sábado, 31 de diciembre de 2011

SAN SILVESTRE, Papa


31 de diciembre



SAN SILVESTRE,
Papa



H e combatido con valor, he concluido la carrera,
he guardado la fe. Nada me resta sino aguardar
la corona de justicia que me está reservada.
(2 Timoteo, 4, 7-8).

   San Silvestre I se había distinguido por su celo y su caridad durante la primera persecución. Subió a la cátedra de San Pedro en el año 314, menos de un año después del edicto de Milán, que concedía la paz a la Iglesia. Recibió de Constantino el palacio de Letrán y en él estableció su morada, así como la basílica principal de Roma. El mismo año envió delegados al Concilio de Arlés, donde fueron condenados los donatistas, y después, en el año 325, al Concilio general de Nicea, que anatematizó a Arrio. Murió San Silvestre en el año 335.

MEDITACIÓN
TRES REFLEXIONES
SOBRE EL AÑO TRANSCURRIDO

    I. ¿Podría decir con verdad como San Pablo: He combatido con valor, he concluido la carrera, he guardado la fe? Hete aquí al término del año; repasa en tu espíritu todo el bien y todo el mal que has hecho durante este año, y mira si tus buenas acciones son más numerosas que las malas. ¿Cuántos días transcurrieron sin que hicieras nada para Dios? Sin  embargo, este año te fue dado únicamente para servirlo, para hacer penitencia de tus pecados y merecer el cielo mediante la práctica de las buenas obras.

   II. ¿Dónde están ahora los placeres y los honores de que gozaste durante este año? ¡Todo ha pasado, y no te queda sino el triste recuerdo de haber ofendido a Dios por bienes pasajeros y falaces! ¿No es verdad que, al contrario, experimentas una gran alegría por el bien que hiciste tratando de agradar a Dios? Ya no experimentas el esfuerzo que tus buenas obras te costaron, y tienes la esperanza de ser recompensado por ellas. Tu vida pasará como este año, tus placeres pasarán tanto como tus trabajos, y el único consuelo que te quedará será haber servido al Señor. ¿Quién me devolverá este día, este año que perdí en la vanidad? (San Euquerio).

   III. Acaso pasaste parte de este año en pecado mortal. Si durante esa época hubieras muerto, ¿dónde estarías ahora? Dios te ha dado tiempo para hacer penitencia; aprovéchalo mejor en lo porvenir ¡acaso no tengas más que este año de vida! Prepárate, pues, a morir, haz una buena confesión, y si quieres pasar santamente todos los días del año que va a comenzar piensa todos los días en la muerte y en la eternidad. Dios te ha ocultado tu último día, para que te prepares a él todos los días de tu vida. (San Agustín).

El pensamiento de la muerte Orad
por vuestros bienhechores.

ORACIÓN

   Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y guardadlo con protección constante por vuestro bienaventurado Sumo Pontífice Silvestre, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Amén.

SANTA COLOMBA de SENS, Virgen y Mártir


31 de diciembre



SANTA COLOMBA de SENS,
Virgen y Mártir
(Fecha desconocida)



  La tradición dice que Columba era natural de España y, a la edad de dieciséis años, se trasladó a las Galias con otros españoles que posteriormente fueron martirizados. Se dice que aquel grupo de emigrantes se estableció en Sens. Al parecer, Columba era hija de padres nobles que practicaban la religión pagana, a quienes abandonó en secreto para evitar que la obligasen a adorar a los dioses falsos. En la ciudad francesa de Vienne recibió el bautismo. Cuando Aureliano llegó a Sens, ordenó que Santa Columba y sus compañeros fuesen ejecutados. La "pasión" de estos mártires relata una fábula extravagante sobre Columba, la que fue milagrosamente protegida del deshonor y la brutalidad de sus carceleros, cuando fue entregada a los soldados, por uno de los osos del anfiteatro que no se apartaba de ella y atacaba a todo el que se acercase. Columba murió decapitada junto al manantial de Azon, sobre el camino de Meaux. y un hombre que había recuperado la vista al invocar el nombre de la santa, se encargó de dar sepultura al cadáver, en los alrededores del sitio de la ejecución.

