sábado, 7 de julio de 2012

SAN HEDDA DE WINCHESTER Obispo


7 de julio 


SAN HEDDA DE WINCHESTER 
Obispo 
(705)




   En el año 676, San Hedda, un monje abad anglosajón,  probablemente abad de Whitby donde había sido educado, fue consagrado obispo de la dividida diócesis de Wessex por San Theodoro. Cambió la sede de la diócesis, de Dorchester, cerca de Oxford, a Winchester. Fue gran benefactor de Malmesbury y principal consejero del rey Ina.

   Hedda gobernó la diócesis alrededor de 30 años, recorriendo los reinos del rey  Centwine, San Caedwalla, e Ina. Sin embargo, poco se conoce de su episcopado excepto que trasladó las reliquias de su predecesor, San Birinus, y que fue tenido en gran estima por sus contemporáneos. San Beda dice que fue "un hombre bueno y justo, que llevó a cabo su labor  guiado más por un innato amor a la virtud que por lo que había leido en los libros".

   Murió en 705, y en su tumba hubo curaciones milagorosas, lo que dio lugar a la práctica de tomar tierra de allí para llevar a los enfermos; las reliquias de Hedda todavía se encuentran en la Catedral de Winchester. El nombre de San Hedda fue agregado al Martirologio Romano por Baronius en el siglo XVI, aunque su fiesta ya se celebraba en la Abadía de Crowland y en los monasterios de Wessex (Attwater, Benedictinos, Farmer).

SAN PALADIO, Obispo


7 de julio


SAN PALADIO, 
Obispo 
(432, p. C.)




   San Paladio, aPÓSTOL DE eSCOCIA, nació en el seno de una antigua familia galo-romana. La vida de San Paladio, fue contada por San Próspero de Aquitania. Palladio, era un diácono de Roma o de Auxerne, en 431, el Papa San Celestino I lo consagró obispo y lo envió a la isla inglesa para predicar a los paganos y luchar contra le herejía de Pelagio.

   Vivió cerca de Wicklow y trabajó en Leinster, en donde encontró mucha oposición, y, pese  a haber predicado con gran celo, consiguió pocas conversiones. Edificó allí tres iglesias. Considerando que Irlanda aún no estaba lista para recibir el Evangelio, se fue a predicar a Escocia. Fundó iglesias en Kelleen Cormac, Tigroney y Donard. Comenzó evangelizar a los Pictos, pero murió en 432, poco después de llegar a Fordum, cerca de Aberdeen.

   Sus reliquias se conservaron con gran devoción, en el monasterio de Fordum. En 1409 el obispo de Aberdeen las hizo trasladadar en un precioso sarcófago ornamentado con piedras preciosas.

SANTAS ETELBURGA, ERCONGOTA y SETRIDA, Vírgenes


7 de julio


SANTAS ETELBURGA, ERCONGOTA y SETRIDA,
Vírgenes 
(664 y 660, p. C.)
   
   
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   Santa Etelburga era una de las hijas de Anna, rey de Anglia oriental. Recibió la gracia de la vocación religiosa y se trasladó a las Galias con su medio-hermana Santa Setrida. Santa Burgundófora las recibió en la abadía, conocida más tarde con el nombre de Faremoutier, en el bosque de Brie. Setrida sucedió ala fundadora en el cargo de abadesa. A la muerte de Setrida, Etelburga pasó a ocupar el puesto. Santa Etelburga empezó a construir una nueva iglesia para la abadía, pero murió antes de verla terminada. Fue sepultada ahí, pero como la construcción no se prosiguió después de la muerte de la santa, su cuerpo fue trasladado siete años más tarde, a la iglesia de San Esteban, aún en perfecto estado de conservación.

   El Martirologio Romano y algunos martirologios ingleses mencionan a Santa Etelburga. Su nombre aparece también en el martirologio francés, bajo forma francesa de Aubierge. Con ella vivió también su sobrina Santa Ercongota, hija de Erconberto, rey de Kent, y de Santa Sexburga. Beda dice que la razón por la que éstas y otras santas ingresaron en la vida religiosa en los mmonasterios de Faremoutiers, Celles y otros de la Galias, fue que había muy pocas instituciones de ese tipo en el país de los anglos. El mismo autor añade que Santa Ercongota fue muy famosa por sus milagros y que los ángeles le predijeron la fecha de su muerte; ello permitió a la santa despedirse de cada una de sus hermanas en religión y encomendarse a sus oraciones, después de lo cual, murió apaciblemente. Su cuerpo se conservó en la iglesia de San Esteban.

   La principal fuente es la Historia Ecclesiástica de Beda, lib. III, c. 8; ver también las notas de Plummer. Beda escribe los nombres de estas santas en la forma siguiente: Aedilberg, Aearcongota y Sathryd. No hay huellas del culto de las dos últimas en Inglaterra. Cf. Stanton, Menology, pp. 13-14, 319-321, 324; y sobre todo H. M. Delsart, Ste Fare (1911), pp. 112-113 y 181-185.

SAN FÉLIX, Obispo de Nantes


7 de julio 


SAN FÉLIX, 
Obispo de Nantes 
(582, p. C.)



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   Uno de los más ilustres obispos de Nantes fue San Félix. Pertenecía a una noble familia de Aquitania y se distinguió por su virtud, elocuencia y saber. A fines del año 459, fue elegido obispo de Nantes, a los treinta y seis años de edad. Félix estaba casado; pero su mujer se retiró entonces a un convento, y él recibió las órdenes sagradas. El celo de San Félix por la disciplina y el buen orden se manifestó en la administración de su diócesis. Su caridad con los pobres no conocía otros límites que el de las necesidades de éstos. El predecesor del santo había proyectado construir una catedral dentro de las murallas de la ciudad; San Félix ejecutó el proyecto en forma espléndida. Más de una vez hubo de entrar en tratos con sus hostiles vecinos, los bretones. Aunque San Gregorio de Tours no siempre estuvo de acuerdo con su sufragáneo, dio testimonio de su santidad. Fortunato alaba particularmente a San Félix por las obras de beneficencia pública y, ciertamente, los panegíricos de Fortunato no pecan por su frialdad. El santo prelado murió el 6 de enero del año 582; pero su fiesta se celebra el 7 de julio, que es la fecha de la translación de sus reliquias.

   Sabemos muy poco sobre San Félix, fuera de lo que cuentan Gregorio de Tours y los poemas de Venancio Fortunato. Acta Sanctorum cita por extenso los pasajes de ambos autores (julio, vol. II). La obra de Delanoue, St. Félix de Nantes (1907), no es seria desde el punto de vista histórico.

BEATO BENEDICTO XI Papa


7 de julio 


BEATO BENEDICTO XI 
Papa 
(1304)




   Nació en Treviso, Italia, el año 1240; murió en Perusa , el 7 Julio, de el año 1304. Ingresó a la Orden de los Dominicos a la edad de catorce años. Después de catorce años de estudio, se convirtió en lector de teología, cargo que ocupó por varios años. El año 1296 fue elegido superior general de la Orden. En ese momento la hostilidad contra Bonifacio VIII estaba en su peor momento, el nuevo general publicó una ordenanza, prohibiendo a sus subordinados favorecer de cualquier forma a los oponentes al Pontífice; también ordenó defender en sus sermones, cuando fuera oportuno, la legitimidad de la elección de Bonifacio. La lealtad de Boccasini, que permaneció firme hasta el final fue reconocida por Bonifacio, mostrándole muchas señales de su agradecimiento y confianza. Así juntamente con dos Cardenales legados, el superior de los dominicos formó una importante Embajada, el propósito de la cual fue dar por terminado un armisticio entre Eduardo I de Inglaterra y Felipe IV de Francia, en ese momento en guerra. En el año 1298 Boccasini fue nombrado Cardenal, mucho tiempo después fue nombrado Obispo de Ostia y decano del Sagrado Colegio. Como en ese momento Hungría estaba desgarrada por una guerra civil el Cardenal-obispo fue enviado por la Santa Sede como legado a latere para trabajar por la restauración de la paz. Cuando el legado regresó a Roma, la famosa contienda de Bonifacio VIII con Felipe El Hermoso había llegado a su límite. En el año 1303 los enemigos del Papa se habían apoderado del Palacio Pontificio, y de todos los Cardenales y Prelados, solamente dos Cardenales-obispos de Ostia y Sabina permanecían al lado del Venerable Pontífice para defenderlo de la violencia de Guillermo de Nogaret y Sciarra Colonna.
   Un mes más tarde de estos hechos de violencia, habiendo muerto Bonifacio, Boccasini fue unánimemente electo Papa el 22 de Octubre, tomando el nombre de Benedicto XI. Entre los hechos más relevantes de su pontificado, está la restauración de la paz con la corte francesa. Inmediatamente después de su elección Felipe envió tres embajadores llevando al Papa una carta real de felicitación. El rey, mientras manifestaba su obediencia y devoción, recomendaba la benevolencia del Papa para el reino y la iglesia de Francia. Benedicto consideró que una política de indulgencia era necesaria para la restauración de la paz con la corte francesa, absolvió a Felipe y a sus súbditos de las censuras en que habían incurrido, restaurando al rey y a sus súbditos en los derechos y privilegios de los que habían sido privados por Bonifacio. Los Cardenales Colonna también fueron absueltos de sus censuras, pero no fueron reinstalados en sus antiguas dignidades, esta política de generosidad llevada adelante por Benedicto se hizo sin comprometer la dignidad de la Santa Sede ni la memoria de Bonifacio VIII. Nogaret y Sciarra Colonna y todos los implicados en el ultraje en Anagni* fueron declarados excomulgados y emplazados a presentarse ante un tribunal pontificio. Después de un breve pontificado de ocho meses, Benedicto murió repentinamente en Perusa. Se sospecho, no sin falta de razón, que su muerte repentina fue causada por envenenamiento, provocado por un agente de Guillermo de Nogaret. Benedicto XI fue Beatificado en el año 1773. Su fiesta es celebrada en Roma y en toda la congregación de los dominicos el día 7 de Julio. Fue autor de un volumen de sermones y comentarios al Evangelio de San Mateo, a los Salmos, al libro de Job, y al Apocalipsis.

