lunes, 9 de julio de 2012

BEATA JUANA DE REGGIO, Virgen


9 de julio 


BEATA JUANA DE REGGIO,
Virgen
(1491 p.C.)




   Juana Scopelli nació en 1428 en Reggio. Muy pronto manifestó deseos de abrazar la vida religiosa; como sus padres no se lo permitiesen, se vistió el hábito y empezó a practicar la vida ascética en su propia casa . A la muerte de sus padres, decidió fundar un convento de carmelitas en Reggio, pero se negó a emplear en ello su herencia, pues quería que la fundación fuese obra de las limosnas de los cristianos. A los cuatro años de trabajo incesante por parte de Juana, se inauguró el monasterio de Nuestra Señora del Pueblo, del que ella fue elegida superiora. A pesar del tiempo que empleaba en el gobierno de su comunidad y en el canto del oficio, Juana consagraba invariablemente cinco horas diarias a la oración privada. A las austeridades de regla, añadía el ayuno constante; desde el día de la Santa Cruz hasta el de Pascua, vivía a pan y agua. Sus mortificaciones eran realmente asombrosas.

   Se cuenta que obró muchos milagros por la oración. Así, por ejemplo, curó a una noble dama, llamada Julia Sessi, a quien los doctores habían desahuciado. También convirtió a un joven llamado Agustín. Dicho joven profesaba algunas opiniones albigenses y otras herejías. Su madre, muy desconsolada, le llevó a ver a la Beata Juana, la cual empleó toda clase de argumentos para convencerle, pero todo fue inutil. Cuando Agustín y su madre partieron, la Beata oró fervorosamente y el corazón del joven se abrió a la gracia. También se atribuye a Juana de Reggio el milagro que se cuenta de Santo Domingo y de otros santos: un día, a la hora de comer, las religiosas encontraron la mesa sin viandas, pues la despensa del convento estaba vacía. Pero la Beata se puso en oración y, a los pocos momentos había en la despensa pan suficiente para toda la comunidad. Juana murió en 1491, a los sesenta y tres años de edad, después de haber exhortado a sus religiosas al amor de Dios, a la caridad fraterna y a la estricta observancia de la regla. Su culto fue confirmado en 1771

   En Acta Sanctorum, Julio, vol. II, hay una traducción latina de la biografía, relativamente larga, escrita en italiano por el padre Benito Mutti.

domingo, 8 de julio de 2012

BEATA MARÍA DE SANTA NATALIA Mártir


9 de julio 


BEATA MARÍA DE SANTA NATALIA 
Mártir 
(1900)




   María de Santa Natalia (Jeanne-Marie Kerguin), fue una de las siete religiosas que en 1898 fueron enviadas a China, a pedido de monseñor Francisco Fogolla, obispo coadjutor en Chan-Sí. Nació el 5 de mayo de 1864 en Belle-Isle-en-Terre (Bretaña, Francia). Hija de campesinos sencillos y pobres, la jovencita sabe de esos juegos limpios y serenos de las familias de los pueblos: correr por praderas y montañas, llevar flores a la estatua de la Virgen... Aprende las primeras letras con la maestra del pueblo, y también a tejer, cocinar, cuidar animales en su casa; aprende el catecismo y se prepara con esmero a su Primera Comunión. Poco después pierde a su madre, y la niña debe hacer frente a los trabajos de la casa, pero ya el ideal de entregarse a Dios más totalmente va haciendo camino en su corazón.

   En 1887 llama a la puerta del noviciado de Francia, que recibe a la joven bretona de ojos azules, ojos que descubren su alma hasta el fondo. Trabaja ordeñando vacas en la granja, lava la ropa..., su alegría nace de esta convicción muy honda en ella: «Todo es grande para quien lo hace con grandeza de alma». Según ella, dos cosas le bastan para ser santa: unirse íntimamente a Dios y amar al cumplir los pequeños servicios cotidianos. Después del noviciado va a París donde se vive una ruda pobreza. María de Santa Natalia la vive con alegría. Sus hermanas la llaman «Fray León», en recuerdo del amigo entrañable de Francisco de Asís.

   Su primera partida misionera fue a Cartago, en África del Norte, pero se enferma y debe volver a Italia. Poco a poco descubre el secreto de la Cruz, y escribe: «Estoy contenta de tener algo que sufrir. Cuando se sufre, uno se desprende de la tierra. Dios quiera que lo ame por encima de todas las cosas, puesto que Él fue tan generoso conmigo y me ha hecho tanto bien desde que estoy en el mundo».

   En marzo de 1899 es destinada a la nueva fundación en Taiyuanfu. Poco después de la llegada a la misión, su salud será la gran preocupación de la comunidad. Varios meses en cama, con tifus; sufre sin quejarse, con una paciencia increíble, hasta que poco a poco puede recobrar las fuerzas.

   No le falta trabajo a la misionera, pero con todas sus compañeras, el 9 de julio, la bretona de ojos azules, apretando su crucifijo entre los dedos, es decapitada. «No tenemos miedo..., la muerte es sólo Dios que pasa», había dicho varias veces.

   Fue martirizada junto con sus seis compañeras, el 9 de julio de 1900, en Taiyuanfu (China) y beatificada el 24 de noviembre de 1946, en Roma, por el papa Pío XII.

BEATO MODESTO ANDLAUER Mártir


9 de julio 


BEATO MODESTO ANDLAUER 
Mártir 
(1900)




   Modesto Andlauer nació en Rosheim, en Alsacia el 22 de mayo de 1847. Entró en la Compañía de Jesús en 1872. Diez años más tarde, en 1882, fue destinado a China. Estimado por su humildad y su espíritu de oración, sufrió el martirio junto con el Padre Isoré el 19 de junio de 1900.

BEATO JOSÉ MARÍA GAMBARO Mártir


9 de julio 


BEATO JOSÉ MARÍA GAMBARO 
Mártir 
(1900)

   Beato  José María Gambaro (1869-1900). Sacerdote. Nació en Galliate, provincia de Novara (Italia), el 7 de agosto de 1869. A los trece años entró en el colegio seráfico, y el 27 de septiembre de 1886 tomó el hábito de los Hermanos Menores en la Provincia de Piamonte. Activo y circunspecto, entusiasta y prudente, fue estimado y apreciado por los superiores, que lo escogieron, cuando aún era clérigo teólogo, como asistente de los hermanos jóvenes del colegio de Ornavasso, elección que se demostró sabia, pues produjo frutos copiosos en aquellos jóvenes que se preparaban al sacerdocio y a la vida religiosa franciscana. Apenas ordenado sacerdote fue nombrado rector del mismo colegio. Pero un año después, atendiendo su deseo, se le permitió irse como misionero: dejó Italia y llegó a China en marzo de 1896. Fue destinado a Hunan Meridional.

   Esta nueva experiencia se le manifestó de inmediato en su áspera dificultad: los usos y costumbres tan diversos no fueron tan difíciles de asimilar como la lengua. El Vicario Apostólico Mons. Fantosati, considerando las óptimas cualidades del P. Gambaro, le encomendó la tarea de formar en el estudio y la piedad a los aspirantes del Seminario indígena, del que fue tres años rector y profesor. Luego, al faltar el misionero en la importante cristiandad de Yen-tchiou, el P. José María fue encargado de sustituirlo. Supo hacer frente a la vida misionera activa y a sus inevitables pruebas, con serena fortaleza y absoluto abandono en las manos del Señor.

   En Pentecostés de 1900 lo llamó Mons. Fantosati para que lo acompañara en la visita a diversas cristiandades del Vicariato. En estas circunstancias se abatió sobre ellos la persecución, que estalló el 4 de julio de 1900 en la ciudad de Heng-tchen-fu, residencia del Vicario Apostólico. Apenas llegaron las primeras tristes noticias, ambos se apresuraron a regresar a la sede; en vano los cristianos insistieron para que buscaran un refugio seguro; ambos declararon abiertamente que, a cualquier costo, su puesto estaba junto a las ovejas en peligro. Se embarcaron hacia Heng-tchen-fu, y ambos compartieron el mismo vía crucis. Una turba fanática y enfurecida los aguardaba. Al desembarcar, fueron rodeados, asediados, apedreados y apaleados. También el P. José María, tendido en el suelo y agonizante, repetía el nombre de Jesús y de María. Aún tuvo arrestos para aproximarse a Mons. Fantosati, que estaba envuelto en sangre, intentar abrazarlo y susurrarle unas palabras; expiró mientras el obispo levantaba la mano para bendecirlo. Su martirio había durado veinte minutos. Era el 7 de julio de 1900, y él tenía 30 años de edad, catorce de religioso, ocho de sacerdocio y cuatro de vida misionera.

SANTA ISABEL Reina de Portugal, Viuda


8 de julio


   SANTA ISABEL
Reina de Portugal, Viuda



A los ricos de este mundo mándales que no sean 
altivos ni pongan su confianza en la riquezas caducas, 
sino en Dios vivo. 
(1 Tim., 6, 17).

   Ser pobre en medio de las riquezas, mortificado en medio de las delicias de la corte, humilde sobre un trono, es una virtud que no pertenece sino a las grandes almas, como Santa Isabel, reina de Portugal. Ayunaba a pan y agua tres cuaresmas durante el año, las vigilias de las fiestas de Nuestra Señora y de los Apóstoles, y todos los viernes. Por su intervención, logró detener la guerra entre Castma y Portugal. A la muerte del rey, su marido, vistió el hábito de la Tercera Orden franciscana, con el cual muri6 en 1336.

MEDITACIÓN - DEBE PONERSE LA CONFIANZA
EN DIOS y NO EN LAS RIQUEZAS

   I. No pongas tu confianza en las riquezas; no pueden ni siquiera hacerte feliz en este mundo. Difícil es adquirirlas y difícil conservarlas; el temor de perderlas y el deseo de aumentarlas no le dejan al alma descanso alguno. ¿Pueden, acaso, disipar tu tristeza y tu ignorancia, curarte de tus enfermedades o prolongar tu vida siquiera un momento? Son sin embargo de alguna utilidad: cuando uno las abandona por amor de Jesucristo o las distribuye entre los pobres.