   El culto a Santa Columba se extendió por Francia, España e Italia, en algunas de cuyas diócesis se celebra todavía su fiesta. Sin embargo, a mediados del siglo pasado, fracasó el intento que se hizo para dar nuevo impulso a la devoción popular por esta santa. La abadía de Santa Columba, que conservaba sus reliquias, era la principal de las casas religiosas de Sens. La tercera de las iglesias dedicadas a Santa Columba fue consagrada por el Papa Alejandro III en 1164. Al año siguiente, cuando Santo Tomás Becket huyó de Inglaterra para hacer su apelación al Papa y no pudo quedarse en Pontigny, se refugió en el monasterio de Santa Columba y ahí estableció su residencia hasta que regresó a Inglaterra para recibir el martirio.

   No obstante que la pasión de estos mártires, en sus diversas versiones, se conserva en numerosos manuscritos, no tiene ningún valor histórico. Mombricio y los bolandistas la imprimieron en su Catalogus hagiographicus Bruxellensis, vol. I, pp. 302-306. Véase además a Tillemont en Mémoires, vol. IV, p. 347 y, sobre todo, a G. Chastel en Ste. Colombe de Sens (1939) que contiene un nuevo texto de la pasión y detalles importantes sobre el culto.

SANTA MELANIA LA JOVEN, Viuda

 31 de diciembre


SANTA MELANIA LA JOVEN,
Viuda
(439 P.C.)



  Melania la Mayor fue una dama patricia de la gens Antonia casada con Valerio Máximo, quien probablemente fue prefecto de Roma en el año 362. A la edad de veintidós años quedó viuda y, luego de dejar a su hijo Publícola al cuidado de tutores, se trasladó a Palestina, donde construyó un monasterio en Jerusalén, con cincuenta doncellas consagradas al servicio de Dios. Ahí mismo se estableció la noble dama y se entregó a la austeridad, la plegaria y las buenas obras. Mientras tanto, su hijo Publícola llegó a ocupar un puesto en el senado romano y se casó con Albina, una cristiana, hija del sacerdote pagano Albino. La hija de aquel matrimonio fue Santa Melania la Joven, criada y educada en el cristianismo por su madre, en la lujosa residencia del senador Publícola, cristiano también, pero demasiado ambicioso para preocuparse por su religión.

   Con la idea de llegar a tener un heredero varón de su gran fortuna y el aristocrático nombre de su familia, Publícola prometió en matrimonio a su hija a Valerio Piniano, un pariente suyo, hijo del prefecto Valerio Severo. Pero la joven Melania deseaba conservar su virginidad para consagrarse por entero a Dios. Tan pronto como sus padres conocieron las intenciones de la jovencita, se opusieron rotundamente a permitir que las realizara y, para quitarle semejantes ideas de la cabeza, apresuraron su matrimonio. En el año de 397, cuando Melania acababa de cumplir catorce años, se casó con Piniano que tenía diecisiete. Nada tiene de extraño que la joven, casada contra su voluntad y disgustada por el ambiente licencioso y sensual que reinaba en torno suyo, suplicase a su marido que llevasen una vida de absoluta continencia. Pero Piniano no aceptó la proposición y, a su debido tiempo, vino al mundo su primer hijo, una niña que murió después de un año de nacida. Las inclinaciones de Melania no habían cambiado y reiteró sus peticiones para que la dejasen en libertad, pero su padre tomó medidas para impedirle que frecuentase a las gentes de reconocidas tendencias religiosas que podían alentarla a distanciarse de la vida de lujo y de sociedad que él deseaba para su hija. En la víspera de la fiesta de San Lorenzo del año 399, el senador prohibió a su hija que velase en la basílica, puesto que estaba de nuevo embarazada, pero no por eso dejó la joven de permanecer toda la noche en oración, arrodillada en su habitación. Por la mañana asistió a la misa en la iglesia de San Lorenzo y, al regresar a su casa, tuvo un grave trastorno y, con grandes dificultades y riesgo de la vida, dio a luz prematuramente a un niño, el que murió al día siguiente. Melania estuvo largo tiempo entre la vida y la muerte, y su esposo Piniano, que la amaba sinceramente, hizo el juramento de que, si su mujer se llegaba a salvar, la dejaría en absoluta libertad para servir a Dios como quisiera. Poco después, Melania recuperó la salud y su marido cumplió el juramento, pero Publócola mantuvo su decidida oposición y, durante otros cinco años, Melania tuvo que conformarse con llevar exteriormente la misma existencia que tanto le disgustaba. Pero entonces atacó a Publícola una enfermedad mortal y, antes de entrar en agonía, heredó a su hija todos sus bienes y le pidió perdón porque, "temeroso de verme entregado al ridículo de las malas lenguas, te ofendí al oponerme a tu celestial vocación".