BEATOS ROGELIO DICKENSON y COMPAÑEROS, Mártires


7 de julio 


BEATOS ROGELIO DICKENSON y COMPAÑEROS,
Mártires 
(1591, p. C.)



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   eL 7 de julio de 1591, fueron ejecutados en Winchester los beatos Rogelio Dickenson y Rafael Milner. La fecha exacta del martirio del beato Lorenzo Humprey se desconoce. Rafael Milner era un campesino que había sido educado en el protestantismo. Viendo el contraste en la vida de sus vecinos católicos y protestantes, pidió ser instruido en el catolicismo y fue recibido en la iglesia. El día mismo de su primera comunión fue encarcelado por ello. Estuvo prisionero varios años, aunque con frecuencia se le dejaba libre "bajo palabra". El beato aprovechaba esas ocasiones para conseguir limosnas y ayuda espiritual para sus compañeros de prisión y, con su conocimiento de la región, facilitaba el trabajo de los misioneros. Así conoció al P. Stanney, S.J., quien más tarde escribió su biografía en latín. El P. Stanney arregló las cosas de que el sacerdote diocesano Rogelio Dickerson pudiese ir a vivir a Wincheser. El P. Dickerson era originario de Lincoln y había hecho sus estudios en Reims; durante varios años trabajó en el distrito de Winchester, donde Rafael Milner le prestó colaboración.

   La primera vez que el P. Dickenson fue arrestado consiguió escapar, gracias a que los guardias se embriagaron. Pero la segunda vez, hubo de comparecer ante el tribunal junto con Rafael Milner, quien había sido apresado con él.  Los testigos acusaron al P. Dickenson de ser sacerdote y a Rafael Milner de haberle prestado ayuda. El juez, compadecido de Milner, quien era ya anciano y cuya mujer y ocho hijos se hallaban presentes, le aconsejó que hiciese, por pura fórmula, una visita a la parroquia protestante para salvar la vida. Pero según Challoner, Milner contestó: "¿De suerte que vuestra señoría me aconseja que reniegue de Dios por salvar los bienes perecederos o por evitar un pena a mi mujer y a mis hijos? No, no puedo seguir un consejo tan contrario a las máximas del Evangelio". Dado que el P. Stanney afirma que Milner era iletrado, es de suponer que se trata de una paráfrasis de su respuesta. El Beato Rogelio Dickenson y el Beato Rafael Milner sufrieron juntos el martirio y forman una de las parejas más conmovedoras en la galería de los mártires  ingleses.

   El mismo tribunal condenó a muerte a siete doncellas nobles por haber permitido que el P. Dickenson celebrase la misa en sus respectivas casas; pero las siete fueron indultadas. Aunque dichas doncellas suplicaron que se les concediese la gracia de morir con su pastor, pues querían compartir el castigo como habían compartido con él la supuesta culpa, fueron nuevamente enviadas a la prisión.

   Lorenzo Humphrey era un joven de buena conducta, educado en el protestantismo. El P. Stanney le convirtió a la fe católica durante una discusión. El jesuita dejó un corto escrito en el que alaba mucho las virtudes de su neófito    el celo con que instruía a los ignorantes y la solicitud con que atendió a sus compañeros de prisión. Cierta vez, Lorenzo Humphrey cayó gravemente enfermo y en su delirio decía que "la reina era una prostituta y una hereje". Cuando esto llegó a oídos de las autoridades, el beato fue encerrado en un calabozo de la prisión de Winchester, aun antes de haber recobrado del todo la salud. En el juicio confesó que era católico, pero negó haber pronunciado palabras injuriosas contra la reina. A pesar de ello, fue ahorcado, arrastrado y descuartizado. Tenía veintiún años al morir.

   Ver MMP., pp. 168-169, 592-596, y Burton y Pollen, LEM.

viernes, 6 de julio de 2012

SANTO TOMÁS MORO, Mártir


6 de julio 


SANTO TOMÁS MORO,
Mártir

La tristeza que es según Dios produce la penitencia
estable para la salvación; pero la tristeza
según el mundo produce la muerte.
(2 Cor., 7, 10).



   Nacido en Londres en 1478, Tomás Moro estudió en Oxford, ejerció la abogacía en su ciudad natal y se casó, en primeras nupcias, con Juana Colt. Su dichoso hogar era el punto de reunión de todos los hombres piadosos y sabios de Inglaterra y del extranjero. Habiendo enviudado contrajo segundas nupcias con Alicia Middleton, en 1516. Por esa misma época, fue distinguido por el joven rey Enrique VIII, que le hizo su Lord Canciller, en 1529. Viéndose obligado a oponerse al rey en el asunto de la anulación del matrimonio real, renunció Tomás Moro por estimar que éste era su deber. Cuando Enrique VIII quiso hacerse jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, su antiguo Canciller irguióse contra él, y fue encarcelado en la torre de Londres, siendo decapitado en 1535. Tanto en su vida pública como en su vida privada fue modelo de verdadero cristiano, uniendo a la suavidad la fortaleza, a la piedad la inteligencia, a la alegría la seriedad.

MEDITACIÓN SOBRE LA BUENA
y LA MALA TRISTEZA

   I. No te entristezcas por las cosas de este mundo. La tristeza daña a la salud, turba la paz del alma, aniquila la piedad y la virtud; ella. nos hace insoportables a los demás y molestos a nosotros mismos. Pero, dirás, ¿cómo no estar triste en este valle de lágrimas? pregúntale a tu alma, con David: ¿Alma mía, por qué estás turbada y triste? Si tú has atraído la desgracia que te aflige, sopórtala pacientemente, puesto que la has merecido; si no eres tú su causa, espera en Dios, te consolará si no siempre en esta vida, segura e inefablemente en la otra. ¿por qué estás triste, alma mía, y por qué me conturbas ? (El Salmista).

   II. ponte triste de haber ofendido a Dios; llora tus faltas, día y noche. Esta tristeza te causará una alegría muy dulce en el fondo del corazón. ¡Lejos de nosotros esas risas y esos gozos del mundo que se llevan la compunción del corazón! ¡Ah! ¿Podemos, acaso, regocijarnos en esta vida cuando ignoramos la hora de nuestra muerte, y no sabemos si somos dignos del amor o del odio de Dios?

   III. Que esta tristeza, causada por el recuerdo de tus pecados, produzca en ti una penitencia estable. No basta, en efecto, entregarte sólo por algunos días a la penitencia y a las lágrimas; todos los días cometes nuevos pecados, todos los días debes llorar. San Pedro y Santa María Magdalena lloraron hasta su muerte. ¡Cuán dulces son las lágrimas que extinguen las llamas del infierno! ¿Quieres no estar triste nunca? Vive santamente: una vida santa siempre es gozosa; la conciencia del culpable está siempre atormentada. (San Bernardo).

La contrición
Orad por los afligidos. 

ORACIÓN

      Dios omnipotente, mirad nuestra flaqueza, ved cómo el peso de nuestros pecados nos abruma, y fortificadnos por la gloriosa intercesión del bienaventurado Tomás, vuestro mártir. por J. C. N. S. Amén.

 





SAN GOAR Presbítero y Confesor



6 de julio 

SAN GOAR
Presbítero y Confesor



   El ejemplarísimo prebítero san Goar fue francés de nación, de la provincia de Gascuña: su padre se llamó Jorge y su madre Valeria, personas por sangre ilustres. Desde niño fue muy bien inclinado, de amable aspecto, humilde, honesto y dado a todas las obras de virtud. Habiéndose ordenado de presbítero, determinó dar de mano a todas las cosas de la tierra, y se fue a un lugar del obispado de Tréveris, que se llamaba Wochara, donde hizo una iglesia con licencia del obispo Félix y colocó en ella algunas reliquias de los santos. En este lugar vivió muchos años, dándose a la oración, ayunos y penitencia, y a ejercitar la hospitalidad con los pobres y peregrinos. Había aún muchos gentiles en aquélla tierra, los cuales con la vida tan ejemplar y con la predicación y milagros del santo presbítero se convirtieron a la fe. Echaba los demonios de los cuerpos, daba vista a los ciegos, pies a los cojos, y sanaba a muchos dolientes de varias enfermedades. Dos criadas del obispo, que se llamaba Rústico, le acusaron delante de su amo, diciéndole que era hipócrita y embustero, e interpretando muy malas honestas acciones y obras de caridad que hacía, albergando a los peregrinos. Mas cuando el obispo mandó venir al santo delante de sí, y vio que un niño de pecho de solos tres días habló volviendo por la honra del varón de Dios, quedó tan corrido y confuso de haber sido tan fáci en creer lo que falsamente le habian dicho, que echándose a los pies del santo se encomendó con lágrimas a sus oraciones. Llegó la fama de tan excelente virtud al rey Sigiberto, el cual tomó todos los medios que pudo para persuadir al venerable presbítero que aceptase el obispado de Tréveris, porque quería dar con ello satisfacrión a todo el pueblo que lo deseaba y se lo suplicaba. Mas no pudo el príncipe conseguir que el santo que recibiese aquélla dignidad; y habiéndole dado veinte días de término para recogerse y hacer oración sobre ello, se encerró el siervo de Dios en su celda, y postrado en el suelo delante del acatamiento del Señor, llorando arroyos de lágrimas le suplicó afectuosamente que no permitiese que el rey saliese con su pretensión. Oyóle el Señor, enviándole una fiebre que le fatigó siete años gravemente y de manera que no pudo ya salir de su retiro, ni ver más al rey. Finalmente, labrada aquélla bendita alma del siervo de Dios, y purificada como el oro con tan larga y penosa dolencia, acabó el curso de su peregrinación y pasó a recibir el premio de sus heroicas virtudes en el eterno descanso. El sagrado cuerpo fue sepultado en la misma iglesia que había edificado el piadosísimo varón para honrar las reliquias de los santos.