   II. No te fíes en la amistad de los hombres: nada es más inconstante. El mejor de tus amigos puede llegar a ser el más encarnizado enemigo. No te apoyes en tu reputación, la calumnia te la puede arrebatar; no cuentes con tu salud ni con tu espíritu, una enfermedad puede quitártelos. Oh Señor mío, por fin reconozco que, si Vos me abandonáis, ni todas las creaturas juntas podrían socorrerme; y aun cuando los hombres pudiesen valerme durante mi vida, ¿Podrían ellos, acaso, demorar aunque sea un momento la hora, de mi muerte, y defenderme ante el tribunal de Dios?

   III. En Vos es, pues, Dios mío, en quien se debe esperar, y no en las riquezas frágiles e inciertas. En vano se dice que el dinero es todopoderoso, él no nos puede procurar la salud y la felicidad, sino en la medida en que lo despreciemos y lo arrojemos lejos de nosotros. Las creaturas son obstáculo a nuestra esperanza; si no poseemos los bienes de la tierra, todos nuestros suspiros serán por los bienes celestiales. Las riquezas son las trabas de nuestra esperanza; arrojemos, pues, los bienes de la tierra, si deseamos los del cielo. (Tertuliano).

La limosna
Orad por los pobres.

ORACIÓN

   Dios soberanamente bueno, que, entre otras eminentes virtudes, habéis acordado a la reina Santa Isabel la prerrogativa de apaciguar los furores de las guerras, haced, por su intercesión, que después de la paz de esta vida mortal, que os imploramos humildemente, lleguemos a la felicidad eterna. por 1. C. N. S. Amén.

SANTOS AQUILA y PRISCILA o PRISCA, Mártires


8 de julio 


SANTOS AQUILA y PRISCILA o PRISCA, 
Mártires
(Siglo I)




   Lo poco que sabemos sobre Aquila y Priscila procede de la Sagrada Escritura. Ambos eran discípulos de San Pablo. Como su maestro, viajaron mucho y cambiaron con frecuencia de lugar de residencia. La primera vez que nos hablan de ellos los Hechos de los Apóstoles (18:1-3), acababan de partir de Italia, pues el emperador Claudio había publicado un decreto por el que prohibía a los judíos habitar en Roma. Aquila era un judío originario del Ponto. Al salir de Italia, se estableció en Corinto con su esposa, Priscila. San Pablo fue a visitarlos al llegar de Atenas. Al ver que Aquila era, como él, fabricante de tiendas (pues todos los rabinos judíos tenían un oficio), decidió vivir con ellos durante su estancia en Corinto. No sabemos si San Pablo los convirtió entonces a la fe o si ya eran cristianos desde antes. Aquila y Priscila acompañaron a San Pablo a Efeso; ahí se quedaron, en tanto que el Apóstol proseguía su viaje. Durante la ausencia del Apóstol, instruyeron a Apolo, un judío de Alejandría "muy versado en las Escrituras", que había oído hablar del Señor a unos discípulos del Bautista. Durante su tercer viaje a Efeso, San Pablo se alojó en casa de Aquila y Priscila, donde estableció una iglesia. El Apóstol escribe: "Saluda a Priscila y Aquila y a la iglesia de su casa." Y añade unas palabras de gratitud por todo lo que habían hecho: "Mis colaboradores en Jesucristo, que expusieron la vida por salvarme. Gracias les sean dadas, no sólo de mi parte, sino de parte de todas las iglesias de los gentiles." Estas palabras se hallan en la epístola de San Pablo a los romanos, lo cual prueba que Aquila y Priscila habían vuelto a Roma y tenían también ahí una iglesia en su casa. Pero pronto volvieron a Efeso, pues San Pablo les envía saludos en su carta a Timoteo. El Martirologio Romano afirma que murieron en Asia Menor, pero, según la tradición, fueron martirizados en Roma. Una leyenda muy posterior relaciona a Santa Priscila con el "Titulos Priscae", es decir, con la iglesia de Santa Prisca en el Aventino.

   J. Ebersolt (1902) editó unas actas de Aquila y Priscila, que datan del siglo VII, también R. Schumacher, en Theologie und Glaube, vol. XII (1920), pp. 86-89.

BEATA MARÍA DE SANTA NATALIA Mártir


9 de julio 


BEATA MARÍA DE SANTA NATALIA 
Mártir 
(1900)




   María de Santa Natalia (Jeanne-Marie Kerguin), fue una de las siete religiosas que en 1898 fueron enviadas a China, a pedido de monseñor Francisco Fogolla, obispo coadjutor en Chan-Sí. Nació el 5 de mayo de 1864 en Belle-Isle-en-Terre (Bretaña, Francia). Hija de campesinos sencillos y pobres, la jovencita sabe de esos juegos limpios y serenos de las familias de los pueblos: correr por praderas y montañas, llevar flores a la estatua de la Virgen... Aprende las primeras letras con la maestra del pueblo, y también a tejer, cocinar, cuidar animales en su casa; aprende el catecismo y se prepara con esmero a su Primera Comunión. Poco después pierde a su madre, y la niña debe hacer frente a los trabajos de la casa, pero ya el ideal de entregarse a Dios más totalmente va haciendo camino en su corazón.

   En 1887 llama a la puerta del noviciado de Francia, que recibe a la joven bretona de ojos azules, ojos que descubren su alma hasta el fondo. Trabaja ordeñando vacas en la granja, lava la ropa..., su alegría nace de esta convicción muy honda en ella: «Todo es grande para quien lo hace con grandeza de alma». Según ella, dos cosas le bastan para ser santa: unirse íntimamente a Dios y amar al cumplir los pequeños servicios cotidianos. Después del noviciado va a París donde se vive una ruda pobreza. María de Santa Natalia la vive con alegría. Sus hermanas la llaman «Fray León», en recuerdo del amigo entrañable de Francisco de Asís.

   Su primera partida misionera fue a Cartago, en África del Norte, pero se enferma y debe volver a Italia. Poco a poco descubre el secreto de la Cruz, y escribe: «Estoy contenta de tener algo que sufrir. Cuando se sufre, uno se desprende de la tierra. Dios quiera que lo ame por encima de todas las cosas, puesto que Él fue tan generoso conmigo y me ha hecho tanto bien desde que estoy en el mundo».

   En marzo de 1899 es destinada a la nueva fundación en Taiyuanfu. Poco después de la llegada a la misión, su salud será la gran preocupación de la comunidad. Varios meses en cama, con tifus; sufre sin quejarse, con una paciencia increíble, hasta que poco a poco puede recobrar las fuerzas.

   No le falta trabajo a la misionera, pero con todas sus compañeras, el 9 de julio, la bretona de ojos azules, apretando su crucifijo entre los dedos, es decapitada. «No tenemos miedo..., la muerte es sólo Dios que pasa», había dicho varias veces.

   Fue martirizada junto con sus seis compañeras, el 9 de julio de 1900, en Taiyuanfu (China) y beatificada el 24 de noviembre de 1946, en Roma, por el papa Pío XII.

SANTOS QUILIANO y COMPAÑEROS, Mártires


8 de julio 


SANTOS QUILIANO y COMPAÑEROS, 
Mártires
(689 d. C.)



   Quiliano era un monje irlandés. En el año 686, antes o después de recibir la consagración episcopal, partió a Roma con once compañeros, y el Papa Conon le encargó predicar el Evangelio en Franconia (Badén y Baviera). El santo, asistido por el sacerdote Colmano y el diácono Totnano, convirtió y bautizó a numerosos paganos en Würzburg. Entre dichos convertidos figuraba el duque de la ciudad, Gosberto. Una biografía medieval narra en la forma siguiente el martirio de San Quiliano: El duque había contraído matrimonio con Geilana, la viuda de su hermano. San Quiliano le indicó que tal matrimonio era inválido, y el duque prometió separarse de Geilana; pero ésta, enfurecida, aprovechó la ausencia de su esposo, quien había partido a una campaña militar, para que sus esbirros decapitaran a los tres prisioneros. Consta con certeza que Quiliano, Coimano y Totnano evangelizaron realmente la Franconia y la Turingia oriental y que fueron mártires; pero hay razones para dudar sobre la autenticidad de la leyenda que acabamos de relatar. Algunos autores atribuyen el asesinato a Gosberto y tal versión no es verosímil, ya que, dadas las circunstancias y la época, es probable que Gosberto y Geilana hayan tratado de suprimir, de común acuerdo, a aquellos misioneros que predicaban una doctrina tan exigente en cuestiones de moral. El culto de San Quiliano existió en Irlanda, así como en las diócesis de Würzburg, Viena y algunas otras.

   En Acta Sanctorum, julio, vol. II, hay dos biografías medievales de San Quiliano. Véase también Gougaud, Gaelic Pioneers of Christianity, pp. 140-141, y Les saints irlandais hors d´Irlande, pp. 125-129. Las obras más recientes se hallan citadas en Analecta Bollandiana, vol. LXXI (1953), pp. 450-463.

SAN PROCOPIO, Mártir


8 de julio 


SAN PROCOPIO,
Mártir
(303 d. C.)




   San Procopio fue un comerciante extranjero, un alemán católico, que tenía su comercio en Novgorod. Maravillado por la belleza de los oficios ortodoxos, abrazó la ortodoxia, repartió sus riquezas entre los indigentes e ingresó como monje al convento del Beato Varlaam de Ustiug, cerca de Novgorod. Poco tiempo después, rehuyendo la notoriedad, se alejó a la ciudad de Ustiug. Aquí eligió la difícil vida de necedad por Cristo, es decir, aparentar la demencia para llegar a tener una completa humildad. De esta manera se convirtió en el primer "necio" de Rusia. Muchos sufrimientos tuvo que aguantar durante el cumplimiento de su difícil sacrificio. Durante el verano y el invierno, portando 3 bastones de madera caminaba, descalzo y mal vestido, pernoctando en los atrios o, simplemente, sobre el suelo. Recibía limosnas de gente piadosa, pero, aunque estaba hambriento, nada aceptaba de los que mediante engaños habían adquirido sus riquezas, quedando así, sin comer nada durante varios días.