   Albina, la madre de Melania, y Piniano, su marido, no sólo aceptaron la nueva vida de la joven, sino que ellos mismos la adoptaron. Los tres abandonaron Roma para radicarse en una casa de campo, lejos de la ciudad. Piniano no estaba plenamente convertido y, durante largo tiempo, insistió en vestir los ricos ropajes que acostumbraba portar en Roma. El biógrafo de la santa nos ha dejado un relato conmovedor y convincente sobre los métodos que empleó su esposa para convencerlo a que renunciara a los lujos para adoptar una existencia más modesta y lograr, por fin, que usara las ropas pobres, confeccionadas por ella misma. La familia se había llevado consigo a numerosos esclavos, a quienes dispensaba un tratamiento ejemplar y, en corto tiempo, muchas jovencitas, viudas y más de treinta familias se establecieron en torno a la casa de campo de Melania y formaron una población. La villa llegó a ser un centro de hospitalidad, de caridad y de vida religiosa. Melania era fabulosamente rica (los terrenos pertenecientes a la familia Valeria se hallaban en todos los puntos del Imperio Romano) y se sentía oprimida por la cantidad de sus bienes terrenales. Sabía que la abundancia de posesiones pertenecía a los vecinos pobres, hambrientos y desnudos; estaba cierta de que, como dijo San Ambrosio, "el rico que da al pobre no hace una limosna, pero sí paga una deuda". Por consiguiente, solicitó y obtuvo el consentimiento de Piniano a fin de vender algunas de sus propiedades y distribuir el dinero entre los necesitados Inmediatamente, los parientes, que siempre los habían creído fuera de sus cabales, trataron de aprovecharse de aquella última locura. Por ejemplo, Severo, el hermano de Piniano, sobornó por algunas monedas a los colonos y esclavos que habitaban en uno de los terrenos de Piniano para que, en el momento ser vendidas las tierras, se rebelasen y no reconociesen a otro amo que al propio Severo. Fueron tantas las dificultades que se opusieron a los intentos de Piniano que hubo necesidad de hacer una apelación al emperador Honorio para poner las cosas en su lugar. Santa Melania, sencillamente vestida con una túnica de lana y cubierta la cabeza con un velo, se presentó ante Serena, la suegra del emperador, a la que impresionó tan profundamente por su porte y sus palabras, que intercedió ante Honorio para que la venta de aquellas tierras quedara bajo la vigilancia y la protección del Estado. De esta manera, los procedimientos fueron rectos y la distribución estrictamente justa los pobres, los enfermos, los cautivos, los desposeídos, los peregrinos, las iglesias y los monasterios, recibieron ayuda y dotes en todo el imperio. En un término de dos años,. Melania dio la libertad a ochocientos esclavos. Paladio, contemporáneo de la santa, dice en su Historia Lausiaca que, incluso los monasterios de Egipto, Siria y Palestina, recibieron beneficios de Melania. En ese mismo libro el autor da un pormenorizado relato de la manera de vivir de la santa.

   En el año de 406, Melania con su esposo y algunas personas más pasaron una temporada con San Paulino en la ciudad de Nola, en la Campania. El santo deseaba conservar a Melania y a su esposo como "huéspedes perpetuos" A ella la llamaba "bendita pequeña" y también "alegría del cielo". Pero la pareja se obstinó en regresar a su villa cercana a Roma, en momentos tan inoportunos que, a poco de llegar, tuvieron que abandonarla más que de prisa, debido a la amenaza de invasión de los godos. Se refugiaron en otra casa de campe propiedad de Melania, en Mesina. Ahí vivió con ellos el anciano Rufino. Pero antes de dos años, los godos llegaron a Calabria, e incendiaron la ciudad de Reggio. Entonces, Melania y su esposo optaron por retirarse a Cartago. Se proponían hacer de paso una visita a San Paulino para consolarle en sus tribulaciones a causa de la invasión, pero una tormenta desvió la ruta del navío que fue a dar a una isla, probablemente la de Lipari, donde los piratas eran amos y señores. A fin de salvar de la prisión y de la muerte a sus gentes y a los tripulantes del barco, Santa Melania pagó a los filibusteros una buena suma en monedas de oro por el rescate. Después de aquellas aventuras, los esposos se instalaron en la ciudad de Tagaste, en Numidia. Tanto Melania como su. esposo causaron una benéfica impresión entre el pueblo y tanto fue así que cuando Piniano visitó a San Agustín en Hipona (el santo los llamo "verdaderas luces de la Iglesia"), se produjo un tumulto en un templo, porque las gentes querían que Piniano se ordenase sacerdote para que ejerciera entre ellas su ministerio y pensaban que el obispo de Tagaste, San Alipio, se lo impedía. No se restableció el orden hasta que Piniano prometió al pueblo que, si alguna vez se le ordenaba sacerdote, sólo ejercería su ministerio en Hipona. Mientras se hallaba en África, Santa Melania fundó y dotó dos nuevos monasterios, uno para hombres y otro para mujeres. En ellos recibió, sobre todo, a los que habían sido sus esclavos. La propia Melania vivía en el convento de las mujeres y sobresalía entre todas por sus austeridades, puesto que sólo se alimentaba frugalmente cada tercer día. La santa se ocupaba principalmente de copiar libros en griego y en latín y, quinientos años más tarde, todavía circulaban algunos manuscritos que se atribuían a la santa.