REFLEXIÓN 

   Si los santos honran con tanta reverencia las reliquias de los santos, ¿no es razón para que nosotros pobres pecadores, las honremos con la misma veneración y acatamiento? Son ellos grandes amigos de Dios, príncipes del cielo, cortesanos del palacio divino, abogados, e intercesores nuestros, que tienen muchas gracia y cabida con la divina Majestad; y esas sagradas reliquias de sus cuerpos son honradas de Dios, con soberanos prodigios, y han de resucitar con todas las dotes de gloria y participar de la eterna felicidad de sus almas. Adorémoslas pues con mucha devoción, pidiendo a los santos que nos alcancen por sus méritos la gracia de gozar en cuerpo y alma de su gloriosa compañía.

ORACIÓN

   Oye, Señor, favorablemente las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu confesor, el bienaventurado Goar para que los que no confiamos en nuestra justicia, seamos favorecidos por los merecimientos de aquel santo, que fue tan agradable a tus divinos ojos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén


SAN RÓMULO DE FIÉSOLE, Mártir


6 de julio

SAN RÓMULO DE FIÉSOLE,
Mártir
(90 d. C)

   Según una tradición posterior, San Rómulo fue el apóstol y el primer obispo de Fiésole. Al parecer, fue convertido a la fe por San Pedro y sufrió el martirio en la persecución del emperador Domiciano. En realidad, apenas sabemos nada sobre San Rómulo, cuyo nombre fue incluido en el Martirologio Romano en el siglo XVI.

San Rómulo es el héroe de un romance bastante pesado, de origen desconocido; se trata de una obra de imaginación, probablemente no anterior al siglo XII. En ella se cuenta que cierto ciudadano romano tenía una hija llamada Lucerna, la cual se enamoró de Ciro, uno de los esclavos de su padre. Lucerna y Ciro tuvieron un hijo, al que abandonaron en un bosque, donde una loba se encargó de amamantarle. Unos pastores de los rebaños del emperador Nerón, que vieron a la loba amamantando al niño, dieron la noticia a su amo, el cual les ordenó que le llevasen al niño. Los pastores persiguieron durante tres días a la loba, sin poder darle caza. Entonces, el emperador consultó a San Pedro, el cual con otros cristianos armados de redes, partió al bosque a cazar a la loba En el bosque, San Pedro conjuró al niño: "Si eres hijo de una loba, ve con tu madre; pero si naciste de una mujer, ven aquí." El niño no se movió; entonces los cristianos tendieron sus redes y apresaron a la loba y al niño. Para que no pereciesen de hambre, dieron una oveja a la loba, la cual la despedazó y compartió el banquete con el niño. Después, San Pedro ordenó que dejasen en libertad a la loba y bautizó al niño. A instancias de uno de los cristianos, le puso el nombre de Rómulo. Una noble romana se encargó de la educación de Rómulo. Justino, el cristiano que había sugerido el nombre de Rómulo, le tomó más tarde por su cuenta. Rómulo resultó un niño prodigio: a los ocho años predicaba, exorcizaba y obraba milagros. Más tarde fue con sagrado obispo y evangelizó las ciudades de Fiésole, Sitri, Nepi, Florencia, Pistoia, etc. Finalmente, después de numerosas aventuras, Rómulo fue condenado a muerte por el gobernador Repertiano. En el camino hacia el sitio de la ejecución, Rómulo pidió un vaso de agua a una joven que se hallaba junto a una fuente; la doncella, temiendo la ira de los soldados, le rehusó el favor. Entonces, el santo la reprendió y predijo que, de ahí en adelante, la fuente proveería de agua a los cristianos, pero se convertiría en sangre cuando los paganos se acercasen a beber. Los mártires Carísimo, Dulcísimo y Crescencio fueron ejecutados junto con San Rómulo.

   A pesar de la inverosimilitud de la leyenda que acabamos de resumir, existen pruebas de la historicidad del culto que se tributaba desde antiguo, en Fiésole, a San Rómulo. A Cocchi, San Romolo, vescovo de Fiésole: Storia e Leggende (1905), hizo un estudio crítico sobre el santo. El único documento histórico de interés es el fragmento de un epitafio, que data, según se dice, del siglo IV. Pero cf. M. C. Cipolla, en Rivista storico-critica delle scienze teologiche, vol. I, pp. 422-428.

SANTA MARÍA GORETTI Virgen y Mártir


7 de julio 


SANTA MARÍA GORETTI 
Virgen y Mártir



   El día 9 de octubre de 1954 moría en Corinaldo una pobre mujer de pueblo. Los periódicos del mundo entero publicaron la noticia con gran relieve. ¿Quién era la señora Assunta, a quien la gente solía llamar "mamá Assunta", para que mereciese el interés de la prensa mundial? ¿Qué hazañas había realizado para que el Ayuntamiento de su pueblo decretase funerales públicos y la gente tapase con una pirámide de flores su ataúd?

   Assunta Goretti era una viejecita de ochenta y ocho años, que no sabía leer ni escribir, pero que poseía esa sabiduría superior de los que conocen y viven el Evangelio. El año 1943, al correr al refugio porque las sirenas daban la alarma de aviación, se rompió una pierna y desde entonces quedó inválida. Estaba sentada en un carrito. A pesar de lo cual mereció que Su Santidad el Papa la recibiese en el Vaticano con los honores concedidos a los príncipes y jefes de Estado. Los periodistas de todas partes solicitaban sus manifestaciones y, aunque quería pasar desapercibida de todos, era una de las figuras más populares de nuestro siglo.

   ¿Quién era esta mujer singular? La madre de una niña mártir, la única persona que ha tenido la dicha de presenciar la canonización de su propia hija.

   Fue el 24 de junio de 1950. Como los peregrinos venidos de todos los confines no iban a caber en la basílica de San Pedro, el Papa canonizó a Santa María Goretti en la plaza inmensa delantera a la basílica. Se calcula que medio millón de personas presenció aquélla tarde la ceremonia emocionante. No se recordaba nada igual en los anales de Roma.

   La historia de Santa María Goretti es hoy sabida de todos. Incluso ha sido llevada a la pantalla, aunque con esa manía del cine de retocar y deformar los hechos.

   Era una familia de pobres campesinos italianos. Un matrimonio compuesto de ambos esposos, Luis Goretti y Assunta Carlini, y cinco hijos. La segunda es María, que nació en Corinaldo el 16 de octubre de 1890.

   Pero en Corinaldo no encuentran manera de ganarse la vida, a pesar de poseer allí unas tierrecillas. Y emigran. Primero a Colle Gianturco, y al cabo de dos años a Ferriere di Conca, a once kilómetros de Nettuno. Allí se instalan como colonos del conde Mazzoleni.

   Aquel terreno era entonces en extremo malsano. Eran las regiones pantanosas del Agro Pontino. El mosquito que transmite la malaria acechaba insidiosamente a los Pobres labriegos. Así Luis Goretti murió al poco tiempo de aposentarse su familia en Ferriere. Y quedaron solos Assunta y sus cinco hijos, el mayor de los cuales apenas tenía trece años.

   -Ánimo, mamá -decía María, la mayor de las niñas-. ¿Por qué tienes miedo? ¡Ya vamos siendo grandes! Basta que el Señor nos dé salud. Saldremos adelante, saldremos. Assunta trabajaba en el campo, como un hombre. Siempre había trabajado, porque quedó huérfana de pocos años. Trabajaba y educaba a sus pequeños. Desde que éstos aprendían a hablar les enseñaba a hacer la señal de la cruz y a rezar las primeras oraciones y los rudimentos de la doctrina cristiana.

   Marietta atendía a todo, lavaba a sus hermanitos menores, iba por agua, preparaba la comida, cosía.

   Nunca tuvo amigas, pues las ocupaciones de la casa no le dejaban tiempo para jugar.

   Pero es que sobre los deberes de la propia familia recaían también sobre ella la obligación de atender a otras dos personas que vivían en la misma casa y eran aparceros en las faenas agrícolas, Juan Serenelli y su hijo Alejandro, mocetón de unos veinte años. La casa tenía dos dependencias separadas, pero la escalera y la cocina eran comunes para ambas familias.

   Alejandro no era mal muchacho; pero empezó a darse a lecturas deshonestas que emponzoñaron su alma. Y el que hasta entonces había mirado con indiferencia a la hija mayor de la señora Assunta, empezó a fijarse demasiado en la chiquilla.

   No porque ésta diese motivo alguno. Todos están acordes en afirmar, y así lo ha declarado después repetidamente el mismo Alejandro, que María Goretti era muy modesta y miradísima en el vestir. Era una niña -todavía no llegaba a los doce años-, pero algo desarrollada, quizá más de lo que pudiera esperarse de su edad. Y en el corazón de Alejandro Serenelli se encendió una brutal pasión.

   Dos veces la tentó. Al principio, la pequeña ni comprendió el alcance de lo que Alejandro pretendía; pero vio que era algo malo. Y resistió fuertemente arrojando al tentador, a pesar de su edad y su vigor. Alejandro se sintió despreciado y vencido por Marietta.