   Una vez, durante una terrible helada, aquella durante la cual los pájaros en vuelo se congelan, el beato buscaba un refugio. En las casas no lo recibían. Hasta los perros, al lado de los cuales quería entrar en calor, huían de él. Procopio se estaba congelando. Repentinamente comenzó a soplar una templada brisa celestial y un ángel rozó su rostro. Gracias a todo esto, el beato entró en calor y volvieron sus fuerzas. Este milagro fue relatado por el beato a Simón, un clerigo de la catedral; además le pidió no difundirlo entes de su muerte.

   Por sus sacrificios, el beato fue distinguido con el don de clarividencia. Un día se inclinó ente una niña de 3 años y les dijo: "He aquí a la madre de un gran santo." La niña fue la madre del Jerarca Esteban de Perm. En el año 1290, el beato durante una semana deambuló por la ciudad instando a los habitantes a arrepentirse y rezar, par que el Señor salve a la ciudad del destino de Sodoma y Gomorra (Génesis, capítulo 19). Nadie le creía. Repentinamente apareció en el cielo una nube siniestra. La nube crecía y crecía, de tal manera que el día se convirtió en noche. Centelleaban los relámpagos, bramaba el trueno con tanta fuerza que estremecía los muros de los edificios. El ruido de la tormenta tapaba el clamor de los habitantes. Todos tuvieron un presentimiento de destrucción y de muerte. Los habitantes corrieron a la catedral. Allí, ante el icono de la Anunciación, rezaba el beato. Y el milagro ocurrió. Una fragancia llenó el templo. El mirra que fluía del icono milagroso era tan abundante que se pudieron llenar todos los recipientes que se encontraban en la iglesia. La gente se untaba y se curaba de sus males. Después el sofocante aire refrescó y se asomó el sol. A 20 km. de Ustiug, en el prado de Kotovalsk las nubes desencadenaron granizo y relámpagos. El granizo quebró el bosque de muchos años, pero no produjo daño ni a la gente, ni a los animales. En recordación de la salvación de la ciudad de su destrucción, fue establecida la festividad del icono de la Virgen de Ustiug.

   Conversando con la gente devota, cada palabra y cada acción del santo fueron consejos y prevenciones. En el año 1303 falleció el virtuoso Procopio, ya muy anciano, en las puertas del monasterio de Arjangelsk. Sobre su tumba ocurrieron muchos milagros. Están registradas también las apariciones del "elegido" de Dios.

SANTA WITBURGA, Virgen


8 de julio 


SANTA WITBURGA, 
Virgen
(743 d. C.)

   Witburga era la hija menor de Anna, rey de Anglia oriental. Lo mismo que sus santas hermanas, Witburga se consagró al servicio divino y durante varios años llevó una vida de gran austeridad en Holkham, cerca de la costa de Norfolk, donde más tarde se edificó una iglesia en su honor. A la muerte de su padre, la santa se trasladó a Dereham, que es actualmente un centro comercial de Norfolk, pero en aquella época era un sitio muy tranquilo y retirado. Ahí se le reunieron otras devotas doncellas. Witburga empezó entonces a construir un monasterio y una iglesia, pero no llegó a verlos terminados. Su muerte ocurrió el 17 de marzo de 743. La santa fue sepultada en el atrio de la iglesia de East Dereham; cincuenta años después, su cuerpo, que estaba perfectamente conservado, fue trasladado al interior de la iglesia. El año 974, Britnoto, abad de Ely, trasladó a su abadía el cuerpo de Santa Witburga y lo enterró junto a los de sus dos hermanas. En 1106, los restos de cuatro santas fueron trasladados al altar mayor de la nueva iglesia abacial: de Santa Sexburga y Santa Ermenilda no quedaban más que los huesos, el cuerpo de Santa Etelreda estaba entero, y el de Santa Witburga se conservaba fresco y flexible. Estos datos provienen del monje Tomás de Ely, quien escribió su historia de la abadía un año después de los hechos. El mismo autor afirma que brotó una fuente de agua clara en el sitio del atrio de la iglesia de Dereham, donde había estado sepultado el cuerpo de Santa Witburga; dicha fuente se conoce todavía en la actualidad con el nombre de la santa.

   El relato de Tomás de Ely puede verse en la obra de Wharton, Anglia Sacra, donde se halla también una cita referente a Santa Witburga, tomada de Gesta Pontificum de Malmesbury. Véase Stanton, Menology, pp. 325 y 328.

SAN ADRIANO, Papa


8 de julio 


SAN ADRIANO, 
Papa
(885 d. C.)




   San Adriano sucedió al Papa Marino I en el año 884, durante una época particularmente tumultuosa de la historia del pontificado. El nuevo Pontífice adoptó al rey de Francia, Carlomán, por hijo espiritual y tomó medidas para impedir que el obispo de Nimes siguiese molestando a los monjes de la abadía de Saint Giles. También se dice que castigó con una severidad digna de sus crímenes al antiguo cortesano, Jorge del Aventino, y a la rica viuda de otro cortesano que había sido asesinado en el atrio de San Pedro. Como es bien sabido, en la Roma de fines del siglo IX se cometieron crímenes horribles. El año 885, el emperador Carlos el Gordo invitó a San Adriano a una dieta reunida en Worms. Ignoramos qué razones tenía para invitar especialmente al Papa; en todo caso, el emperador no llegó a ver cumplidos sus deseos, pues San Adriano enfermó durante el viaje y murió en Módena, en julio o en septiembre. Fue sepultado en la iglesia abacial de San Silvestre de Nonántola. El pontificado de San Adriano duró catorce o dieciséis meses; lo poco que sabemos sobre él, no nos proporciona ningún detalle sobre su santidad personal, pero lo cierto es que, desde su muerte, empezó a venerársele como santo en Módena. Su culto fue confirmado en 1891. Durante el breve pontificado de San Adriano III, Roma se vio asolada por la carestía y el Papa hizo cuanto estuvo en su mano por aliviar los sufrimientos del pueblo. Flodoardo, el cronista de la diócesis de Reims, le alaba como padre de sus hermanos en el episcopado.

   Véase el Líber Pontificalis, vol. II, p. 225; y Mann, Lives of the Popes, vol. III, pp. 361-367.

SAN RAIMUNDO DE TOULOUSE, Clérigo


8 de julio


SAN RAIMUNDO DE TOULOUSE,
Clérigo
 (1118 p.c.)

   Raimundo Gayrard nació en Toulouse, a mediados del siglo XI. Sus padres le consagraron al servicio de la iglesia de San Sernin, de la que Raimundo fue miembro del coro. A la muerte de su esposa, con la que había sido muy feliz, el santo se entregó enteramente al socorro de los pobres, de los infortunados y de cuantos necesitaban alguna ayuda, con verdadero espíritu de caridad cristiana. Su bondad para con los judíos provocó algunas murmuraciones, no sólo porque éstos siempre se ayudan mutuamente, sino porque en aquella época, el pueblo no acataba el buen ejemplo de la Santa Sede, cuya actitud respecto de los judíos era de benevolencia y protección. San Raimundo fundó y dotó también una residencia gratuita para trece clérigos pobres, en memoriadel Señor y de los doce Apóstoles, y construyó dos puentes de piedra.

   Finalmente el santo fue nombrado canónigo de la colegiata de San Sernin, donde dio ejemplo de sujeción a la regla y de observancia de la vida en comúb. Pero la actividad de San Raimundo dejó mayor huella en la construcción de la iglesia de San Sernin, cuya abundante colección de reliquias la convirtió en uno de los santuarios más famosos de la Edad Media. San Raimundo murió el 3 de julio de 1118 y fue sepultado en la residencia para clérigos pobres que habíafundado. Los Canónigos Regulares de San Juan de Letrán celebran la fiesta de San Raimundo el 8 de julio. En su tumba ocurrieron numerosas curaciones milagrosas. Su culto fue aprobado en 1652.

   Casi todo lo que sabemos sobre este santo proviene de las lecciones latinas de un oficio compuesto por lo menos un siglo después de su muerte. Véase Acta Sanctorum, julio, Vol. l; y M. Aubert, L'église Saint-Sernin de Toulouse (1933).

SAN ADRIANO FORTESQUE, Mártir


8 de julio 


SAN ADRIANO FORTESQUE,
Mártir
(1539 d. C.)




   El beato Adriano Fortesque nació alrededor de 1476 en el seno de una familia noble de Devon, Inglaterra. Era sobrino de Ana bolena. Se casó con Ana Stonor, con la que tuvo dos hijos. Al morir su esposa, se casó con Ana Rede de Boarstall, que le dio tres hijos.  

   Fue esposo y padre virtuoso, juez de paz y Caballero de la Orden de Malta. Profesó en la Tercera Orden Dominica de Oxforf, imponiéndose una vida ascética. Mal visto por su virtud, fue encarcelado primero el 28 de agosto de 1534, liberado en la primavera de 1535, nuevamente fue encarcelado en febrero de 1539 siendo onfinado a la Torre de Londres. Lo condenaron a muerte por habers negado a prestar el juramento de fidelidad al rey en materia de religión. Fue decapitado el 8 o 9 de julio de 1539. El Papa León XIII lo beatificó el 13 de mayo de 1895.

BEATO EUGENIO III, Papa


8 de julio 


BEATO EUGENIO III,
Papa
(1539 d. C.)




   Pietro Bernardo Paganelli nació en Pisa. Era monje cisterciense, discípulo de San Bernardo de Claraval. A Eugenio le vetaron cualquier intervención y cualquier ingerencia en la gestión civil de la ciudad de Roma. Empezó entonces una larga peregrinación de ciudad en ciudad, llegando hasta Francia, donde celebró un par de sínodos y un concilio.

   En Reims consiguió poner en marcha la II Cruzada que Calixto ya había propuesto. La guerra contra los musulmanes, a la que tomaron parte entre otros Luis VII y Conrado III de Alemania, se hizo, pero fue un sonado fracaso. Esta Cruzada la había promovida el incansable Bernardo de Chiaravalle, que se mantuvo siempre fielmente al lado del papa.