   En el año de 417, en compañía de su madre y de su esposo, partió Melania del África hacia Jerusalén y se hospedó en la posada para peregrinos, vecina al Santo Sepulcro. Desde ahí emprendió una expedición con Piniano para visitar a los monjes del desierto de Egipto. Al regreso, fortalecidos por el ejemplo de aquellos anacoretas, Melania decidió aislarse en las afueras de Jerusalén, entregada a la contemplación y la oración. Hasta ahí fue a visitarla su prima Paula, sobrina de Santa Eustoquio. Fue Paula quien presentó a Melania el maravilloso grupo de almas escogidas reunido por San Jerónimo en Belén y fue recibida con beneplácito. Se cuenta que, la primera vez que Melania se encontró con San Jerónimo, "se acercó a él con su acostumbrado porte humilde y respetuoso, se arrodilló a sus pies y le pidió su bendición".

   A los catorce años de residir en Palestina, murió Albina y, al año siguiente, Piniano la siguió a la tumba. El Martirologio Romano menciona a Piniano junto con Melania. Esta sepultó a su esposo al lado de su madre en el Monte de los Olivos y se construyó una celda cerca de las tumbas de sus fieles compañeros. La celda fue el núcleo de un amplio convento de vírgenes consagradas que presidió Santa Melania. La santa se mostró siempre muy solícita por el bienestar y la salud de su congregación (en el convento había un baño que fue un donativo de un ex prefecto del palacio imperial) y las reglas que estableció fueron notables por su benignidad, en tiempos en que los comienzos del monasticismo se inclinaban a degenerar en la más rigurosa austeridad corporal. Cuatro años después de la muerte de Piniano, Santa Melania tuvo noticias de un tío materno suyo, llamado Volusiano, que aún era pagano y que se encontraba en Constantinopla al frente de una embajada. La santa decidió hacer personalmente el intento de convertir a su tío, que ya era un anciano y, con ese propósito, emprendió el viaje con su capellán (y su biógrafo) Geroncio, y tras una larga y penosa jornada, llegó a Constantinopla a tiempo para propiciar y atestiguar la conversión de Volusiano, que murió en sus brazos al día siguiente de haber recibido el bautismo. Se dice que el entusiasmo de Melania por lograr la conversión del anciano era tan vehemente que, al verlo dudar, le advirtió que apelaría al emperador Teodosio para que interviniese en el asunto. Pero Volusiano le respondió con gran cordura y moderó los ímpetus de su sobrina con estas palabras: "No debes forzar la buena y libre voluntad que Dios me ha dado. Estoy pronto y ansioso de limpiar las innumerables manchas de mi alma, pero si llegase a hacerlo por mandato del emperador, lo tendría siempre por un acto obligatorio, sin el mérito de la elección voluntaria".