   Volvió al asalto por tercera vez. Era la tarde del 5 de julio de 1902. Alejandro ha pensado bien todas las cosas. Abajo su padre, la señora Assunta y todos los de la casa, se encuentran trillando habas en la era. Arriba, en el descanso de la escalera, María Goretti cose una camisa que Alejandro le había mandado urgentemente remendar con el secreto designio de que la muchacha quedase sola en alguno de los aposentos.

   Marietta se intranquiliza cuando ve llegar a Alejandro. Está sobre ascuas; sabe lo que el joven brutal quiere y verse a solas con él la atemoriza. Cose apresuradamente. El mocetón la llama:

   -María, ven acá.

   -¿Para qué? ¿Qué quieres?

   -Tú ven acá.

   .No. Si no me dices qué quieres, no voy.

   Alejandro la toma violentamente por un brazo, le tapa la boca con la mano y, venciendo la resistencia de la pobreta, da una patada a la puerta y la cierra.

   La débil fuerza de una niña que no ha cumplido doce años vencerá las fuerzas del muchacho de veinte. Grita Marietta:

   -¡No! ¡No!... ¡Es pecado!. ¡No, no! ¿Qué haces, Alejandro?... ¡Vas al infierno!...

   El mocetón, viendo que nada consigue, coge un hierro afilado que tenía a punto y se ensaña con su tierna víctima, que prefiere la muerte antes que pecar. Hasta catorce heridas que traspasan su vientre y el pecho pudieron apreciar los médicos que después la reconocieron.

   Al fin acuden los familiares. Loca de dolor pregunta a su hija la señora Assunta:

   -Marietta mía, ¿qué ha sucedido? ¿Quién ha sido? Dime, dime...

   -Fue Alejandro.

   -¿Por qué te hizo esto, hija mía?

   -Porque me quería hacer las cosas malas y yo no quería.

   Y exacto, quedó intacta la tierna virgencita, conforme a la confesión del mismo asesino y al testimonio de los médicos.

   A las cinco horas una ambulancia lleva a la pobre hija al hospital de los hermanos de San Juan de Dios de Nettuno. Por la misma carretera dos carabinieri llevan esposado a Alejandro Serenelli. Distinto fruto de la educación que Assunta Goretti y Juan Serenelli dieron a sus hijos.

   Poco pudieron hacer los médicos del hospital. Sin embargo, intentaron la laparotomía o apertura del vientre pasa poder operarla. Y sin darle anestésico; dos horas de atroz martirio. Marietta coge entre sus manos la medalla de la Milagrosa que siempre llevaba al cuello.

   Le preparan al viático, que recibe como un ángel. Le sugieren que perdone al asesino, y contesta al punto:

   -Sí, le perdono por amor a Jesús, y quiero que venga también conmigo al cielo.

   Algunas horas más tarde moría la niña entre delirios, en los que se le oía defenderse contra Serenelli e invocar a la Virgen Santísima.

   La muerte de Marietta llenó de estupor a toda la comarca. Sin distinción de público acudieron todos a su entierro.

   Treinta años después fue desenterrado su cadáver y llevado a una capilla en la basílica de Nuestra Señora de las Gracias, de Nettuno. Miles de fieles rezan ante aquellos restos de una virgen cristiana, la Santa Inés del siglo XX, como la llamamos hoy.

   El heroísmo de Santa María Goretti no fue improvisado. Los actos de hermosas virtudes de que dio prueba antes de su muerte -preferir la muerte al pecado, perdonar a su asesino, soportar con paciencia sobrehumana una operación sin cloroformo y la sed abrasadora que luego siguió-, todo esto era consecuencia de una vida santa, a la que venía preparándose con el ejercicio constante de las virtudes cristianas en un ambiente lleno de fe, de trabajo y de privaciones.

   Assunta enseñaba a sus hijos el catecismo, les infundía el horror al pecado, les acostumbraba a la oración. Su hogar era pobre; tenían lo justo para vivir, la madre había de pasar la jornada fuera, en los trabajos del campo. Y Marietta lo hacía todo en casa con la formalidad de una persona mayor. Y todavía encontraba tiempo para rezar el rosario en sufragio de su padre muerto. Y reunía a sus hermanitos y les enseñaba la doctrina y rezaba con ellos. Y hasta consolaba a su madre:

   -No tenga cuidado, mamá: verá cómo salimos adelante.

   Marietta estaba más crecida de lo que sus años podían exigir. Con su pelo castaño, sus ojos negros y su tez fresca y rosada era una muchacha sana de cuerpo y espíritu. La modestia era su principal virtud; ha declarado siempre unánimemente su madre.

   Nunca fue presumida, pues además vestía las ropas usadas que le daba una vecina.

   Así, con oración, modestia y trabajo, se preparó esta santita para llegar a ser canonizada en la plaza de San Pedro un 24 de junio de 1950.

   El desgraciado confesó de pleno su crimen. Y se arrepintió de aquel acto de locura una tarde de verano.

   Condenado a treinta años de cárcel, mereció que le rebajasen su condena en tres años por su buen comportamiento. Hoy sirve como criado y hortelano en el convento de capuchinos de Ascoli.

   La niña le había perdonado en el hospital. Pero, como el mismo Serenelli ha manifestado después, ya cuando Marietta se retorcía en el suelo apuñalada con el punzón de hierro, le dijo:

   -No es nada, Alejandro... Yo te perdono.

   Por eso la señora Assunta perdonó también al criminal. Fue una escena que sólo puede darse entre cristianos. Estaba de criada del señor cura de Corinaldo la madre de María Goretti cuando la noche de Navidad de 1938 llamaron a la puerta de la casa rectoral. Abrió la señora Assunta y un hombre le dijo:

   -¿Me reconoce usted, señora Assunta? -al tiempo que bajaba los ojos.

   -Sí, Alejandro; te recuerdo.

   -¿Me perdona? -suplicó el infeliz, que llevaba en el rostro las trazas de veintisiete años de cárcel.

   -Si Dios te ha perdonado, Alejandro, ¿cómo no te he de perdonar yo?

   Aquélla noche la pasó en la casa del párroco, y juntos, la madre y el asesino de su hija, se acercaron a comulgar en la Misa del Gallo.

   Y siempre, cuando hablaban de Serenelli, la señora Goretti no consentía que le tratasen mal.

   -¡Está tan arrepentido! Y habiéndole perdonado Marietta, ¿cómo no le voy a perdonar yo? Es cierto que ha cometido un pecado enorme; pero Dios ha sabido sacar bien de tanto mal.

 CASIMIRO SÁNCHEZ ALISEDA   

SANTA DOMINICA Virgen y Mártir


6 de julio 


SANTA DOMINICA
Virgen y Mártir
(303 d. C)




   Santa Dominica nació en 287 en Tropea, Calabria. Era hija de Doroteo y de Arsenia. Pasó su infancia en un ambiente profundamente cristiano, donde la vida cotidiana estaba impregnada de la fe profesada. Probablemente la familia tenía una posición relevante en la sociedad, porque el mismo emperador se interesó en el juicio contra los padres y la hija. Esto parece confirmarse por el hecho de que los progenitores de Dominica salvaron la vida a cambio del exilio en la región del Eufrates. En cambio Dominica, tuvo que soportar numerosas presiones para inducirla a renegar de su fe cristiana. Las tentativas no solamente resultaron vanas, sino que los prodigios operados por la santa indujeron a la conversión a muchos de los presentes. Conducida a Campania, fue procesada y condanada al supplizio "de los leones", pero las bestias permanecieron impasibles y dóciles ante la santa, la pena fue entonces cambiada a ser decapitada, la que según la historia, tuvo lugar el 6 de julio de 303. El culto de esta santa se difundió en el sur de Italia y en Oriente. Le los despojos mortales de la santa reposaron durante muchos años en Vizzini, para ser trasladados luego a la catedral de Tropea, ciudad de la que es patrona.



BEATO TOMÁS ALFIELD Mártir


6 de julio 


BEATO TOMÁS ALFIELD
Mártir
(1585 d. C)

   Tomás Alfield nació en Gloucestershire; fue martirizado en Tyburn, el 6 deJulio de 1585. Era protestante y fue educado en Eton y Cambridge (1568). Se convirtió al catolicismo y fue al seminario de Douai en 1576, pero a raiz de algunos problemas se vio obligado a interrumpir sus estudios durante cuatro años.  Finalmente fue ordenado en 1581. Allí se unió al famoso predicador Edmundo Campion y al Padre Persons, persuadiendo a este último a tomar como sirviente a su hermano Robert Alfield, entonces recientemente convertido, pero que posteriormente fue un traidor. Parece que Tomás trabajó sobre todo en el norte, en donde después de un tiempo fue arrestado y enviado a la Torre de Londres, el 2 de Mayo de 1582. Allí, hizo primero una "gloriosa" confesión,  y soportó la tortura, pero siendo posteriormente enviado al norte, cayó y volvió al protestantismo. Habiendo recobrado la libertad, se arrepintió amargamente de su caída, retornando a Reims. Nuevamente de regreso en Inglaterra, después de algunos meses fue arrestado mientras repartía la celebrada obra del Dr. Allen: "Verdadera y modesta defensa" aparecida como respuesta  a la de Burghley's "Ejecuciónn de Justicia". Hacer circular libros tales como los de Alen, era prestar un gran servicio a la causa de la fe. Alfield llevó a cabo la peligrosa tarea con la ayuda de un tintorero de nombre Thomas Webley. Nuevamente fue enviado a la Torre, en donde fue ejecutado en la horca junto con Thomas Webley. fue beatificado en 1929.

jueves, 5 de julio de 2012

SANTA CIRILA, Virgen y Mártir


5 de julio


SANTA CIRILA, 
Virgen y Mártir



Al que escandalizare a alguno de estos pequeñitos
que creen en mí, mucho mejor le fuera que le ataran
al cuello una piedra y lo echaran al mar.
(Marcos, 9, 41).