   En 1153 murió Conrado III y le sucedió Federico Barbarroja. Eugenio tomó acuerdos con el nuevo emperador: con el tratado de Constanza Federico se comprometió en defender el «honor de la Iglesia» y el «Patrimonio de S. Pedro», mientras que el papa prometió la coronación y el «honor del Imperio». Con la seguridad de este apoyo Eugenio pudo regresar a Roma, se apoderó de ella, y llegó incluso a un acuerdo con los Romanos. Fue muy duro con Arnaldo de Brescia: le excomulgó y le echó de la ciudad.

   Eugenio empezó la construcción de un «edificio nuevo» que está considerado el primer núcleo de los actuales edificios vaticanos, restauró a fondo la basílica de Santa María la Mayor. Dictó normas para la composición del Sagrado Colegio, que se constituyó oficialmente en 1150. Aprobó la Soberana Militar Orden de Malta. Murió en Tivoli y está enterrado en las Grutas Vaticanas.

   Bernardo Paganelli, nació en los alrededores de Pisa, electo el 15 de Febrero de 1145; fallecido en Tívoli, el 8 de Julio de 1153 (el original dice 1151 pero es un error). En el mismo día que el Papa Lucio II sucumbió ya fuera a la enfermedad o a las heridas, el Sacro Colegio, previendo que el populacho romano haría un decidido esfuerzo por forzar al nuevo Pontífice a que abdicara su poder temporal y jurara alianza al Senatus Populusque Romanus, apresuradamente sepultó al difunto Papa en el Laterano y se retiró al remoto claustro de St.Caesareo sobre la Vía Apia. Aquí, por razones desconocidas, buscaron un candidato fuera de ese organismo, y unánimemente escogieron al monje cisterciense Bernardo de Pisa, abad del monasterio de Tre Fontane, sobre el lugar de martirio de San Pablo. Fue entronizado sin dilación en San Juan de Letrán como Eugenio III, y puesto que la residencia en la ciudad rebelde era imposible, el Papa y sus cardenales huyeron al campo. Su lugar de reunión fue en el monasterio de Farfa, donde Eugenio recibió la consagración episcopal. La ciudad de Viterbo, el hospitalario refugio de muchos de los afligidos Papas medievales, abrió sus puertas para recibirlo; y allá esperó el desarrollo de los acontecimientos. Aunque impotente frente al populacho romano, recibió seguridades de las embajadas de todas las potencias europeas que contaba con la simpatía y el cariñoso homenaje de todo el mundo cristiano.

   En relación a sus progenitores, su lugar de nacimiento e incluso el nombre original de Eugenio, cada uno de sus biógrafos ha propuesto opiniones diferentes. Todo lo que puede afirmarse con certidumbre es que era de la noble familia de los Paganelli, y si recibió el nombre de Bernardo en el bautismo o sólo al entrar en religión, permanece incierto. Fue educado en Pisa, y después de su ordenación fue hecho canónigo de la catedral. Más tarde tuvo el puesto de vice-dominus o administrador de las temporalidades de la diócesis. En 1130 cayó bajo la influencia magnética de San Bernardo de Claraval; cinco años más tarde cuando el santo volvía del Sínodo de Pisa, el vice dominus lo acompañó como novicio. En el curso del tiempo fue utilizado por su orden en varios asuntos importantes; y por último fue enviado con una colonia de monjes a repoblar la antigua abadía de Farfa; pero el Papa Inocente II los colocó en cambio en la de Tre Fontane.

   San Bernardo recibió la noticia de la elevación de su discípulo con asombro y alegría y dio expresión a sus sentimientos en la paternal carta dirigida al nuevo Papa, en el cual ocurre el famoso pasaje citado por reformadores, tanto auténticos como falsos: "¿Quién me concederá ver, antes de morir, la Iglesia de Dios como en los días de antaño cuando los Apóstoles lanzaban sus redes para una pesca, no de oro ni plata, sino de almas?". El santo, además, procedió a componer en sus pocos momentos de ocio ese admirable manual para Papas llamado "De Consideratione". Mientras Eugenio permanecía en Viterbo, Arnoldo de Brescia, quien había sido condenado al exilio de Italia por el Concilio en 1139, se aventuraba a regresar al inicio del nuevo pontificado y se entregaba a la clemencia del nuevo Papa. Creyendo en la sinceridad de su arrepentimiento, Eugenio lo absolvió y se unió a él en el ayuno penitencial y en la visita a la tumba de los Apóstoles. Si el veterano demagogo entró a Roma con ánimo de penitente, la vista de la democracia basada en sus propios principios lo hizo volver a su personalidad anterior. Se colocó a la cabeza del movimiento y sus incendiarias filípicas contra los obispos, cardenales e incluso contra el ascético pontífice que lo trató con extrema suavidad, influyeron en sus oyentes con tal furia que Roma semejaba una ciudad capturada por los bárbaros. Los palacios de los cardenales y los de la nobleza que apoyaban al Papa fueron destruidos hasta los cimientos; iglesias y monasterios fueron saqueados; la iglesia de San Pedro fue convertida en arsenal y los devotos peregrinos fueron asaltados y maltratados.

   Pero la tormenta era demasiado violenta para que durara. Sólo un idiota podía fallar en comprender que una Roma medieval sin Papa no tenía medios de subsistencia. En Roma y sus alrededores se formó un fuerte partido formado por las principales familias y sus adherentes, a favor del orden y el Papado, y los demócratas fueron inducidos a escuchar palabras de moderación. Se presentó a Eugenio un tratado por el cual el Senado era conservado pero sujeto a la soberanía papal y juraba alianza al Supremo Pontífice. Los senadores iban a ser electos anualmente por elección popular y el poder ejecutivo residiría en un comité formado de entre ellos. El Papa y el senado tendrían cortes separadas y podría hacerse apelarse de las decisiones de una, en la otra. En virtud de este tratado Eugenio hizo una solemne entrada en Roma unos días antes de Navidad y fue saludado por el veleidoso populacho con un entusiasmo sin límites. Pero el sistema dual de gobierno probó ser impracticable. Los romanos demandaron la destrucción de Tívoli. Este pueblo había sido fiel a Eugenio durante la rebelión de los romanos y merecía la protección papal. Él por tanto se negó a permitir que fuera destruido. Los romanos se pusieron más turbulentos , y él se retiró a Castel S. Angelo, de allí a Viterbo y finalmente cruzó los Alpes a principios de 1146.

   Ante el Papa había problemas de mucho mayor importancia que el mantenimiento del orden en Roma. Los principados cristianos en Palestina y Siria estaban amenazados con la extinción. La caída de Edessa (actual Urfa en el sur de Turquía, a 45 km. de la frontera con Siria) en 1144 había generado consternación en todo Occidente y ya desde Viterbo, Eugenio había dirigido un conmovedor llamado a la caballería de Europa para apresurarse en la defensa de los Santos Lugares. San Bernardo fue comisionado para predicar una Segunda Cruzada, y lo hizo con tal éxito que en menos de un par de años dos magníficos ejércitos, comandados por el rey de los Romanos y el rey de Francia, estaban en camino a Palestina. Que la Segunda Cruzada fuera un miserable fracaso no puede atribuirse ni a San Bernardo ni al Papa; pero es uno de esos fenómenos tan frecuentemente encontrados en la historia del Papado, que un Papa hecho para dominar a un puñado de súbditos rebeldes pudiera lanzar a toda Europa contra los sarracenos. Eugenio pasó tres ocupados y fructíferos años en Francia, decidido en la propagación de la fe, la corrección de errores y abusos, y el mantenimiento de la disciplina. Envió al cardenal Breakspear (el futuro Adrián IV) como legado a Escandinavia; entró en relaciones con los Orientales con vistas a la reunificación; procedió con vigor contra las nacientes herejías maniqueas. En varios sínodos (Paris, 1147; Tréveris, 1148), notablemente en el gran Sínodo de Reims (1148) se aplicaron los cánones sobre vestimenta y conducta del clero. Para asegurar la estricta ejecución de tales cánones, los obispos que ignoraran ponerlos en vigor fueron amenazados con la suspensión. Eugenio fue inexorable en el castigo de los indignos. Depuso a los metropolitanos de York y Mainz y, por un motivo que San Bernardo pensó que no era suficientemente grave, retiró el palio al arzobispo de Reims. Pero si el santo Pontífice a veces era severo, no era ésa su disposición natural.

   "Nunca", escribió el venerable Pedro de Cluny a San Bernardo, "he encontrado un amigo más verdadero, un hermano más sincero, un padre más puro. Su oído estaba listo para escuchar, su lengua es rápida y poderosa para aconsejar. Tampoco se comporta como superior de uno, sino más bien como un igual o un inferior... Nunca le he hecho una petición que no atendiera , o si la ha negado lo hizo de tal modo que yo no pude razonablemente quejarme". En ocasión de la visita que hizo a Claraval, sus anteriores compañeros descubrieron para su alegría que "él que tan externamente brillaba en sus vestiduras pontificias, en su corazón continuaba siendo un monje observante".

