoner, MMP., J. H. Pollen publicó por primera vez otros detalles sobre la vida de Juan Bodey, en Acts of English Martyrs (1891), pp. 49-65, y en las Publications de la Catholic Record Society, vol. V, pp. 39-50. Cf. Burton y Pollen, LEM., vol. I, pp. 8-21.

martes, 1 de noviembre de 2011

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

1 de noviembre

 FIESTA DE
 TODOS LOS SANTOS



Por la fe conquistaron reinos,
 ejercitaron la justicia,
 obtuvieron el efecto de las promesas.
 (Hebreos, 11, 33).


 Al comienzo del siglo VII, el santo Papa Bonifacio IV fue autorizado, por el emperador Focas, a cambiar el Panteón, erigido en honor de los falsos dioses a quienes los paganos festejaban juntamente, en iglesia que dedicó a la Santísima Virgen y a todos los mártires. Esta ceremonia tuvo lugar el 13 de mayo, y su aniversario llegó a ser fiesta fija anual, que el Papa Gregorio IV transfirió al 1º de noviembre y extendió a todo el imperio, el año 835, durante el reinado de Luis el Bueno, convirtiéndola en fiesta de todos los santos.

 MEDITACIÓN LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

 I. La vida de los santos ha estado llena de miserias: han sido perseguidos y atormentados por los enemigos de Jesucristo; Dios les ha enviado aflicciones para probarlos y purificarlos; en fin, ellos mismos se rehusaron a los placeres más inocentes y ejercieron sobre sus cuerpos grandísimas austeridades. ¿Quieres ir tú a donde están ellos? He ahí el camino, sigue sus huellas; estos grandes hombres tenían un cuerpo como el tuyo, pero más valor que tú. No han sido de naturaleza superior a la nuestra, sino de mayor vigilancia; no estuvieron exentos de pecados, pero hicieron penitencia. (San Ambrosio).

 II. Los santos a pesar de sus pruebas, siempre han estado alegres y contentos en esta vida, porque los consuelos que Dios derramaba en sus almas les quitaban todo sentimiento de los dolores del cuerpo. Míralos en el patíbulo y en los yermos: aquí, derraman lágrimas de consuelo, allí, están llenos de gozo en medio de las torturas. Dios es tan generoso que no quiere esperar la otra vida para recompensarlos, hasta lo hace en este mundo.

 III. Si fueron consolados en esta vida, que era el lugar de exilio, de sus combates y sufrimientos, ¡de qué gozo no serán colmados en el cielo, su patria y lugar de su triunfo! Allí poseen todos los bienes que su corazón puede desear, porque poseen a Dios; no son afligidos por incomodidad alguna. Escucha lo que te dicen: "Para llegar al cielo no pienses encontrar un camino más cómodo que el que recorrimos nosotros en pos de Jesucristo. No busques aquí abajo lo que ningún santo ha podido encontrar, lo que Cristo mismo no ha encontrado".


 La imitación de los santos
 Orad por la Iglesia. 


 ORACIÓN
 Omnipotente y eterno Dios, que nos concedéis que honremos en una misma solemnidad los méritos de todos vuestros santos, haced que, asistidos por tan numerosos intercesores, obtengamos cada vez más, según nuestros deseos, la multitud de vuestras gracias. Por J. C. N. S. Amén.

SAN CESARIO y SAN JULIÁN

1º de noviembre 


 SAN CESARIO y SAN JULIÁN,
 Mártires


 Las "ACTAS" de estos mártires no son auténticas. Suprimiendo algunos milagros estereotipados, Alban Butler las resume así: Existía en Terracina, Italia, la bárbara costumbre de que, en ciertas ocasiones solemnes, un joven se ofreciese voluntariamente en sacrificio a Apolo, que era el dios tutelar de la ciudad. Tras un período en el que el pueblo satisfacía todos los caprichos del joven elegido, éste se ofrecía como víctima y se arrojaba al mar desde un acantilado. Cesario, que era un diácono africano, presenció en cierta ocasión la escena, y no pudiendo contener su indignación, habló abiertamente contra tan abominable superstición. El sacerdote del templo le mandó arrestar y le acusó ante el gobernador.. Al cabo de dos años de prisión, Cesario fue condenado por el gobernador a ser arrojado al mar en un saco, junto con un sacerdote cristiano llamado Julián. Aunque no sabemos qué fue lo que realmente sucedió, lo cierto es que los nombres de San Cesario y San Julián figuran en los martirologios primitivos. En Roma hubo desde el siglo VI una iglesia consagrada a San Cesario, que es actualmente un título cardenalicio.

SAN BENIGNO DE DIJON

1º de noviembre



 SAN BENIGNO DE DIJON,
 Mártir (¿Siglo III?)