   Admira la fe y la caridad de Santa Cirila. El temor aun de parecer que sacrificaba en honor de los ídolos, siendo así motivo de escándalo para los demás, la hizo mantener con mano firme e inmóvil carbones encendidos mezclados con incienso. Este ejemplo de heroica firmeza convirtió a un gran número de paganos que, también ellos, soportaron los más crueles tormentos por el nombre de Jesucristo.

MEDITACIÓN SOBRE EL ESCÁNDALO

   I. No seas, para el prójimo, motivo de escándalo, de lo contrario serás culpable del pecado de tu hermano. Por tu vida escandalosa, precipitas al infierno a un alma redimida al precio de la sangre de Jesucristo. Examina bien tus acciones y tus palabras; y si has escandalizado a tu hermano, esfuérzate por reparar el mal causado y por darle buen ejemplo en lo futuro.

   II. Evita las acciones indiferentes que pudieran ser motivo de escándalo para las almas débiles. Si comiendo carne, escandalizo a mi hermano, decía San Pablo, nunca la comeré. No descuides tus prácticas de piedad porque los malos se escandalicen de ellas: ¡si el sol se pone no es por temor de incomodar a las lechuzas! Oh mi amable Jesús, habéis muerto en la cruz, sabíais, sin embargo, que la cruz sería motivo de escándalo para los judíos. Es preferible ocasionar un escándalo antes que ocultar la verdad. (Tertuliano).

   III. No te escandalices fácilmente del mal, verdadero o aparente, que ves. Excusa los defectos ajenos en cuanto puedas; excusa la intención, si el acto es evidentemente malo. Desvía la vista de los malos ejemplos que te den; ¿Por qué imitas siempre lo que hay de malo en los demás? Los sabios y los insensatos contribuirán, si tú quieres, a tu formación. El sabio y el insensato sirven para formar al hombre prudente: aquél le enseña lo que debe hacer, éste lo que debe evitar. (San Euquerio).

 El buen ejemplo
Orad por la propagación de la fe. 

ORACIÓN

   Que la bienaventurada Cirila, Virgen y mártir, implore por nosotros vuestra misericordia, oh Dios nuestro, ella que siempre os fue agradable por el mérito de su castidad y por su valentía en confesar vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

SAN ANTONIO MARÍA ZACARIAS Confesor


5 de julio


SAN ANTONIO MARÍA ZACARIAS 
Confesor



   
   Nació en Cremona (Italia) el año 1502 y murió en la misma ciudad el 5 de julio de 1539. Basta la escueta indicación de estas fechas para comprender la trascendencia que, para la vida de la Iglesia, tuvieron los días que vivió Antonio María Zacarías. Inquietud y aspiración de reforma, ansias de renovación por caminos no siempre gratos a la jerarquía eclesiástica, miedo pusilánime en unos y excesos imprudentes en no pocos, definen el clima en el que debía germinar la semilla de un nuevo reformador santo, entre otros que, como San Cayetano de Thiena y San Ignacio de Loyola, produjo la Iglesia católica en el siglo XVI. Reformador, santo y, además añadimos, precursor del gran San Carlos Borromeo en la elevación espiritual de la diócesis de Milán.

   Antonio María fue obra de la gracia, que comenzó por materializarse en el regalo de una piadosísima madre; de su seno salió a contemplar la luz de este mundo y de sus brazos tuvo la dicha indecible de volar a contemplar la claridad de Dios. La buena Antonieta Pescaroli recibió con conciencia de responsabilidad el encargo y la confianza que la Providencia en ella depositó al darle un hijo para hacer de él un buen cristiano; por fidelidad a él, y para mejor dedicarse a su formación, rehusó la joven viuda un nuevo matrimonio. Antonio María Zacarías pudo así aprender de su madre a ser pobre para poder ser caritativo, hasta tanto que, con el fin de facilitar a ésta el ejercicio de la caridad en favor de los necesitados, renunció notarialmente a los bienes que le correspondían por herencia paterna; se nos hará, pues, natural que, como un necesitado más, solicite humilde de su madre lo indispensable para su sustento, sin permitirse jamás nada que pueda parecer superfluo o lujoso; para Antonio María supondría ello privar a otros de lo necesario para vivir.

   Quiso prepararse por el estudio de la medicina para ser un ciudadano útil a sus hermanos los hombres. Pero el Señor le quería escoger para curar dolencias de otra índole. En los años de estudiante la piedad y amor a la Santísima Virgen, a quien había consagrado su virginidad, sostuvo firme su propósito de virtud y su espíritu de caritativo servicio a los hermanos, que fue poco a poco transformándose en el deseo de ser sacerdote. Pero, a pesar de que la decadencia de las costumbres, aun en el clero, hiciera a sus contemporáneos poco respetable la dignidad sacerdotal, supo él descubrir la grandeza de la misión del sacerdote, a la vez que la profundidad de su indignidad, de manera que sólo por el prudente consejo de su director espiritual se decidiera a entrar por el camino del sacerdocio.

   En una época en que la Reforma de la Iglesia aspiraba no solamente a la purificación de las costumbres, sino a la consolidación de la doctrina, no bastaba ser virtuoso para responder a las exigencias que su tiempo tenía, consciente o inconscientemente, respecto de los sacerdotes. Hacía falta doctrina sólida inspirada precisamente en las fuentes puras de la revelación, en la Sagrada Escritura. Visto desde la perspectiva del siglo XX, nos parece sumamente moderno y actual el esfuerzo puesto por Antonio María Zacarías, estudiante para el sacerdocio, de llegar a la comprensión de la doctrina católica, en la teoría y en el espíritu de San Pablo, a través de sus preciosas epístolas. Libertad y gracia, virginidad y cuerpo místico, locura por Cristo crucificado y desprecio de las realidades terrestres, son unos de los muchos temas en los cuales se fue empapando el futuro apóstol y reformador, cuya íntima preocupación no fue otra que la de reproducir la imagen del apóstol Pablo, gran enamorado de Cristo.

   Once años escasamente fue Antonio María sacerdote; pero los santos saben vivir con intensidad su tiempo, y así debió vivirlo quien en tan poco tiempo mereció ser llamado por su bondad y caridad, por su prudencia y celo, el "Angel de Cremona" y el "Padre de la Patria". Su madre le enseñó a compadecer y a aliviar el sufrimiento ajeno, y, ordenado sacerdote, no tuvo que hacer otra cosa que seguir la misma trayectoria, poniendo al servicio de sus hermanos el gran don del sacerdocio, que fue en él luz, mortificación, amor.

   En un siglo de exaltación de la razón y de la cultura, y de optimismo desbordado por los valores humanos, Antonio María Zacarías luchó por llevar a los creyentes la ceguera de la fe y la locura de la cruz; la Eucaristía y la pasión fueron las devociones que con mayor ardor trató de inculcar en el pueblo cristiano, y aún perduran todavía ciertas prácticas que él introdujo, como son el recuerdo piadoso de la pasión y de la muerte del Señor al toque de las tres de la tarde de todos los viernes, y la práctica de las cuarenta horas de adoración al Santísimo Sacramento, solemnemente expuesto sucesivamente en diversas iglesias para salvar la continuidad del culto.

   Los santos no suelen ser guardianes egoístas de los tesoros que en ellos deposita la gracia; buscan la comunicación abundante y fecunda, en vistas a una mayor eficacia apostólica; por esto es frecuente que en torno a ellos surjan familias religiosas vivificadas por su espíritu y penetradas de su misma inquietud apostólica. Antonio María descubrió en el mundo en que la Providencia le situó, una gran indigencia; vio en su cristianismo una radiante luz que la colmara; y su vida personal, lo mismo que la de los clérigos de la Congregación de San Pablo, no será otra cosa que la dedicación a la obra de la salvación de los hermanos, en el sacrificio total de las apetencias puramente personales. Así nació en Milán esta asociación para la reforma del clero y del pueblo, que más tarde sería conocida con el nombre de los "barnabitas", por la sede en que se instalaron definitivamente a partir del año 1545. Clemente VII la aprobó en 1533. Un sacerdote y un seglar, Bartolomé Ferrari y Jacobo Morigia, fueron sus primeros colaboradores. Y no solamente en el espíritu y la doctrina quisieron estos hombres de Dios imitar a San Pablo; como éste en el foro, se lanzaron ellos a las calles de Milán, predicando, mucho más que por la preparación de su elocuencia, por la austeridad y la mortificación de la vida. No faltaron quienes se escandalizaron ante estas santas "excentricidades", acusándoles de hipócritas y aun heréticos. Se les promovió una causa ante el senado y la curia episcopal de Cremona, de la que la nueva asociación salió fortalecida, pues le valió la bula de Paulo III, quien el año 1539 puso a la nueva Congregación religiosa bajo la inmediata jurisdicción de la Santa Sede.

   Con el fin de llevar el espíritu de la Reforma a las jóvenes y a las mujeres, Antonio María transformó un instituto erigido, con esta finalidad por la condesa Luisa Torrelli de Guastalla en monasterio de religiosas que tomará por nombre el de Angélicus, que fue también aprobado por Paulo III. Siguiendo fiel a su espíritu, la base de la transformación religiosa y moral la puso el fundador en la instrucción religiosa, sin la cual no puede existir una verdadera reforma. San Carlos Borromeo se sirvió de ella aun para la reforma de los monasterios, elogiándola tanto que la llamó "la joya más preciosa de su mitra".