   La prolongada estadía del Papa en Francia fue de muchas maneras una gran ventaja para la Iglesia Francesa y acrecentó el prestigio del Papado. Eugenio también alentó el nuevo movimiento intelectual al que Pedro Lombardo había dado tanto impulso. Con la ayuda del cardenal Pullus, su canciller, quién había establecido la Universidad de Oxford sobre una base duradera, redujo a una mejor forma las escuelas de teología y filosofía. Animó a Graciano en su hercúlea tarea de ordenar las Decretales, y a él le debemos varias útiles regulaciones relativas a los grados académicos. En la primavera de 1148, el Papa regresó en fáciles etapas a Italia. El 7 de Julio reunió a los obispos italianos en Crémona, promulgó los cánones de Reims para Italia y solemnemente excomulgó a Arnaldo de Brescia, quien aún reinaba sobre el populacho romano. Eugenio, habiendo traído consigo una considerable ayuda financiera, comenzó a reunir a sus vasallos y avanzó hasta Viterbo y de allí a Tusculum. Aquí fue visitado por el rey Luis de Francia, a quién reconcilió con su reina, Eleanora. Con la ayuda de Roger de Sicilia, forzó su entrada a Roma (1149) y celebró Navidad en el Laterano. Su estadía no fue de larga duración. Durante los siguientes tres años la corte romana vagó en el exilio a través de Campania mientras ambos lados buscaban la intervención de Conrado de Alemania, ofreciéndole la corona imperial. Impulsado por las sinceras exhortaciones de San Bernardo, Conrado finalmente se decidió a bajar a Italia y poner fin a la anarquía en Roma. La muerte lo sorprendió en medio de sus preparativos el 15 de Febrero de 1152, dejando la tarea a su muy enérgico sobrino Federico Barbarroja. Los enviados de Eugenio habiendo concluido en Constanza, en la primavera de 1153, un tratado con Federico favorable a los intereses de la Iglesia y del imperio, y los más moderados de los romanos viendo que los días de la democracia estaban contados, se unieron a los nobles en derrocar a los seguidores de Arnoldo y el Pontífice fue capaz de pasar sus últimos días en paz.

   Se dice que Eugenio se había ganado el afecto del pueblo por su afabilidad y generosidad. Murió en Tívoli, a donde había ido para evitar los calores del verano, y fue sepultado en el altar mayor de San Pedro, en Roma. San Bernado lo siguió a la tumba (el 20 de Agosto). "El modesto pero astuto alumno de San Bernardo", dice Gregorovius, "había siempre continuado usando el burdo hábito de Claraval debajo de la púrpura; las virtudes estoicas del monasticismo le acompañaron a través de su tormentosa carrera y le confirieron ese poder de la resistencia pasiva que ha permanecido siempre el arma más efectiva de los Papas". Pío IX por un decreto del 28 de Diciembre de 1872, aprobó el culto que desde tiempo inmemorial los paisanos han rendido a su paisano y ordenó fuera honrado con Misa y Oficio ritu duplici en el aniversario de su muerte.

sábado, 7 de julio de 2012

SAN ALIRO, Obispo y Confesor


7 de julio

SAN ALIRO, 
Obispo y Confesor

Predicamos la sabiduría a los perfectos,
no la sabiduría de este mundo ni de los príncipes 
 de este mundo que pasan, sino que predicamos
la sabiduría de Dios. 
(1 Cor. 2, 6-7).

   San Aliro, obispo de Clermont, en Auvernia, echó al demonio que se había posesionado de la hija del emperador Máximo. Éste, en agradecimiento, le envió una ingente suma de dinero; pero el santo la rehusó, por temor de ser poseído por un demonio más peligroso que aquél al que había echado y obtuvo en su lugar un privilegio para su ciudad episcopal. Curó a gran número de enfermos y resucitó a varios muertos. La muerte no le impidió hacer bien a los que lo invocaban. Y no es para sorprenderse, puesto que los santos tienen en el cielo, para los hombres, el mismo amor que tenían en la tierra, con la diferencia de que allí su poder es más grande.

MEDITACIÓN SOBRE TRES CLASES  
DE COSAS QUE DEBEMOS PREVER

   I. La prudencia, que es como el ojo de nuestra alma, debe hacernos prever tres cosas. Las adversidades, primeramente, porque ellas abaten menos cuando han sido previstas. Es menester prepararse a recibir de manos de Dios todo lo que pueda sucedemos de más desagradable en el estado en que nos hayamos alistado. Si la adversidad que esperamos nos acaece, estaremos dispuestos a recibirla sin turbación, sin emoción y con mérito; si la desgracia nos perdona, Dios tendrá en cuenta nuestra buena voluntad.

   II. A menudo caemos en pecado, porque no prevemos las ocasiones, en las que estaremos expuestos a ofender a Dios. Al comenzar el día y tus principales acciones, piensa en los peligros en los que correrás riesgo de perderte, y ponte en guardia contra esos peligros, mediante el pensamiento de la presencia de Dios y de la cuenta que habrás de dar a tu Juez sobre la acción de que se trate.

   III. En fin, prevé el bien que puedas hacer en cada una de tus acciones, como el mercader prevé todas las ocasiones de enriquecerse. Habrías llegado ya a alto grado de perfección, si hubieses sabido aprovechar todas las ocasiones de santificarte. ¡Cuántas veces al día podrías renunciar a tu propia voluntad, privarte de algún placer, ejercer la caridad para con tu prójimo, elevar tu corazón a Dios, ofrecerle tus acciones! He aquí aquello sobre lo cual debieras ejercer tu prudencia, en lugar de considerar cómo podrás amontonar bienes que habrás de abandonar a la muerte. Nos descuidamos a nosotros mismos y ponemos todo nuestro afán en lo que no nos puede seguir a la otra vida. (San Juan Crisóstomo).

La huida del pecado
Orad por la conversión
de los pecadores.

ORACIÓN

   Haced, os lo rogamos, Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Aliro, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvaci6n. Por J. C. N. S. Amén.

SAN FERMÍN Obispo y Mártir


7 de julio

SAN FERMÍN  
Obispo y Mártir(1) 
   
   Pamplona era entonces Pompelon, una pequeña aglomeración urbana fundada por los romanos, presidiendo en el centro de la tierra navarra, sobre una pequeña meseta a las orillas del Arga, una llanura rodeada de montañas. Los vascos habitantes de esta llanura conocían esa población romana con el nombre de Iruña, es decir, la ciudad. Según Estrabón: "Sobre la Jaccetania, hacia el Norte, habitan los vascones, en cuyo territorio se halla Pompelon

   Pompelon, producto humano lógico, tenía para los romanos un valor estratégico, pero asimismo realizaba otra importante misión: reunía las ásperas montañas pirenaicas, tras las cuales se extendían los ubérrimos campos de Aquitania, con la comarca de las riberas colindantes con el Ebro. Pompelon era un punto de confluencia en el trazado de las vías romanas que atravesaban Navarra.

   Aún no había cristianos en el país. Los más antiguos cuentos del folklore vasco, unos cuentos de contextura esquemática que resuenan todavía desde un fondo de siglos, establecen la separación de dos mundos radicalmente distintos: el mundo cristiano y el mundo anterior a la evangelización del país. Hay en algunos de esos seculares cuentos, procedentes casi todos de una edad pastoril, alusiones claras a las primeras iglesuelas cristianas y al conjunto de prevenciones y de resistencias que su emplazamiento exaltaba entre los gentiles. El vasco introdujo en su milenario idioma el adjetivo "gentil" (jentillak, los gentiles), expresando así el mundo idolátrico de sus antepasados, desconocedores del cristianismo o refractarios a su introducción.

   Todos los habitantes de la tierra vasca eran entonces gentiles, lo mismo, que fuesen pastores en el campo que los avecindados en las aglomeraciones urbanas. Pompelon y sus habitantes pertenecían al mundo del paganismo. Entre esos habitantes se contaba Firmo, alto funcionario de la administración romana en la ciudad, y su esposa Eugenia, matrona de ilustre ascendencia. Todo hace imaginar, sin embargo, que Firmo y Eugenia, aunque paganos, eran creyentes, que sus almas sentían aspiraciones mucho más allá de sus efigies tutelares predilectas. Firmo y Eugenia ofrendaban, sacrificaban en los altares de su culto con la sencilla fe del pueblo que creía en sus dioses con una pasión que durante casi medio milenio hizo frente al cristianismo, que avanzaba con fuerza arrolladora. En la fe pagana del pueblo había ardor y había vitalidad. Esto explica los mártires.

   En la vida de Fermín, el hijo de Firmo y Eugenia, nos movemos en un mundo de conjeturas, pero la mención del nombre de la madre evoca la gran receptibilidad de las mujeres paganas a la nueva doctrina destinada a toda la humanidad, sin excluir de la esperanza a los más humildes y despreciados, y que traía un positivo consuelo a los desesperados y a los vacilantes.

   Las viejas hagiografías describen a Firmo y Eugenia dirigiéndose al templo de Júpiter para ofrecer sacrificios, y detenidos en el camino a la vista de un extranjero que con dulce y grave palabra explicaba al pueblo la figura y la doctrina de Cristo. Al llegar aquí hay que imaginarse el amoroso ardor de aquellos humildes y eficaces apóstoles, mucho más cercanos que nosotros en el tiempo a la figura de Jesús.

   Firmo y Eugenia invitaron a su hogar al extranjero, hondamente impresionados por el discurso de éste. Honesto, que así se llamaba el apóstol, explicó a aquellos los fundamentos de la religión cristiana, y cómo venía de Tolosa de Francia, de donde le había enviado el santo obispo Saturnino, discípulo de los apóstoles, con la concreta misión de difundir en Pompelon la fe de Jesucristo. Las convincentes palabras de Honesto en la intimidad del hogar de Firmo conmovieron todavía más a éste, que no solamente dio a aquél esperanzas de convertirse al cristianismo, sino que, además, manifestó deseos de conocer a Saturnino.

   El santo obispo de Tolosa no tardó mucho en acceder a los deseos de Firmo. Una cosa es la gran devoción de Pamplona y Navarra a San Saturnino, pero tiene sobre todo importancia ese recio resumen de su obra apostólica que acostumbran añadir los navarros a la mención del mártir y que vale por la mejor biografía:

   "San Saturnino, el que nos trajo la fe".

   Cuentan que Saturnino evangelizó en Navarra más de cuarenta mil paganos, entre ellos a Firmo, Fausto y Fortunato, los tres primeros magistrados de Pompelon, y que, a impulsos de aquella ardorosa predicación, se construyó rápidamente la primera iglesia cristiana, que pronto resultó insuficiente.