 Aunque el Martirologio Romano afirma que San Benigno fue discípulo de San Policarpo en Esmirna y que fue martirizado en Dijon, durante el reinado de Marco Aurelio, Alban Butler sólo se atreve a decir que fue un misionero romano que sufrió el martirio en Dijon, "probablemente en el reinado de Agureliano". Pero aun esto es demasiado, ya que no sabemos dónde nació San Benigno, y la fecha que Butler fija es, probablemente, bastante posterior. No es imposible que San Benigno haya sido discípulo de San Ireneo de Lyon y que le hayan martirizado en Epagny. Aunque más tarde empezó a venerársele en Dijon, lo cierto es que, a principios del siglo VI, no se le conocía ahí. San Gregorio de Tours dice que, en aquélla época, los habitantes de Dijon veneraban una tumba, y que su bisabuelo San Gregorio, obispo de Langres, opinaba que en ella estaba enterrado un pagano; pero un ángel le reveló milagrosamente en sueños que era el sepulcro del mártir San Benigno. Así pues, Gregorio de Langres restauró el sepulcro y construyó una basílica sobre él. El obispo no sabía nada sobre la vida del mártir, pero ciertos peregrinos que venían de Italia le regalaron una copia de "La pasión de San Benigno". Es muy poco probable que tal documento haya sido redactado en Roma, ya que, en realidad, el estilo de esa obra indica más bien que fue escrita por un contemporáneo de Gregorio, de Langres en Dijon y es enteramente espuria. "La pasión de San Benigno" refiere que San Policarpo de Esmirna tras la muerte de San Ireneo (quien en realidad murió cincuenta años después de San Policarpo), vio una aparición del santo. A raíz de ella, envió a dos sacerdotes, Benigno y Adoquio, así como al diácono Tirso, a predicar el Evangelio en las Galias. Tras un naufragio en Córcega, donde se unió al grupo San Andéolo, los misioneros desembarcaron en Marsella y se dirigieron a la Costa de Oro. En Autun los hospedó un tal Fausto, y San Benigno bautizó a San Sinforiano, el hijo de su huésped. Los misioneros se separaron ahí. San Benigno convirtíó en Langres a Santa Leonila y a sus tres nietos gemelos (cf. San Espeusipo, 17 de enero). Después se trasladó a Di jon, donde predicó con gran éxito y obró muchos milagros. Al estallar la persecución, el juez Terencio denunció a Benigno ante el emperador Aureliano, quien estaba entonces en la Galia. (Por consiguiente, el martirio de San Benigno tuvo lugar unos cien años después de la muerte de San Policarpo). El santo misionero fue aprehendido en Epagny, cerca de Dijon. Tras sufrir numerosos tormentos y pruebas, a los que opuso otros tantos milagros no menos extraordinarios, el verdugo le deshizo la cabeza con una barra de hierro y le perforó el corazón. El cadáver fue sepultado en una tumba que semejaba un monumento pagano para engañar a los perseguidores. Mons. Duchesne ha demostrado que esta leyenda constituye el primer eslabón de una cadena de novelas religiosas, escritas a princípios de novelas religiosas escritas a principios del sigloVI, con el objeto de describir los orígenes de las diócesis de Autun, Besanson, Langres y Valence (los santos Andoquio y Tirso, Ferreolo y Ferrucio,Benigno, Félix, Aquileo y Fortunato).Tales obras no merecen el menor crédito, y aún la existencia histórica de los mártires es dudosa.

SAN AUSTREMONIO

1º de noviembre


 SAN AUSTREMONIO,
 Obispo de Clermont (¿Siglo IV?)


 No sabemos con certeza sobre este santo sino que fue misionero en Armenia, lo mismo que San Estremonio, y que se le venera como apóstol y primer obispo de Clermont. Los historiadores discuten hasta la época en que vivió. Según San Gregorio de Tours, fue uno de los siete obispos enviados de Roma a la Galia a mediados del siglo III. Su culto se popularizó gracias a una visión que tuvo un diácono junto al sepulcro del santo, en Issoire. La leyenda de San Austremonio se fue desarrollando a partir del siglo VI. Según esta leyenda, el santo fue uno de los setenta y dos discípulos del Señor. Fue asesinado por un rabino judío, a cuyo hijo había convertido. El rabino le cortó la cabeza y la arrojó en un pozo. Los cristianos l descubrieron gracias al rastro de sangre que había dejado desde el sitio del asesinato hasta el pozo. Por ello se veneraba como mártir a San austremonio. (En Clermont se le venera todavía). Su cuerpo fue sepultado en Issoire.

SANTA MARÍA, Virgen y Mártir

1º de noviembre


 SANTA MARÍA,
 Virgen y Mártir (¿Siglo IV?)