   No sería completa la reseña sobre la obra de San Antonio María Zacarías si pasáramos por alto una de sus preocupaciones que plasmó en una realización que a nosotros, hombres del siglo XX, nos parece especialmente interesante y actual. Consciente por experiencia propia de lo que la vida familiar, honradamente vivida, puede colaborar en la elevación de las costumbres privadas y públicas, creó una Congregación para los unidos en matrimonio, ordenada a la reforma de las familias.

   Al echar ahora una mirada retrospectiva sobre la vida de Antonio María, canonizado el 27 de mayo de 1890 por Su Santidad el Papa León XIII, llama poderosamente la atención no sólo la abundancia de su obra, realizada en tan breve espacio de tiempo, sino también, y en mayor grado aún, la perspicacia y claridad de la visión que tuvo de los problemas, que le hizo buscar los remedios verdaderos y permanentes de todas las situaciones difíciles de la vida de la Iglesia: el estudio de la verdad, el amor de la caridad, el sacrificio por el hermano. Por esto San Antonio María Zacarías nos parece aun hoy un santo moderno, actual, capaz de iluminarnos con el resplandor de su vida y de su espíritu.

 JOSÉ MARÍA SETIÉN


SAN MIGUEL DE LOS SANTOS Confesor


5 de julio 

SAN MIGUEL
DE LOS SANTOS 
Confesor



   Los santos van delante. Son ejemplo y espuela para caminar. Viven en todos los climas y florecen en todos los siglos. Los santos son muchos. Cada tarde el santoral trae una brazada de espigas doradas, sin agotar con el año sus reservas. En el día 6 de julio la Iglesia ha abierto una hornacina para destacar las virtudes heroicas de San Miguel de los Santos, el "Extático".

   Vich, una de las más antiguas y célebres ciudades de Cataluña, le vio nacer el 29 de septiembre de 1591, fiesta de San Miguel Arcángel. De él tomó su nombre. En la alborada del 10 de abril de 1625 dormía su último sueño en Valladolid, de cuyo convento era superior. En treinta y tres años tendió la escala y subió raudo de la tierra al cielo. Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Madrid, Sevilla, Baeza, Salamanca, Valladolid son los puntos claves de su itinerario. Baeza y Valladolid fueron principalmente el campo de sus actividades apostólicas. En todas partes por donde pasó dejó, sin embargo, algo de Dios, como dejan los santos.

   Digamos que a San Miguel, preclaro hijo de la Orden de la Santísima Trinidad, se le puede admirar pero no se le puede seguir. Su marcha es vuelo, no andadura. Los modestos peatones no lograremos darle alcance.

   Digamos también que es hijo de su siglo, el Siglo de Oro de la mística. Le resultan familiares las cimas de la contemplación sin adherencias iluministas y asienta la perfección sobre el cumplimiento del deber y el servicio de la caridad. Sus escritos: Breve tratado de la tranquilidad del alma y El alma en la vida unitiva (octavas), no desmerecen de la Subida del Monte o Las Moradas.

   Digamos, por fin, que nació ya disparado hacia las cumbres. "El Beato Miguel de los Santos -leemos en el decreto de canonización- fue uno de aquellos verdaderos amantes de la virginidad que, a semejanza de Elías, Eliseo y Juan, como afirma el Crisóstomo, solamente se diferencian de los ángeles en que tienen un cuerpo mortal." Cálido elogio otorgado por la Iglesia en el momento de auparle al supremo honor de los altares.

   La virginidad brota encantadora en el huerto de la familia cristiana. Enrique Argemir, por dos veces consejero de la ciudad, y Montserrat Margarita Mitjana, padres de Miguel, supieron labrar un hogar reciamente cristiano y ejemplar. Al aire de la salmodia mariana con la recitación del oficio parvo y el rosario en familia, y el canto solemne de las Completas los sábados en la iglesia de la Rotonda, donde padre e hijo reemplazaban a los sacerdotes cuando el rigor de la estación o los achaques de la edad les impedían asistir, nació en el niño un amor entrañable a la Madre de Dios y a la virginidad. La estima de la castidad se adelantó a la razón, pues, sin contar los seis años, en el convento de madres dominicas hace voto a los pies de la Virgen de guardarla siempre. Voto que renovará poco después ante la imagen de Nuestra Señora de la Guía. Y como rúbrica de la sinceridad de sus deseos, antes que despierten los estímulos de la concupiscencia, desgarra sus carnes tiernas en un zarzal, aprovechando el descuido de sus deudos y queriendo emular -dice- el gesto de San Francisco de Asís.

   Miguel es un eremita frustrado. Por dos veces huyó de la ciudad. ¿Hacia dónde y para qué? Como a tres leguas del lugar se alza el Monseny, montaña solitaria santificada según se dice por San Segismundo, rey de Borgoña, cuya historia posiblemente oyó contar a sus mismos padres. Con soledad, penitencia, oración y silencio piensa levantar una muralla que defienda su virginidad. Alma contemplativa, sabe interpretar el lenguaje de Dios en el campo callado, en la torrentera clamorosa, en la cresta bañada de luz. Con una vida austera y penitente "acompañará mejor al Señor en su Pasión y expiará los excesos de los pecadores". De los pecadores, por los que, desde niño -depone su hermana Magdalena en el proceso-, "rezaba diariamente una oración y no podía terminar sin llorar copiosamente". Le falló el golpe las dos veces, y hubo de reintegrarse a la casa paterna, conservando como recuerdo de aquella travesura ingenua y fervorosa un amor acrecentado a la penitencia y maceración. Desde entonces se dará maña para usar y esconder un manojo de sarmientos y una piedra que utiliza cada noche como jergón y cabezal.

   Dios llamaba. Miguel, escapándose, no acertó a descifrar la llamada. Rectifica. Ahora mendiga asilo en todos los conventos de Vich. Demasiado niño, atrae, pero no convence. Prefieren esperar. El Pobrecillo de Asís recibirá las quejas porque no quiso admitirle entre sus hijos. Por fin, a los doce años, ingresa en el convento de Barcelona de los trinitarios calzados. La vida la encuentra excesivamente blanda para su carácter rigorista, y se iluminan sus ojos cuando un fraile, de paso en la casa, le habla de la reforma que está en sus comienzos. Solicita y obtiene licencia, y en Pamplona recibe el hábito de la rama de los descalzos. Se encuentra centrado y a gusto. Va más allá de lo que las reglas piden. La celda apenas la necesita. Cuando la campana levanta a los frailes de sus lechos, a Miguel le sorprende en el coro. Allí ha dormitado ligeramente en los descansos de la oración. Es el fraile observante y fervoroso. Vive lo que más tarde escribirá: "Sin sosiego, en quietud andar procure". Frecuentemente la oración le sube tanto que le deja suspendido en éxtasis: el "Extático". Y para encenderle en fuego de amor todo sirve: la conversación, el estudio, el trato con Dios, la contemplación de la naturaleza...

   Estudiaba en la universidad de Salamanca. El maestro Antolínez explicaba el tratado de la Encarnación, y el comentario teológico recaía sobre la gratitud que debemos los hombres a la sangre de Cristo. Fray Miguel da tres saltos y se mantiene como un cuarto de hora elevado en el aula. Se hace un silencio denso, impresionante. El maestro, cruzando los brazos, comenta: "Cuando un alma está muy llena del amor de Dios difícilmente puede esconderlo". Dios traicionó la humildad de su siervo, pues desde aquel día profesores y alumnos acuden a él con problemas de espíritu.

   Ruidoso también, y en Salamanca, el éxtasis de Carnaval. Dolorido por los excesos de tales fiestas, improvisó una procesión que, saliendo del convento de los trinitarios, se concentró en la plaza de San Juan. Allí el padre Marcos predicó sobre la vanidad del mundo. Fray Miguel cayó en éxtasis, que impresionó y entusiasmó tanto a la muchedumbre, que le llevó en brazos a la próxima iglesia, sintiéndose tocados los oyentes de compunción y prometiendo hacer confesión general de sus pecados. Fray Miguel, tan honrado por Dios y por los hombres, se mantiene, sin embargo, comprensivo y no pierde de vista la tierra y los prójimos. En carta a sus hermanos les suplica "que no se olviden, por amor de Dios, de Jacinto (el hermano menor) y miren mucho por él, porque, según he entendido, han mirado poco, de lo cual he tenido harta pena". ¡Cómo se revela el corazón fresco de los años de la infancia!

   Durante su estancia en Baeza dos religiosos poco edificantes se dieron maña para hacer llegar al provincial de la Orden una acusación tan grave como falsa. La maniobra triunfó y a fray Miguel le costó diez meses de prisión. Los amigos le rogaban que se defendiera. "Eso toca a Dios -respondía-. A mí toca conformarme con su voluntad". Al fin se hizo la luz y fray Miguel fue el mejor defensor de sus acusadores.

   Hábilmente sabía esconder su talento nada común entre los pliegues de una modestia y sencillez encantadoras. Durante mucho tiempo se le creyó útil para orar, pero no para gobernar. A voces se proclamaba él "ignorante, incapaz y pecador". Y con la misma humildad con que se refugiaba en la celda o cruzaba avergonzado entre la muchedumbre después de los éxtasis, como delincuente que hubiera sido sorprendido en plena fechoría, con el mismo gesto rechazaba cualquier insinuación de puestos o cargos. En 1622 el padre vicario general, en el Capítulo general de la Orden, le propone para superior del convento de Valladolid. Los cuatro definidores se oponen, y sólo ante la insistencia del padre vicario transigen con una fórmula de compromiso: al superior se le dará un vicario que, prácticamente, lleve el peso del gobierno. Los hechos demostraron que se bastaba el superior y le sobraba el vicario, acreditando sus dotes de gobierno nada comunes: delicadeza exquisita, suavidad en el mandato, comprensión, sentido sobrenatural, entrega total a la casa y a los súbditos, talento práctico, celoso defensor con la palabra y la conducta de la exacta observancia y de la puntualidad, conciencia de la propia responsabilidad..., todas estas cualidades hacían amable la obediencia y el cumplimiento de la ley. El superior era la norma viva de pobreza, abstinencia, vigilia, equilibrio interior y dominio exterior, sin que el fracaso ni el éxito pudieran quebrar la sonrisa de sus labios y la fortaleza de su espíritu.