   Todos estos preliminares, un poco largos, resultan necesarios para explicar la figura de Fermín, el hijo de Firmo y Eugenia, niño de diez años de edad, que Honorato se encargó de modelar en el espíritu al quedar a la cabeza de la grey de Pompelon, vuelto ya Saturnino a Tolosa. La historia de Fermín, a esa grande e imprecisa distancia histórica, resulta demasiado lineal, pero no por eso menos reveladora del ardor de aquellos heroicos confesores de Jesucristo, íntimamente comprometidos a confesarla dondequiera y en cualquier situación que fuese. Honesto, dedicando con afán sus esfuerzos al alma que él adivinó excepcional del niño Fermín, obtuvo que éste, ya para los dieciocho años, hablara en público con admiración de todos los oyentes. Firmo y Eugenia enviaron entonces a Fermín a Tolosa, poniéndole bajo la dirección de Honorato, obispo y sucesor de Saturnino. Este, no menos admirado del talento y de la prudencia de Fermín, venciendo su modestia, le ordenó presbítero, consagrándolo después obispo de Pamplona, su ciudad natal.

   El celo evangelista de Fermín en su tierra navarra emparejaba con el de su antecesor Saturnino. Al conjuro de la palabra entusiasta de Fermín los templos paganos se arruinaban sin objeto y los ídolos hacíanse pedazos: en poco tiempo el territorio fue llenándose de fervorosos cristianos.

   Las devociones fundamentales de San Fermín eran precisamente las devociones fundamentales, dicho sea sin ánimo de paradoja: la Santísima Trinidad y la Santísima Virgen María. Invocando a la Santísima Trinidad, la devoción de las devociones, operaba milagros tan prodigiosos que los gentiles en Navarra y en las Galias llegaron a mirarle como un dios. Vamos a dejar a un lado la leyenda. Digamos en lenguaje actual que el amor de Dios inflamaba el alma de Fermín en una caridad milagrosa.

   Fermín, después de ordenar suficiente número de presbíteros en su tierra, pasó a las Galias, cuyas regiones reclamaban el entusiasmo del joven obispo, pues a la sazón ardía en ellas furiosa la persecución. La indiferencia ante la persecución constituía en Fermín otra manera de predicar y no precisamente la menos eficaz. Los paganos de Agen, de la Auvernia, de Angers, de Anjou, en el corazón de las Galias, y también en Normandía, quedaban admirados de aquella presencia que daba sereno testimonio de Cristo, indiferente a todos los peligros. El ansia tranquila del martirio movía a Fermín.

   Esta ansia dirigió a Fermín hacia Beauvais, donde el presidente Valerio sostenía una crudelísima persecución contra todo lo que tuviera nombre de cristiano. Fermín, encerrado muy a poco de llegar, hubiese muerto en la prisión, víctima de durísimas privaciones y sufrimientos, de no haber acaecido la muerte de Valerio, circunstancia que el pueblo creyente aprovechó para ponerlo en libertad. La fama de su entereza moral y su gesto de comenzar a predicar públicamente a Jesucristo tan pronto como salió de la cárcel movieron en aquélla ocasión eficazmente el corazón de muchos paganos, que juntamente con los viejos cristianos, contagiados todos ellos del entusiasmo de Fermín, edificaron iglesias por todo el territorio.

   A Fermín, infatigable, se le señala en la Picardia y más tarde, de regreso de una correría por los Países Bajos, otra vez en la ciudad de Amiéns, capital de aquella región, en donde había de encontrar gloriosa muerte. La cercanía intuida del martirio acrecentó más todavía su santa indiferencia y el entusiasmo de Fermín, ya incontenible en su empeño de predicar a Jesucristo. Por otra parte, la fe de Fermín seguía operando prodigios asombrosos, comparables a los de los primeros apóstoles.

   El pretor de Amiéns, alarmado de aquel ascendiente, llamó a su presencia a Fermín; pero, prendado de su persona y de la sinceridad de sus palabras, mandó ponerle en libertad. Pero, como Fermín insistiera en predicar al pueblo la fe en Cristo, el pretor, volviendo de su acuerdo, ordenó encerrarlo en la prisión. La agitación del pueblo creyente, mal resignado con esta medida, determinó un miedoso y cruel impulso del pretor: mandó cortar la cabeza a San Fermín en la misma cárcel. En medio de la consternación de los cristianos un tal Faustiniano, convertido por San Fermín, tuvo el valor de atreverse a rescatar el cuerpo decapitado para enterrarlo provisionalmente en una de sus heredades, y más tarde, con todo sigilo, trasladó los restos de aquel gran devoto de María a una iglesia que el mismo San Fermín había dedicado a la Santísima Virgen.

 JOSÉ DE ARTECHE   
  • (1) También se celebra el 25 de septiembre



SAN CIRILO, Monje Y SAN METODIO, Obispo Co-patronos de Europa


7 de julio 



SAN CIRILO, Monje 
 Y SAN METODIO, Obispo
Co-patronos de Europa



   Las vidas paralelas de estos dos santos hermanos del siglo IX adquieren relieve de trascendente actualidad en el siglo XX. Son ellos, no sólo apóstoles de los países eslavos, sino también portaestandartes de la fidelidad a Roma en los tiempos borrascosos que preludiaron el cisma oriental. Focio, que había de ser patriarca de Constantinopla y primer promotor de la ruptura bizantina con Roma, fue profesor y jefe eclesiástico de ambos. Supieron ellos a tiempo desligarse del cismático patriarca, para seguir en unión con Roma, centro de la catolicidad. Su táctica marca un hito perenne en los actuales problemas de la unión de los cristianos.

   Los hermanos Cirilo y Metodio nacieron en Salónica, hermosa y antigua ciudad de la Macedonia griega, a principios del siglo IX. La ciudad se distinguía por su carácter cosmopolita, y los tesalonicenses aprendían con gusto los mas extraños idiomas, gloriándose de poder entender hasta los bárbaros del Norte y mantener activo comercio con las regiones más recónditas de la Panonia, de la Misia y de la Dacia. El valle del río Vardar, en cuya desembocadura se encuentra la ciudad, forma como un corredor de entrada a la península Balcánica y a la región danubiana. Salónica era por eso plaza fuerte tan celosamente atendida por los emperadores bizantinos, ya que, perdida ella, podía darse por terminada la dominación griega en los Balcanes. Eslavos y búlgaros intentaron varías veces apoderarse de Salónica, pero en su fracaso llegaron a establecerse pacíficamente en los suburbios de la ciudad. Entre estas gentes sencillas aprendieron los dos hermanos el difícil e inculto idioma eslavo.

   Su padre se llamaba León y ocupaba el alto cargo de lugarteniente general de la zona militar; hombre versado no sólo en asuntos militares, sino filosóficos y religiosos, en su biblioteca abundaban las obras de los Santos Padres, particularmente las de San Gregorio Nacianceno. Tanto él como su señora eran de noble abolengo y muy piadosos. Tuvieron siete hijos, de los que Metodio era el primero y Cirilo el último. Aquél nació en 815, éste en 826. Lo mismo el nombre de Metodio que el de Cirilo son monásticos; Cirilo se llamaba Constantino, debiendo el nombre de Metodio de empezar igualmente por M, según la costumbre monacal de permutar el nombre propio por otro que empezase por la misma letra.

   Muy joven aún, Metodio fue nombrado gobernador de la provincia de la Macedonia interior, en las fronteras de la actual Albania, donde ya se establecían los eslavos. Allí conoció el espíritu y las necesidades de este pueblo.

   Cirilo inició sus estudios en Salónica. En ese tiempo leía y releía las obras de San Gregorio Nacianceno, aprendiendo de memoria sus maravillosas composiciones poéticas y aspirando a la sabiduría divina que brillaba en los escritos del maestro. Muerto prematuramente León, cuando Cirilo tenía sólo catorce años, fue éste acogido bajo la protección de Teoctistos, canciller imperial y primer ministro de la emperatriz Teodora, quien le llamó a Constantinopla para completar allí su formación.

   Constantinopla estaba en el siglo IX en el apogeo de su esplendor: era, efectivamente, la capital del mundo civilizado y centro importantísimo de cultura cristiana. El patriarcado gozaba de muchísimos privilegios, lo que, unido a la intromisión de los poderes civiles en el terreno eclesiástico, ofrecía terreno propicio a las intrigas y a la venalidad de los altos dignatarios de la Iglesia. Los monjes eran los que preferentemente salvaguardaban la ortodoxia y defendían la Iglesia de las injerencias civiles. El pueblo era profundamente piadoso, datando de entonces el incremento del culto a las sagradas imágenes, con la derrota de la herejía iconoclasta el 19 de febrero de 842. Gobernaba el patriarcado el santo monje Ignacio.

   Teoctistos cedió a Cirilo un cuarto en su propio palacio y le inscribió en la universidad Imperial, que funcionaba en la misma corte, no lejos de Santa Sofía. Sus maestros fueron León, el sabio más ilustre de la ciudad, por sobrenombre el Filósofo o el Matemático, y Focio. Este, a despecho de haber alumbrado el cisma oriental, poseía, con todo, una ciencia prodigiosa y grandes méritos en el campo filosófico, histórico y aun teológico. Focio era entonces seglar. Cirilo hizo notables progresos en el conocimiento de la antigüedad clásica y en las obras de los Santos Padres. No pudo, en cambio, mantener relaciones cordiales con el arrogante Focio, que odiaba al canciller, a la emperatriz, al santo patriarca Ignacio y a los monjes en general. A Cirilo le asqueaba la vida oficial y decidió retirarse a un monasterio. Ante las súplicas de Teoctistos y la influencia de la emperatriz demoró Cirilo su retiro. El año 847 recibió la ordenación sacerdotal y fue nombrado bibliotecario patriarcal, archivero curial y secretario del Consejo Eclesiástico. Ante las injusticias de que a diario era testigo en el desempeño de su cargo, Cirilo desapareció misteriosamente. Obligado a regresar a Constantinopla, en el momento en que su maestro Focio era elevado a la dignidad de patriarca, aceptó sustituirle en la cátedra de filosofía; tanto se distinguió en ella que a los veinticinco años era ya universalmente conocido con el sobrenombre de "filósofo".

   Durante los reinados de Teodora y Miguel venían del Norte y del Oriente legaciones de pueblos extranjeros a Constantinopla, buscando en Bizancio protección y luz. Los emperadores enviaban embajadores mitad religiosos mitad políticos, para poner trabas a las empresas mahometanas y germanas.