   En la víspera de la Navidad del año 439, Santa Melania estaba en Belén y, tras la Misa del Alba, le anunció a Paula que su muerte estaba próxima. El día de San Esteban, asistió a la misa en su basílica y, después, leyó con las hermanas del convento el relato sobre el martirio de Esteban que figura en el Nuevo Testamento. Al término de la lectura, las hermanas la rodearon para desearle toda clase de bienes y de felicidades. "Lo mismo deseo para todas vosotras", repuso la santa. "Pero ya no volveréis a escucharme leer esta lección". Aquel mismo día, hizo una visita de despedida a los monjes y, a su regreso, ya se encontraba muy enferma. Reunió a todas las hermanas y les pidió que oraran por ella, "porque ya voy hacia el Señor". Habló brevemente para decirles que si alguna vez había usado palabras severas, sólo lo había hecho por amor ellas y concluyó diciendo: "Bien sabe Dios que yo no valgo nada y yo misma no me atrevo a compararme con ninguna buena mujer, ni aun de las que aun viven en la tierra. Sin embargo, creo que el enemigo no podrá acusarme en el Juicio Final, de haberme ido a dormir un solo día con rencor en mi corazón. El domingo 31 de diciembre, por la mañana temprano, cuando el capellán Geroncio celebraba la misa, su voz se entrecortaba por el llanto y las palabras rituales le salían mezcladas con los sollozos. Desde su sitio en la nave de la iglesia, Melania le envió un mensaje para pedirle que hablase con mayor claridad puesto que no podía oírle. Durante todo el día recibió a los visitantes hasta que llegó un momento en que dijo: "Ahora, dejadme descansar en paz A la hora de nona, se debilitó considerablemente y, al caer la tarde, en tanto que repetía las palabras de Job: "Como el Señor lo ha querido, que así sea murió tranquilamente. Tenía cincuenta y seis años de edad.

   A Santa Melania la Joven se le ha venerado desde los primeros tiempos en la Iglesia bizantina, pero, aparte de la inserción de su nombre en el Martirologio Romano, no se le ha rendido culto en el occidente hasta nuestros días. El cardenal Mariano Rampolla publicó una obra monumental sobre Santa Melania, en 1905. El escrito atrajo bastante la atención sobre el personaje, y, a partir de entonces, la santa recibió cierto culto. En 1908, el Papa Pío X aprobó la celebración anual de su fiesta por los miembros de la congregación italiana de clérigos regulares, conocidos como los "somaschi", y también fue adoptada por los católicos latinos de Constantinopla y de Jerusalén.

   Desde hace tiempo, se sabe que existen en diversas bibliotecas trozos de manuscritos de una biografía de Santa Melania escrita en latín y, todos esos fragmentos fueron impresos en Analecta Bollandiana, vol. VIII (1899), pp. 16-63. La edición del griego fue tomada de un manuscrito existente en la biblioteca Berberini por Delhaye y publicado en la misma Analecta Bollandiana, vol. XXII (1903), pp. 5-50. En 1905 el cardenal Rampolla, que había descubierto una copia completa de la biografía latina en el Escorial, publicó la biografía latina y la griega en un suntuoso volumen, Santa Mania Giuniore Senatrice Romana, con una introducción, disertaciones y notas. Hay considerables diferencias de opinión en cuanto a las relaciones que pueden existir entre la versión griega y la latina, que no concuerdan ni en el contenido, ni en la redacción. Una extensa contribución de Fr. Adhémar d'Alés en la Analecta Bollandiana vol. XXV (1906), pp. 401-450, el autor examinó detalladamente esas variaciones, para llegar a la conclusión de que la biografía de la santa había sido compuesta por su discípulo y capellán Geroncio, unos nueve años después de la muerte de Melania. Geroncio sólo hizo un esbozo en griego, pero los textos griego y latino que conocemos, fueron redactados años más tarde, tomando los datos del esbozo de Geroncio. Algunos siglos después, Metafrasto publicó su propia versión modernizada de la biografía. Esta se encuentra impresa en Migue, PG., vol. CXVI, pp. 753-794. Un muy buen resumen sobre la historia de Melania es el que escribió M. Goyau para la serie Les Saints (1908). Véase también a Leclercq en DAC., vol. XI, cc. 209-230.

BEATO ISRAEL,


31 de diciembre

BEATO ISRAEL,
(1014 P.C.)