 María era esclava de un oficial romano llamado Tértulo. Había sido bautizada de pequeña y era la única cristiana de la casa en que servía. Hacía mucha oración y ayunaba con frecuencia, particularmente en las fiestas de los ídolos. Su devoción no agradaba a su ama; en cambio, su fidelidad y diligencia la complacían en extremo. Cuando estalló la persecución, Tértulo trató de persuadir a María a que abjurase de la fe, pero no logró vencer su constancia. Temiendo perderla si llegaba a caer en manos del prefecto, Tértulo la azotó despiadadamente y la encerró en un cuarto oscuro. Pronto se divulgó la noticia, y el prefecto acusó a Tértulo de haber ocultado a una cristiana en su casa. María fue entregada al punto a la autoridad. Viendo que la joven confesaba valientemente a Cristo ante los jueces, el pueblo pidió que fuese quemada viva. María, después de pedir a Dios que le diese valor para seguir confesándole, dijo al juez: "El Dios a quien sirvo está conmigo. No temo tus tormentos, pues sólo pueden quitarme la vida y estoy pronta a dar la mía por Jesucristo." El juez ordenó a los verdugos que la torturasen, y éstos lo hicieron con tanta crueldad, que los presentes incapaces de soportar el espectáculo, profirieron voces para que se suspendiera la tortura y pidieron que se pusiese en libertad a la víctima. El juez la entregó a un soldado para que la ejecutase, pero ést, compadecido al verla indefensa, la ayudó a escapar. Aunque María murió naturalmente, el Martirologio Romano la considera como mártir, teniendo en cuenta lo que sufrió por Cristo.

SAN MATURINO

1º de noviembre


 SAN MATURINO,
 Presbítero (¿Siglo IV?)

 La biografía de San Maturino, que es totalmente legendaria, cuenta que nació en Larchant, en el territorio de Sens, y que sus padres eran paganos. A diferencia de su padre, quien perseguía a la Iglesia, San Maturino abrió su corazón al Evangelio y, a los doce años, fue juzgado digno de recibir el bautismo. Sus primeros convertidos fueron sus propios padres. A los veinte años, recibió Maurino la ordenación sacerdotal, y Dios le concedió una gracia especial para arrojar a los malos espíritus. Su obispo tenía tal confianza en él., que le confió el gobierno de la diócesis mientras él iba a Roma. El santo predicó en el Gatinais, donde convirtió a muchas gentes. Cuando su fama de exorcista llegó a Roma, se le convocó a dicha ciudad para que librase a una doncella noble, a quien el demonio atormentaba mucho. Según la leyenda, San Maturino murió en la Ciudad Eterna. Su cuerpo fue trasladado a Sens y, más tarde, a su pueblo natal. Los hugonotes destruyeron las reliquias. A lo que parece, el culto de San Maurino nunca estuvo muy extendido. En Francia se suele llamar "maturinos" a los frailes trinitarios, porque tenían en París una iglesia dedicada a este santo.

SAN MARCELO, Obispo de París

1º de noviembre


 SAN MARCELO,
Obispo de París (410 P. C.)

 Se cuenta que San Marcelo nació en París. Sus padres no se distinguían por su alto nivel social, pero la santidad de Marcelo fue su mejor linaje. El joven se entregó enteramente a la práctica de la virtud y a la oración, de suerte que, según su biógrafo, parecía completamente desprendido del mundo y aun del cuerpo. Prudencio, el arzobispo de París, viendo el carácter serio de Marcelo y los rápidos progresos que había hecho en las ciencias sagradas, le ordenó de lector y más tarde le hizo archidiácono suyo. A partir de entonces, el santo realizó, según se dice, muchos milagros. Cuando murió Prudencio, Marcelo fue elegido unánimemente para sucederle. Se dice que, con su autoridad y sus oraciones, defendió a su grey contra las invasiones de los bárbaros. Su biógrafo refiere milagros extravagantes, entre otros, una señalada victoria sobre un dragón. Pero, como comenta Alban Butler,"la veracidad de estos hechos depende de la del autor, quien escribió cien años después y, siendo extranjero, debió fiarse de hablillas y leyendas populares". San Marcelo murió a principios del siglo V. Su cuerpo fue sepultado en la catacumba de su nombre en la ribera izquierda del Sena; actualmente ese distrito es un suburbio de París y se llama Saint-Marceau.

SAN VIGOR

1º de noviembre 


SAN VIGOR,
 Obispo de Bayeux (537 III)


 Vigor nació en Artois y vivió en la época de Childeberto I. Su padre le confió a San Vedasto de Arras para que le educase. Pero Vigor, temiendo que su padre no le permitiese ser sacerdote, huyó con otro compañero y se ocultó en el pueblecito de Ravière, cerca de Bayeux. Ambos amigos predicaron ahí e instruyeron al pueblo. Después de su ordenación, San Vigor extendió el campo de su ministerio. El año 513, murió el obispo de Bayeux, y San Vigor fue elegido para sucederle. Viendo que algunos adoraban todavía a un ídolo de piedra en una colina de las afueras de la ciudad, el santo derribó el ídolo y construyó una iglesia en ese sitio, al que dio el nombre de Colina de la Unción. Cuando el conde Bertulfo se cayó del caballo y se rompió la nuca, el santo vio en ello un juicio de Dios, pues el conde había pretendido apoderarse de la colina. El pueblecito de Saint-Vigueur-le Grand, en las proximidades de Bayeux, toma su nombre de San Vigor, quien construyó ahí una abadía. Los normandos dedicaron dos o tres iglesias a San Vigor en Inglaterra.