   No menos ejemplar a la hora del sacrificio. La misa de San Miguel llegaba después de una doble preparación: espiritual, por la oración, y corporal, por el ayuno y penitencia. No solía gastar menos de una hora. Los oyentes se enfervorizaban. Aquellos momentos largos, morosos, con los brazos extendidos, terminaban frecuentemente arrancando su cuerpo de la tierra y dejando entrever en el rostro la alegría del espíritu. Al volver en sí, las acometidas del amor eran en ocasiones tan fuertes que, víctima de la misma enfermedad, gemía con la esposa del Cantar: "Confortadme con pasas, recreadme con manzanas, que desfallezco de amor". Otro tanto sucedía orando ante el Santísimo u oyendo hablar del amor de Dios.

   Por eso brilla más su virtud. A quienes le estimulaban al ministerio de la predicación, ordenado sacerdote, respondía "que no empezaría a predicar hasta los treinta años, y que a los treinta y tres, como el Señor, se iría al cielo". Efectivamente, así fue. A la predicación no se consagró de manera habitual hasta los treinta años. Y siempre fue para él ministerio difícil y enojoso. El retraso obedeció, quizá, a que sus éxtasis no siempre arrancaban comentarios laudatorios en ambientes eclesiásticos y seglares. Y como se producían igual en el altar que en el púlpito, que en la conversación y en la visita, por prudencia convendría no forzarle a manifestarse en público. La dificultad nacía de la concentración y abstracción de sentidos, que entorpecían el manejo de la anécdota, el dato, los argumentos, y, más que nada, la memoria frágil, que le obligaba a encorvarse sobre los manuscritos horas y aun días y noches enteras. Pero, convencido que era voluntad de Dios, predicaba y cosechaba fruto copioso. Su oratoria era sólida, conmovedora y muy llana, Y los sermones seguían una doble orientación: el temor y el amor. Para despertar el primero volvía porfiadamente sobre los novísimos. Para acrecentar el amor predicaba con suavidad perfumada sobre la Eucaristía, la gloria del cielo y el amor de Dios. Las conversaciones pregonaban la fuerza de sus razonamientos. Otro tanto sucedía en el confesonario o a la cabecera de los enfermos. Los acontecimientos hicieron el mejor panegírico de su competencia como superior, de su prudencia como consejero y su acierto como director de almas.

   Y si con San Buenaventura creemos que Dios no suele otorgar tan altos carismas sino a los que recorrieron el camino en jornadas apretadas de oración, austeridad y humildad, ya que la unión extática bordea las cumbres adonde se puede llegar sin dejar la tierra, tendremos que concluir que San Miguel de los Santos vivió muy pronto en las cimas de la contemplación, y que, pese a su juventud, nuestra Santa Teresa de Jesús no habría dudado poner en su mano la llave de la séptima y octava mansión.

   San Miguel de los Santos hizo suyo aquel principio paulino: "Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios".

 LIBRADO CALLEJO

SAN ATANASIO EL ATONITA


5 de julio 

SAN ATANASIO EL ATONITA,
Abad
(1000 d. C.)

   El Monte Athos, o sea el pico oriental del triple promontorio con que la península Calcídica penetra en el Mar Egeo, ha sido durante mil años el principal centro del monaquismo bizantino. Esa "república monástica", como se la ha llamado, no está en comunión con la Santa Sede desde hace muchos siglos Pero, a los comienzos de su organización y en los siglos anteriores, cuando el Monte Athos estaba poblado por pequeñas colonias de ermitaños, constituía un centro de ortodoxia católica en un sentido diferente del actual. Quien organizó el conjunto de monasterios en el Monte Athos, fue San Atanasio. Nació en Trebizonda, hacia el año 920. Era hijo de un antioqueño y recibió en el bautismo el nombre de Abraham. Hizo sus estudios en Constantinopla, donde; llegó a ser profesor. Cuando ejercía en dicha ciudad el oficio de maestro, conoció a San Miguel Maleinos y a su sobrino Nicéforo Focas. Este último había de convertirse en su protector, al ocupar el trono imperial. Abraham tomó el hábito en el monasterio que San Miguel gobernaba en Kimina de Bitinia y recibió el nombre de Atanasio. Ahí vivió hasta el año 958, más o menos. El monasterio de Kimina era una "laura", es decir, una serie de celdas aisladas, construidas alrededor de una iglesia. Cuando murió San Miguel Maleinos, Atanasio, previno que iban a elegirle abad, y huyó al Monte Athos. Ahí le reservaba Dios una responsabilidad todavía más pesada que el cargo de abad que había rehuido.

   Con las ropas de un rudo campesino y con el nombre de Doroteo, San Atanasio se retiró a una celda en los alrededores de Kairés. Pero su amigo Nicéforo Focas no tardó en descubrirle. El emperador Nicéforo que estaba a punto de emprender una expedición contra los sarracenos, pidió a Atanasio que le acompañase a Creta a organizaría y que le apoyase en la empresa con su bendición y oraciones. (Como es bien sabido, los contemplativos son con frecuencia grandes hombres de acción, lo cual, por lo demás, no tiene nada de extraño). Atanasio, venciendo su repugnancia a volver al mundo, acompañó a su amigo. Después de la victoria de la expedición, Atanasio pidió permiso al emperador para retirarse de nuevo al Monte Athos. Nicéforo Focas se lo concedió, pero no sin haberle regalado una importante suma para que fundase un monasterio. El santo construyó el primer monasterio propiamente dicho en el Monte Athos, a comienzos del año 961 y la iglesia dos años más tarde. San Atanasio dedicó el monasterio a la Santísima Madre de Dios; pero actualmente se le conoce con el nombre de "San Atanasio", o simplemente de "Laura", es decir, el Monasterio.

   Temiendo que el emperador le llamase a la corte, San Atanasio se refugio en Chipre para huir de los honores y cargos. Pero Focas, que descubrió nuevamente su escondite, le dijo que volviese a gobernar en paz su monasterio y le dio más dinero para que construyese el puerto de Athos. Adoptando para su monasterio el sistema de las "lauras", San Atanasio, que no estaba de acuerdo con las ideas monásticas de San Basilio y San Teodoro el Estudita, volvió en cierto sentido a la tradición monástica de Egipto. Los monjes de San Atanasio debían alejarse del mundo lo más posible. (Aun actualmente los monjes del Monte Athos, por regla general, "rompen todo lazo con el mundo"). San Atanasio tuvo muchas dificultades con los solitarios que ocupaban desde antiguo el Monte Athos y consideraban, no sin razón, que la precedencia les daba ciertos derechos de ocupación; dichos solitarios veían con malos ojos la construcción de monasterios, iglesias puertos y se oponían a las reglas que San Atanasio quería imponerles. El santo estuvo a punto de ser asesinado en dos ocasiones. Sabiendo e la violencia es capaz de corromper la mejor de las causas, el emperador Juan Tzimesces intervino, confirmó las donaciones que había hecho Nicéforo Focas, prohibió la oposición a San Atanasio y reconoció su autoridad sobre todo el territorio y los habitantes del Monte Athos. En esa forma, el santo quedó constituido en superior general de cincuenta y ocho comunidades de ermitaños y monjes, además de los monasterios de Ivirón, Vatopedi y Esfigmenú, que él mismo fundó y que se conservan todavía. San Atanasio murió hacia el año 1000, a consecuencia del derrumbamiento de la bóveda de la iglesia en la que se hallaba trabajando con otros cinco monjes. El nombre de "Atanasio el lauriota" o "Atanasio de Trebizonda" se menciona en la preparación de la liturgia bizantina.

   J. Pomialkovsky editó en 1895 una antigua biografía griega, muy completa, de San Atanasio el Atónita. El autor de dicha biografía fue el monje Atanasio, que conoció muy íntimamente al santo y le sucedió en el superiorato. L. Petit Analecta Bollandiana, vol XXV. 1906, pp. 1-89, publicó anotada otra antigua biografía griega, traducida en Irenikon, vol. VIII y IX (1931-1932). Los eruditos anglicanos se han interesado siempre por el Monte Athos y sus monasterios; mencionemos entre otros los nombres de Athelstan Riley, Kirsopp Lake, D. Hasluck y R. M. Dawkins. También en francés y en alemán existe una abundante bibliografía sobre el tema. Ver sobre todo P. de Meester, Voyage de deux Bénédictins (1908); F. Perilla, Le Mont Athos (1927), y T. Belpaire, en Irenikon, vol. VI (1920).

miércoles, 4 de julio de 2012

NTRA. SRA. REFUGIO DE LOS PECADORES


4 de julio
En Méjico


NTRA. SRA. REFUGIO DE LOS PECADORES


Yo soy la Madre de los pecadores,
a condición de que se arrepientan 
(Palabras de N. Sra. a Sta. Brígida)

   Sabemos que una sola es la Virgen, la Madre de Jesús y Madre nuestra. Se le invoca con títulos diferentes según el lugar donde ha manifestado su protección o según se quiere hacer resaltar una característica de su amor.

   Por su intercesión, muchos pecadores han encontrado el camino de la salvación. Es por eso que se le ha invocado como el “Refugio de los Pecadores”.

   En efecto, cuando un pecador recurre a María con voluntad de cambiar, siempre la encuentra pronta a acogerlo. Solamente le exige que renuncie al pecado.