     A este bienaventurado agustino le veneran como santo los canónigos regulares de Letrán y los fieles de la diócesis de Limoges, pero es muy poco lo que se ha registrado sobre él. Sólo contamos con algunas generalidades vagas o edificantes, como ésta: "Fue un buen ejemplo para todos, concurría asiduamente a los divinos oficios, se preocupaba por atender a las necesidades de los enfermos dedicaba toda su atención al celebrar los sagrados misterios de acuerdo con los ritos de la Iglesia...". En la ciudad de Dorat, en el Limousin, Israel era miembro de los canónigos regulares; ahí fue promovido a chantre y ascendió luego a familiar de Aldoín, obispo de Limoges, a quien acompañó a la corte le Francia. A pedido de los canónigos, el Papa Silvestre II lo envió como preboste al monasterio de San Juniano, en la alta Vienne, donde hizo progresar a la comunidad tanto temporal como espiritualmente, puesto que acabó con las divisiones y partidarismos, reformó la observancia y reconstruyó la iglesia. Después, Israel regresó a Dorat y se dedicó a la formación de San Walterio, el que fuera abad de L'Estrep. En Dorat el canónigo Israel volvió a ejercer las funciones de cbantre y abí murió, el 31 de diciembre de 1014. Su tumba llegó a ser famosa por los milagros que se obraban en ella.

   Una biogtaía escrita en latín en la Edad Media fue impresa en el año de 1657 por el P. Labbe en su Nova Bibliotheca manuscriptorum librorum, vol. II, pp. 566-567. Como el Beato Israel es el supuesto autor de un poema sobre Nuestro Señor Jesucristo, se incluye también una breve nota sobre él en la Histoire littéraire de Frunce, vol. VII, pp. 229-230.

viernes, 30 de diciembre de 2011

SAN SABINO, Obispo y Confesor


30 de diciembre



SAN SABINO,
Obispo y Confesor



En esto conocerán todos que sois mis discípulos,
si os amáis unos a otros.
(Juan, 13, 35).

   San Sabino, obispo de Asís, invitado a adorar una estatua de Júpiter, la tomó en sus manos y la arrojó al suelo, donde se hizo pedazos. el gobernador le hizo cortar las manos y lo condenó a morir en prisión perpetua. El juez a cuya guarda fuera confiado se convirtió al ver sus milagros y, a su vez, padeció el martirio poco después de la muerte de San Sabino.

MEDITACIÓN
SOBRE EL AMOR AL PRÓJIMO

   I. Se debe hacer al prójimo todo el bien que se pueda, asistirlo en sus necesidades materiales y espirituales. ¿Has cumplido durante este año este primer deber de la caridad cristiana? ¿Cómo has trabajado en la conversión de las almas, en la práctica de las obras de misericordia corporales y espirituales? ¿Cuántas ocasiones has perdido de acudir en ayuda de Jesucristo en la persona de tu prójimo? No te gloríes de amar a Dios si no amas a tu prójimo. Si alguien dice que ama a Dios y, al mismo tiempo, aborrece a su hermano, es un mentiroso. (San Juan).

   II. Ten cuidado de no herir a tu prójimo con tus palabras o tus actos; el que ofende a su prójimo ofende a Jesucristo, porque lo que hicieres al menor de los hombres a Jesucristo mismo se lo haces. Ten buena opinión de los demás y juzga favorablemente sus acciones. ¿Has observado estos preceptos en el curso de este año? ¿Cuántas veces has desobedecido a tus superiores y dado motivo de descontento a tus iguales y a tus inferiores? ¿No tienes enemigos? Si los tienes, reconcíliate con ellos lo antes posible.

   III. En una palabra, ¿has tratado a los otros como quisieras ser tratado tú mismo? Quieres ser estimado, alabado, honrado, quieres que se te perdonen tus faltas y que se hable bien de ti: ¿tienes para con los demás la caridad que exiges de ellos? Sé familiar con tus amigos, afable y equitativo para con todos. Dios permitirá que se te trate como tú hayas tratado a los demás, y Él mismo usará contigo la medida que tú hayas usado con tu prójimo. No hagas a otro la que no quisieras que se te haga a ti.

El amor al prójimo 
Orad por vuestros enemigos.

ORACIÓN

   Dios omnipotente, mirad nuestra flaqueza, ved cómo el peso de nuestras obras nos abruma, y fortificadnos por la gloriosa intercesión de San Sabino, vuestro mártir y pontífice. Por J. C. N. S. Amén.