   Cirilo fue escogido el año 851 para acompañar, en calidad de intérprete y consejero, una delegación imperial a la corte del califa de Bagdad.

   Coincidiendo con su retorno a Constantinopla se acentúan sus ansias de soledad y sus preocupaciones por la vida monástica. Debió estar en correspondencia con su hermano Metodio, quien, tras los desengaños experimentados en su gobierno, abandonó la carrera administrativa y abrazó la vida monástica, entrando el año 853 en un monasterio del monte Olimpo. Este monte Olimpo no tiene relación alguna con el Olimpo griego, morada de los dioses mitológicos; estaba situado en el Asia Menor, no lejos del mar de Mármara, cerca de la actual ciudad de Brus; era conocido como el Olimpo asiático o bitinio, centro monacal de contemplación y de estudio. Cirilo siguió a su hermano Metodio en las soledades del monasterio.

   Fue ésta una época de paz para ambos hermanos, en la que harían grandes acopios de santidad y de ciencia sagrada. Constantinopla, en cambio, era un volcán de pasiones. Bardas, hermano de Teodora, hombre ambicioso e inmoral y tutor de Miguel, legítimo heredero del trono, acabó por encarcelar y asesinar a Teoctistos, expulsar del trono a Teodora, desterrar al patriarca Ignacio y entronizar al arribista Focio. Este no olvidó a los dos hermanos y para captárselos a su bando les ofreció dignidades, que ellos rehusaron valientemente. Focio buscaba desde entonces un pretexto para alejarlos diplomáticamente del Imperio; en esto coincidía con los deseos de ambos hermanos, que no podían reconocer la autoridad de Focio. Pronto se presentó una ocasión oportuna para ello.

E   l hakán de los kázaros envió, hacia el año 861, una embajada a Constantinopla, solicitando misioneros que confutasen los errores islámicos y judíos. Cirilo y Metodio parecieron los sujetos más aptos para esta empresa; Cirilo como director, Metodio como consejero. A través del Quersoneso, al sur de la península de Crimea, se dirigen el año 861 al país de los kázaros en la costa del mar Negro, entre el Don y el Cáucaso, donde fueron recibidos con todos los honores. Dios bendijo en forma extraordinaria esta misión, en la que los hermanos demostraron dotes excepcionales, además de la santidad de sus vidas, para adaptarse a mentalidades extrañas para aprender lenguas extranjeras y sobre todo para no mezclar en su apostolado la religión con el nacionalismo o la Política. Su labor fue sencillamente cristianizar, a base del respeto a los usos y costumbres de los pueblos. Cirilo escribió entonces una obrita para confutar los errores judaizantes de que estaban contagiados los kázaros. Metodio la tradujo al eslavo, pero de ella no quedan sino pocos fragmentos. Más de 200 dignatarios abrazaron el cristianismo y la amistad entre Bizancio y el kan quedó firmemente cimentada.

   Un suceso llenó de alegría el corazón de los hermanos a su paso por Kerson: el hallazgo del cuerpo de San Clemente Romano en unas ruinas de la islita que está frente a la ciudad, en la tarde del 23 de enero. Los sagrados despojos fueron llevados primeramente a la catedral, donde quedó una parte de ellos; la otra la conservó Cirilo, llevándola consigo a Constantinopla y más tarde a Roma.

   De vuelta a Constantinopla, el emperador y el patriarca los recibieron con el honor que correspondía al éxito de su misión. Los dos hermanos volvieron a retirarse al monasterio del monte Olimpo, pero su retiro debió de durar poco tiempo.

   Entran ahora en escena los pueblos eslavos. Ratislao, príncipe de Moravia, enviará una embajada a Bizancio solicitando también misioneros. Hacia el siglo IX se habían extendido ya los eslavos desde las llanuras de la Rusia meridional, por el norte, hasta el mar Blanco; por el sur, hacia el Adriático y el Egeo; por el occidente habían penetrado hondamente en Alemania y por el este llegaban al Volga. Se habían formado incluso varios Estados eslavos, tanto al norte como al centro y sur de Europa. Entre ellos se distinguía por su creciente poderío la nación morava.

   Moravia había sido ya precedentemente cristianizada, al menos en parte, por misioneros alemanes, pero con escaso éxito, debido, sin duda, a la falta general de adaptación al medio ambiente. Es natural que a un pacto entre príncipes se unieran el motivo religioso y el político; el rey moravo soñaba con poner trabas a la expansión germánica, el emperador bizantino acariciaba la idea de extender su influencia entre los pueblos de Centroeuropa. Cirilo y Metodio, ajenos a las miras políticas de ambos reyes, pensaron solamente en cristianizar. Estudiaron mejor las costumbres del país, se hicieron rápidamente cargo del sistema conducente a la evangelización de los eslavos y sacaron la conclusión de que se imponía una liturgia oriental en lengua del país, en consonancia con la doctrina de la adaptación.

   La empresa debió ser ardua por muchos conceptos. Primero, por lo que parecía una innovación en metodología misional; segundo, por la oposición de los alemanes.

   No debía ser, efectivamente, fácil introducir una liturgia en lengua nativa, dado que no existía alfabeto eslavo. Cirilo, que ya en un principio se había esforzado por transcribir algunas palabras eslavas con la ayuda del alfabeto griego, renueva ahora ahincadamente sus esfuerzos, logrando definitivamente adaptar los caracteres cursivos griegos a la lengua eslava, supliendo con media docena de signos originales los sonidos eslavos inexistentes en la fonética griega. Surge así el alfabeto llamado "glagolita" (de glagol = palabra), con el que tradujeron progresivamente los libros indispensables para el culto y el conocimiento de la Sagrada Escritura. Este milagro lingüístico produjo enorme impresión en la corte bizantina.

   El alfabeto "glagolita" no debe confundirse con el "cirílico", basado en la aplicación a la fonética eslava de los signos unciales griegos. Aunque este último lleva el nombre de "cirílico" por San Cirilo, con todo, su autor parece que fue Clemente, uno de sus discípulos. Cirilo es únicamente autor del "glagolita". Digamos de paso que las traducciones de la Sagrada Escritura a la lengua eslava llevan el sello de los mejores códices antiguos conservados por los monjes del monte Olimpo, siendo, aunque tardías, de gran importancia para la crítica textual y para la restauración del texto bíblico original.

   El éxito de los dos hermanos entre los moravos fue enorme, pero chocaron con la resistencia tenaz de los misioneros germanos, que veían en ellos dos vagabundos filósofos, perturbadores de la paz religiosa en los terrenos feudos de Germania. Pero el príncipe los protegía con su apoyo, el pueblo los quería, admirando en ellos unos griegos finos, cultos y enérgicos, que hablaban la lengua de su país y les presentaban la palabra de Dios adaptada a su mentalidad. La mies fue tan copiosa que faltaban sacerdotes para tanto fruto de conversiones. Ninguno de los dos era obispo, y Metodio ni siquiera sacerdote.

   Con la intención de interesar algún prelado en la empresa de convertir a los eslavos se ponen en camino, acompañados de algunos de sus discípulos; atraviesan la parte inferior de la Panonia, donde entran en relaciones con el príncipe Kocel, que la gobernaba como vasallo del Imperio germánico. Estuvieron allí unos seis meses; Kocel aprendió la escritura eslava y puso bajo el magisterio de Cirilo 50 jóvenes de su séquito, para que les enseñase los libros eslavos y los rudimentos de la fe; él mismo acompañó a los peregrinos hasta las fronteras de su reino y más tarde se había de interesar ante Roma en que Metodio fuese nombrado obispo de Panonia. Al llegar a Venecia encontraron, por el contrario, fría acogida por parte del patriarca y del clero, prevenido ya por los rumores adversos que sobre ellos corrían; estos rumores, en forma concreta de acusación de apostasía y de herejía, habían llegado hasta Roma, promovidos por el clero germano. De no mediar el elemento político, que encendía las pasiones nacionalistas y ofuscaba la inteligencia de la verdad católica, no se explicaría esta hostilidad contra los apóstoles hermanos. Ellos practicaban sencillamente la adaptación, cual lo había hecho Jesucristo, los apóstoles, toda la Iglesia primitiva al evangelizar el mundo; pero, aun dado caso de que en el siglo IX o en los pueblos eslavos no conviniera ya continuar el mismo sistema, una cosa meramente metodológica no es para provocar acusaciones tan graves.

   Los dos hermanos continúan viaje a Roma. El recibimiento fue apoteósico y, por ende, inesperado. Había corrido la voz de que eran portadores de las reliquias de San Clemente; el Papa Adriano II, numerosos cardenales y obispos, una muchedumbre inmensa de ciudadanos les salieron al encuentro y llevaron procesionalmente el santo cuerpo del papa romano. El Papa tuvo ocasión de conversar largamente con Cirilo, y prendado de su profunda piedad, de su intachable ortodoxia, de su celo apostólico, bendijo largamente a los hermanos y aprobó sus proyectos misioneros. Metodio y otros tres eslavos recibieron la ordenación sacerdotal y celebraron su misa en rito eslavo, los días 5 y 6 de enero, respectivamente, del año 868. Los libros eslavos, bendecidos por el Papa, recibieron como su consagración al ser colocados oficialmente sobre el altar de Santa María ad praesepe (Santa María Mayor). Ante una reunión de cardenales, obispos y teólogos, presidida por el Papa, Cirilo expuso sus proyectos apostólicos; fue aplaudido unánimemente, excepción hecha de los que simpatizaban con el emperador de Alemania, que veían en la nueva liturgia eslava una barrera al poder expansionista de los príncipes germanos.

   Se quiso nombrar obispo a Cirilo; pero, enfermo desde la misión a los kázaros, se agravó rápidamente y tras despedirse de su hermano Metodio y de todos los presentes, se durmió en la paz del Señor el 14 de febrero de 869. Antes de morir, y después de recibir los últimos sacramentos hizo la profesión monacal y cambió el nombre de Constantino por el de Cirilo. Los funerales fueron presididos por el mismo Papa, quien mandó que su cuerpo recibiera sepultura en la basílica de San Clemente, junto a las reliquias que él mismo había traído.