   El Papa San Gregorio VII le escribió a la princesa Matilde: "Poned fin a vuestra voluntad de pecar y yo no dudo en prometeros que encontraréis a María más dispuesta a amaros que una madre según la carne".

   La Santísima Virgen rehúsa su ayuda solamente a aquellos que se obstinan en su mala conducta. Pero no puede permanecer sorda a los ruegos de quienes recurren a Ella con confianza y con el propósito de librarse de las cadenas del pecado. Acudirá en su ayuda y los guiará al camino de salvación. En una ocasión, Santa Brígida oyó a Nuestro Señor decirle a su Madre: "A aquellos que se esfuercen en retornar a Dios, Vos les prestaréis vuestra ayuda y no dejaréis a nadie sin consuelo".

   Según la tradición, esta imagen de la Santísima Virgen fue encontrada en el hueco del tronco de una encina, en Montepulciano (Italia), por lo que, al inicio de su veneración, se le conoció como Nuestra Señora de la Encina. Las misiones de franciscanos y jesuitas la reconocían como su protectora en su labor evangelizadora y la invocaban como Refugio de Pecadores. En el siglo XVIII, el padre Juan Giuca llevó a la ciudad de Puebla (México) una copia de la pintura.

   Iconografía: aparece con vestido color de rosa, rodeada de nubes y cuatro querubines; un Niño Jesús, coronado, en el brazo izquierdo; sobre la cabeza de la Virgen figura una aureola de doce estrellas y cuatro rosas. Es patrona principal de las ciudades mexicanas de Matamoros, Tampico y Acámbaro (Guanajuato).

   Para promover esta devoción de pedir la intercesión de la Virgen en favor de los pecadores, se escogió una copia de la imagen pintada en 1709, conocida como “Nuestra Señora de la Encina”, que se venera en Poggio Prato (Italia). Fue el beato Antonio Baldinucci que la mandó hacer para llevarla consigo en sus misiones. La ternura de esta imagen y la predicación del misionero causaba arrepentimiento en los pecadores. Esto hizo que algunos empezaran a darle el título de “Refugio de Pecadores”. Esta misma imagen se conserva ahora en Frascati, cerca de Roma.

   Llegó a México por iniciativa de algunos misioneros, quienes en el mismo siglo XVIII la llevaron allí para exponerla a la devoción del pueblo y educarlo a pedir por la conversión de los pecadores.

ORACIÓN

   Oh piadosísima Virgen Maria, madre y refugio de pecadores a quien el Dios de las venganzas cedió el imperio de la misericordia; ya que en aquel riguroso Juicio no podré acudir a vuestra intercesión, os suplico ahora que me alcancéis la gracia de una sincera penitencia, y de una perfecta enmienda de mi vida, a fin de que al comparecer después de mi muerte ante el divino tribunal, merezca una sentencia favorable de eterna salvación. Por los méritos de vuestro Hijo, nuestro Señor, que en unión del Padre y del Espíritu Santo, vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.

   Dime, Señora, di,
cuando parta de esta tierra,
si te acordarás de mí.
   Cuando ya sean publicados
mis tiempos en mal gastados
y todos cuantos pecados
yo mezquino cometí,
si te acordarás de mí.

   En el siglo duradero
del juicio postrimero,
do por mi remedio espero
los dulces ruegos de ti,
si te acordarás de mí.

   Cuando yo esté en la afrenta
de la muy estrecha cuenta
de cuantos bienes y renta
de tu Hijo recibí,
si te acordarás de mi.

Juan Alvarez Gato (1445-1510)

SANTA BERTA, Viuda


4 de julio



SANTA BERTA,
Viuda



No andéis acongojados por el día de mañana;
el día de mañana harto cuidado traerá por sí:
a cada día le basta su malicia.
(Mateo, 6,34).

   Santa Berta se casó con Sigfredo, pariente cercano del rey Clodoveo. Tuvieron cinco hijas que se distinguieron, todas, por su piedad. Muerto Sigfredo, Berta pudo dedicarse de lleno a la vida piadosa y las buenas obras. Emitió sus votos monásticos al mismo tiempo que dos de sus hijas, Gertrudis y Deotila. Sintiendo que se acercaba su fin, quiso unirse más estrechamente con el Señor. Hizo practicar una abertura en el coro de la iglesia del monasterio, y se construy6 en ella una celda en la que pasó el resto de sus días orando y meditando.

MEDITACIÓN - DE QUÉ MANERA TENEMOS 
QUE PREOCUPARNOS DE LO PORVENIR

   I. Nos prohíbe el Señor acumular riquezas por temor de carecer de ellas en lo futuro. Prevés una larga serie de años; piensas en mil adversos accidentes que pueden reducirte a pobreza. Estas previsiones de lo porvenir injurian a la divina Providencia que vela sobre ti; son contrarias al consejo de Jesucristo. No te acongojes, pues, por el día de mañana, trata de servir bien a Dios hoy; mañana, Dios proveerá. El Señor me rige y de nada careceré. (El Salmista).

   II. Tal vez pronto mueras; ¿para qué esta aprensión de desgracias que no te alcanzarán? Aband6nate generosamente al gobierno de la Providencia divina y no te apenes de antemano. Las desgracias llegarán bastante pronto para cansar tu paciencia. No pienses en el tiempo que durarán tus obras de penitencia: es una tentaci6n del demonio que quiere espantarte. Tal vez la recompensa está más cerca de lo que crees.

   III. Piensa en lo porvenir para prever las ocasiones de practicar la virtud; prevé también los escollos contra los cuales tienes costumbre de naufragar y las tentaciones a que podrás estar expuesto, a fin de apercibirte contra ellas. Piensa a menudo en tus postrimerías. ¿Lo haces? ¿Consideras las terribles consecuencias de una vida pasada lejos de Dios, y de una muerte que sorprende en pecado? Si no piensas en ello a menudo, no escaparás de las desgracias que te amenazan.

La confianza en Dios.
Orad por la buena
educación de los niños.

ORACIÓN

   Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Berta, regocijando nuestra alma, la enriquezca con los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

SAN LAUREANO, Arzobispo de Sevilla y Mártir


4 de julio 


SAN LAUREANO, 
Arzobispo de Sevilla y Mártir



   El portentoso san Laureano, arzobispo de Sevilla y glorioso mártir de Cristo, nació de padres nobles en la provincia de Pannonia que ahora llamamos Hungría. Dejó su patria siendo de poca edad, y fue a Milán donde por misericordia del Señor se hizo cristiano, recibiendo el bautismo de manos del obispo Eustorgio II, y ordenándose de diácono a la edad de treinta y cinco años. Pasó después a España, guiado por la Providencia, para resistir con su predicación y doctrina a los herejes arrianos que eran muy poderosos y señores de la nación, y perseguían a los católicos. Muriendo en esta sazón Máximo, arzobispo de Sevilla, por la malicia de los herejes, estuvo vacante aquella cátedra por espacio de dos años, hasta que por común voto de los prelados sufragáneos fue elegido para aquella dignidad el varón de Dios san Laureano, el cual gobernó diez y siete años aquella Iglesia. Mas como los herejes levantasen en Sevilla una grande persecución contra el santo arzobispo, y el mismo rey Theudes que injustamente ocupaba el trono, enviase gente que le matasen, el santo, avisado de todo por un ángel, dijo misa, convocó al pueblo, hizo un largo sermón, y tomando después su báculo rodeó parte de la ciudad, llorando y dando voces diciendo: «Haced penitencia, y mirad que está Dios enojado y tiene levantado el brazo para heriros»- y en efecto, poco después fue reciamente castigada de Dios aquélla ciudad con sequedad, hambre y pestilencia, Saliendo desterrado de ella el santo obispo, en el camino sanó a un ciego; entró en un navío llegando a Marsella, donde resucitó a un hijo de un hombre principal. De allí pasó a Italia y llegó a Roma, sanando muchos enfermos. En Roma visitó al Sumo Pontífice y consolóse con él; dijo Misa Pontifical delante del Papa el día de la Cátedra de san Pedro, y allí sanó a un viejo que desde niño estaba tullido de pies y manos. Partió después para visitar el cuerpo de san Martín, .
en Francia, y tuvo la revelación de que venían por parte del rey Totila algunos soldados con el fin de quitarle la vida. No se turbó el santo, ni se congojó, antes encendido de amor del Señor y deseoso del martirio, salió a buscarles, y encontrándose con ellos en un campo raso, siendo conocido por ellos, dieron en él y le cortaron la cabeza. Tomáronla y la .llevaron al tirano, el cual cuando la vio y supo lo que había pasado, la envió a Sevilla, y con su entrada respiró aquélla ciudad y cesó la sequedad, hambre y pestilencia con que había sido azotada y afligida por el Señor a causa de sus pecados. El cuerpo del santo lo sepultó Eusebio, obispo de Arlés, en la iglesia de la ciudad de Bourges: y el Señor glorificó su sepulcro con innumerables prodigios.

REFLEXIÓN

   Te parecerán crueles y aje nos de toda humanidad aquellos reyes Theudes y Totila que perseguían de muerte a un varón tan santo y adornado con el don de milagros y profecía como el glorioso san Laureano pero más extraña que la fiereza de aquellos bárbaros parece, sin duda, la guerra que hacen a nuestra santísima religión los incrédulos y libertinos de nuestros tiempos. Porque a pesar de saber muy bien que a ella se debe principalmente la civilización del mundo, la aborrecen entrañablemente y quisieran exterminarla de la tierra. ¿No es esta guerra propia de bárbaros, o de gentes enemigas de Dios y del linaje humano?

ORACIÓN

   Concédenos, oh Dios omnipotente, que en la venerable solemnidad del bienaventurado san Laureano, tu confesor y pontífice, se acreciente en nosotros el amor de la virtud y el deseo de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.