SANTA ANISIA, Mártir


30 de diciembre



SANTA ANISIA,
Mártir

   Santa Anisia, era una joven cristiana, huérfana de padre y madre y dueña de una gran fortuna con la que beneficiaba generosamente a los necesitados. En los tiempos en que el gobernador Dulcicio desató una cruel persecución en Tesalónica y trataba de impedir, especialmente, que los cristianos llevasen a cabo sus asambleas religiosas, Anisia resolvió, un día, asistir a la reunión de los fieles. Al salir de la ciudad por la puerta de Casandra, uno de los guardias le cerró el paso para preguntarle a dónde se dirigía. Anisia retrocedió, asustada y, al presentir que se hallaba en peligro, hizo la señal de la cruz sobre su frente. Inmediatamente, varios soldados agarraron con brutalidad a la joven y comenzaron a interrogarla. "¿Quién eres? ¿A dónde vas?", le preguntaron. "Soy una sierva de Jesucristo", repuso ella mansamente. "Voy a la asamblea de los fieles del Señor". "No permitiré que vayas", dijo el guardia. "En   cambio, te llevaré a que ofrezcas sacrificios a los dioses, en este día, adoramos al sol". A medida que hablaba, el soldado arrancó el velo para ver el rostro de Anisia y luego trató de tomarla por las ropas. La joven se defendió y comenzó a luchar como pudo con el hombre. Este se enfureció a tal extremo que, en un momento dado, desenvainó su espada y la hundió en el cuerpo de Anisia. La joven se desplomó al suelo y murió sobre un charco de su propia sangre. Cuando retornó la paz para la Iglesia, los cristianos de Tesalónica construyeron un oratorio en el lugar donde había sido sacrificada Anisia. En las "actas" de esa mártir se afirma que el guardia asesino cometió su crimen por obediencia a un edicto (enteramente inventado) del emperador Galerio, emitido con la idea de que la ejecución de cristianos era algo que no correspondía a su dignidad imperial y, en consecuencia, se permitía a los guardias y soldados matarlos a discreción.


SAN ANISIO, Obispo de Tesalónica


30 de diciembre

SAN ANISIO,
Obispo de Tesalónica
(410 P.C.)


  En el año de 383, cuando murió Ascolio, obispo de Tesalónica, y se eligió a Anisio para reemplazarlo, San Ambrosio escribió una carta al nuevo prelado para decirle que había tenido noticias de que era un celoso discípulo de Ascolio y para expresarle su esperanza de que demostrase ser "otro Eliseo para su Elias.

   Son muy escasos los detalles que se conocen sobre la vida de San Anisio, pero en la historia de la Iglesia se le toma muy en cuenta, a causa de la actitud del Papa San Dámaso, quien le nombró patriarca vicario de la Iliria, un territorio que, posteriormente, fue motivo de disputa entre Roma y Constantinopla. Además, los poderes que se le confirieron, fueron renovados por los pontífices San Siricio y San Inocencio I.

   San Anisio apoyó siempre con vigor a San Juan Crisóstomo e hizo un viaje especial a Constantinopla para defender su causa contra Teófilo de Alejandría, En el año de 404, San Anisio, junto con otros quince obispos de Macedonia, hizo un llamado al Papa Inocencio para que emitiese su juicio en la causa por la cual San Juan Crisóstomo había sido exilado de su sede, con la promesa de actuar según su última decisión. San Juan Crisóstomo escribió una carta de agradecimiento a Anisio. Durante el episcopado del santo, tuvo lugar en Tesalónica la espantosa matanza a que nos referimos en el artículo sobre San Ambrosio. Las virtudes de San Anisio fueron muy alabadas, tanto por San Inocencio I como por San León el Grande.

   No existe ninguna biografía de San Anisio y nuestros conocimientos sobre él deDependen de noticias aisladas, como por ejemplo, las que discute Tillemont en sus Memoires, vol. X, pp. 156-158. Véase también a Duchesne, en L'lllyricum eclésiastique, editado en el Byzantinische Zeitschrift, vol. I (1892), pp. 531-550, a J. Zeiller en Les Origines Chrétiennes dans les provinces danubiennes, vol. I (1918), pp. 310-325 y, a L. Petit en Les évéques de Thessalonique, publicado en Echas d'Orient, vol. IV (1901), pp. 141 y ss.

SAN EGWIN, Obispo de Worcester


30 de diciembre



SAN EGWIN,
Obispo de Worcester
(717 P.C.)