   Metodio, que, a pesar de ser mayor que su hermano, había sido siempre su fiel ayudante, toma ahora el timón de la desolada misión morava. Si no tenía la preparación teológica y científica de su hermano Cirilo, poseía, en cambio, en alto grado el don de mando y de gobierno. Regresa al Oriente en calidad de "misionero apostólico de los eslavos" y de "legado pontificio", y portando cartas para los príncipes Ratislao, Kocel y Sviatopolk. Llamado nuevamente a Roma, volvió a la Ciudad Eterna acompañado de nobles varones y de veinte candidatos al sacerdocio. Metodio fue consagrado obispo a fines de 869 y nombrado primer arzobispo de Sirmio (Srem), diócesis que se extendía a Moravia, Panonia, Servia y por el norte hasta la Sarmacia (desde la frontera griega hasta más allá de los Cárpatos). Esta archidiócesis debía separar el Oriente bizantino y el Occidente romano-germánico, germen de seculares luchas.

   Cuando, en 870, Metodio torna a la misión para tomar posesión de su archidiócesis, encontró las cosas cambiadas. Sviatopolk, tío de Ratislao, había hecho causa común con los príncipes y obispos alemanes; Ratislao, protector fiel de Metodio, fue hecho prisionero y desapareció, sin vestigio, de la escena. Metodio fue encerrado en una torre, donde le hicieron sufrir ultrajes y humillaciones durante dos años y medio, queriéndole obligar a renunciar sus cargos y dignidades. El año 872 tuvo noticias del secuestro el papa Juan VIII, quien mandó bajo excomunión que fuese puesto en libertad; el obispo de Ancona, "legado pontificio ad hoc", le liberó de la cárcel y Metodio prosiguió incansable su obra evangelizadora. Por todas partes era recibido como "enviado del cielo". Sus discípulos se extendieron por el norte entre los ucranianos y polacos, y por el sur entre los panonios, croatas y servios.

   Los alemanes arreciaban en sus acusaciones de herejía contra Metodio, y el Papa le impone el sacrificio de abandonar la liturgia eslava. Importaba menos a Metodio el triunfo momentáneo de sus enemigos que el fracaso de una misión tan fecunda; por eso emprendió un nuevo viaje a Roma en 879, para responder de las acusaciones de herejía y de innovación en la liturgia. Juan VIII aprobó enteramente su ortodoxia y su liturgia. Metodio pudo volver justificado a su misión. Hacia el 882 lo encontramos en Constantinopla y poco tiempo después muere entre sus fieles el 6 de abril de 884. Se le hicieron grandiosos funerales con oficios en latín, griego y eslavo: "Reunido el pueblo en masa con cirios y lágrimas, acompañó a su buen pastor. Allí estaban todos, hombres, mujeres, niños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, viudas y huérfanos, extranjeros e indígenas, enfermos y sanos, porque Metodio se había hecho todo para todos, para salvarlos a todos".

   Su cuerpo fue llevado posteriormente a Roma y colocado en San Clemente, junto al de su hermano Cirilo. Un cuadro sintetiza su santidad: el alma de Cirilo es presentada al supremo juez por sus dos santos protectores, Miguel y Gabriel, príncipes de las milicias celestiales; San Andrés y San Clemente asisten al trono divino y el hermano Metodio levanta suplicante el cáliz eucarístico en sufragio del difunto. Ambos juntos suelen ser pintados por los iconógrafos bizantinos leyendo y bautizando en Moravia, con un hombre arrodillado a sus pies, que les ofrece pan y sal, según el rito de los eslavos, en signo de amistad.

   Cirilo y Metodio esperan en Roma la hermosa hora del encuentro y del abrazo. Son como el Oriente hincado en el corazón de Roma. Son como los testigos de una caridad unitiva que traspasa pueblos y coliga siglos.

   Además de las fiestas en el día de su muerte (14 de febrero y 6 de abril), se les honra con una fiesta común, lo mismo en la Iglesia oriental que en la latina. León XIII puso sus nombres en el Misal Romano el 25 de octubre de 1880, fijando su fiesta para el 5 de julio, que luego, en diciembre de 1887, fue trasladada al 7 del mismo mes; en el rito, oriental se celebra el 11 de mayo, tanto por los católicos como por los disidentes.

 SANTIAGO MORILLO, S. I.

SAN PANTENO, Padre de la Iglesia


7 de julio 


SAN PANTENO, 
Padre de la Iglesia



   El sapientísimo y apostólico doctor de la Iglesia san Panteno, a quien san Clemente de Alejandría llama por su elocuencia la Abeja siciliana, fue natural de Sicilia, y antes de convertirse a la verdadera fe, profesaba la filosofía en la secta de los estoicos. Mas habiendo conversado y trabado amistad con algunos cristianos, quedó tan enamorado de la doctrina de Jesucristo que le enseñaron que, dejando las supersticiones de los falsos dioses y los libros de la humana filosofía, abrió los ojos a la luz de la fe y abrazó de todo corazón la sacrosanta ley del Evangelio. Después de su conversión, estudió con gran cuidado las divinas Escrituras, conferenciando sobre ellas con algunos varones virtuosos y eruditos que habían sido discípulos de los santos apóstoles y pasando luego a la ciudad de  Alejandría se hizo discípulo de los que lo habían sido del Evangelista san Marcos, y enseñaban en aquélla famosa escuela Alejandría, la misteriosa figura del Hijo de Dios. Escuchaba en silencio todas sus lecciones, y ocultaba con tan rara modestia y humildad sus grandes talentos, que costó harto trabajo a sus maestros el descubrirlos; hasta que el año 179 por voz común de todos fue nombrado maestro de aquélla cátedra, en la cual por espacio de muchos años explicó la filosofía de las divinas Escrituras con gran aplauso y reputación de sabiduría. Porque fue en efecto san Panteno el primer maestro cristiano de su siglo, y glorioso padre doctor de la Iglesia, y como enseñaba con excelente método, atraía de muchas y lejanas tierras a numerosos discípulos los cuales, viendo la gran ventaja que hacía aquélla doctrina del cielo a las de los otros fílósofos, abrazaban la fe cristiana, y pregonaban por todas partes la admirable sabiduría de su maestro. Los cristianos de la India, que venían a Alejandría para entender en sus negocios, le enviaron un mensaje, rogándole que fuese a su país a refutar a los doctores brachmanes, y el santo vencido por sus ruegos, dejó por algún tiempo su escuela, y se encaminó a aquellas apartadas regiones. Demetrio, Obispo de Alejandría, confirmó su misión y le nombró predicador del Evangelio En las naciones del oriente. Refiere Eusebio que san Panteno vio sembrada ya en aquéllas Indias alguna semilla de la fe, y halló un libro del Evangelio de san Mateo escrito en lengua hebrea, que había dejado allí san Bartolomé, Apóstol del Señor, y que san Panteno lo trajo a Alejandría, después de haber evangelizado con gran fruto a los hindúes durante algunos años. Finalmente, mientras el glorioso doctor san Clemente gobernaba la célebre escuela pública de Alejandría, su maestro san Panteno, que era ya de edad muy avanzada, continuó todavía leyendo algunas lecciones privadamente, hasta que lleno de méritos y virtudes, en el reinado del emperador Caracalla acabó la peregrinación de su vida gloriosa.

REFLEXIÓN

   Utilísima es a la Iglesia de Dios la profunda sabiduría de los sagrados doctores, no porque nuestra sacrosanta fe tenga necesidad de filósofos que demuestren su divina verdad, porque la Religión católica no es alguna teoría o sistema filosófico, sino un acontecimiento histórico público y notorio a más no poder: sino porque los santos doctores enseñan la doctrina cristiana en toda su pureza, y como la recibieron de mano de los Apóstoles y discípulos de Jesucristo, y la defienden contra todos los herejes y filósofos libertinos.

ORACIÓN

   ¡Oh Dios! que nos alegras con la anual solemnidad de tu confesor san Panteno, concédenos propicio, que imitemos las virtuosas acciones de aquel santo cuyo nacimiento para el cielo celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN ILIDIO DE CLERMONT Obispo


7 de julio 


SAN ILIDIO DE CLERMONT 
Obispo 
(384)

     San Ilidio de Clermont, fue el cuarto obispo de Clermont. En 370 Máximo, el uurpador del imperio, lo llamó a la corte a fin de qie liberase a su hija enferma o endemoniada. El santo la curó y, como recompensa, obtuvo del emperador que en Alvernia la tasa sobre el vino y sobre el grano que se pagaba en especies se pagase en contante.

   El santo murió probablemente en 384, porque en el concilio de Clermont del año siguiente tomó parte su sucesor, Nepoziano. Fue sepultado en la iglesia de Santa Maria de los Santos. Según el testimonio de san Gregorio de Tours, sobre su tumba se verificaron muchos milagros, cque él mismo constató, por lo que quiso dedicar a San Ilidio un oratorio en su ciudad. En 865, los normandos incendiaron la basílica del santo pero fue reedificada por los benedictinos en el siglo X. En 1311 tuvo lugar la traslación de las reliquias (y también de los huesos de la hija de Máxino, sepultada cerca de su benefactor) por obra del obispo Auberto. Durante la revolución de 1789 la basilica fue demolida.

   En la diócesis deClermont, la fiesta de san Ilidio se festeja el 5 de junio, mientras que el Martirologio Romano lo recuerda el 7 lde julio


SAN VILIBALDO Obispo


7 de julio


SAN VILIBALDO 
Obispo 
(780)




   San Vilibaldo nació en Wessex, Inglaterra. Era de los descendiente de los sajones que habían invadido Inglaterra en el siglo V. Fue el primer inglés que visitó los Santos Lugares; su peregrinación duró siete años y fue narrada bajo el título de Hodoeporicon, un relato que aún se conserva. A su regreso se hizo monje en Montecassino y fue ordenado Sacerdote en el año 738 por su primo San Bonifacio, en Alemania. Vilibaldo fue obispo de Eichstätt, Baviera durante cuarenta y cuatro años.