  Egwin, de quien se afirma que era descendiente de los reyes mercianos, se dedicó al servicio de Dios desde su juventud y llegó a ocupar la sede episcopal de Worcester hacia el año 692. Por su celo y por su energía para combatir los vicios, incurrió en la hostilidad de muchos, incluso de sus fieles y miembros de su clero. Precisamente, aquella oposición brindó a Egwin la oportunidad de hacer una peregrinación a Roma, a fin de responder ante la Santa Sede por diversas quejas que se habían formulado contra él. Algunas de las leyendas dicen que, antes de partir, el santo se puso grilletes en los tobillos, por penitencia, y cuando iba de camino, arrojó la llave de su iglesia al río Avon, pero posteriormente recuperó la llave al encontrarla en el vientre de un pez, en la misma Roma, según afirman unos, o en Francia, cuando iba de regreso a Inglaterra, como afirman otros.

   Cuando estuvo de vuelta, y con la asistencia de Etelredo, el rey de Mercia, fundó la famosa abadía de Evesham, bajo el patrocinio de la Santísima Virgen. De acuerdo con las crónicas, en Evesham, un pastor llamado Eof tuvo una visión de la Virgen María y, poco después, el propio obispo Egwin pudo ver a la Madre de Dios, de suerte que en aquel sitio (Evesham significa campo o pradera de Eof) se estableció el monasterio. Más tarde, probablemente hacia el año 709, el obispo emprendió un segundo viaje a Roma, en compañía de los reyes Cenredo, de Mercia, y Offa, de la Sajonia del este, y se asegura que, en aquella ocasión, el Papa Constantino otorgó al prelado un considerable número de privilegios para su fundación. Tras los disturbios del siglo décimo, Evesham llegó a ser una de las grandes casas de los benedictinos en la Inglaterra medieval. Según Florencia de Worcester, San Egwin murió el 30 de diciembre de 717 y fue sepultado en el monasterio de Evesham. Su fiesta se celebra en al arquidiócesis de Birmingham.

   Una biografía que data del siglo XI, fue impresa por Mabillon (sección III part. I, pp. 316-324) y también en el BHL., 2432-2439. Para su vida y milagros, véase Gotha MS. I. 81 y la Analecta Bollandiana, vol. LVIII (1940), pp. 95-96 y, cf. T Hardy, en Descriptive Catalogue... vol. I, pp. 415-420; la Evesham Chronicle, edi. de W. D. Macrey en la Rolls Serles, vol. XXIX, 1863 (introducción) y, a R. M. Wilson. Lost Literature of Medieval England (1952), p. 104. Ver el Acta Sanctorum, enero, Vol. I, a Stubbs en DCB, vol. II, pp. 62-63 y el St. Egwin and his Abbey... (1904), compilado por las monjas de Stanbrook. En 1183, probablemente el 11 de enero, los restos de San Egwin fueron trasladados a un lugar más honorable, y muchos de los martirologios ingleses fijaron su festividad en la fecha de su traslación. Ver la Menology de Stanton, pp. 615 y ss. Es algo muy singular que Beda no haga mención de Egwin ni Evesham.

TRASLACIÓN DEL APÓSTOL SANTIAGO (En España)


30 de diciembre



TRASLACIÓN DEL APÓSTOL SANTIAGO
(En España)


  Corría el año 42 después de Cristo cuando Herodes Agripa manda decapitar a Santiago el Mayor, discípulo de Cristo. San Lucas narra como su cuerpo fue arrojado fuera de la ciudad para que fuera devorado por los perros y las fieras, pero sus discípulos lograron rescatarlo y lo embarcaron en el puerto de Jope. Tras siete días de navegación arribaron al puerto de Iria Flavia (la actual Padrón), atando la embarcación a una roca donde posaron el cuerpo de su maestro, roca que fue cediendo hasta convertirse en el sarcófago del Santo.

   Los discípulos se dirigen entonces a la corte de la reina Lupa para solicitarle una parcela para sepultar al Apóstol; la reina los envió a la cercana corte del rey Duyo, enemigo del cristianismo, quien los encarceló. Un ángel los liberó y, cuando eran perseguidos, se produjo el milagro del hundimiento de un puente que acabó con los perseguidores. Volvieron a la corte de Lupa, quien de nuevo intentó deshacerse de ellos aconsejándoles que unciesen el carro con unos supuestos bueyes mansos que eran, en realidad, toros salvajes. Los animales, olvidando su fiereza, se dejaron uncir, milagro que hizo que la reina Lupa se convirtiera al cristianismo y cediera su palacio para iglesia y sepultura del Apóstol.

   Casi ocho siglos más tarde, hacia el año 813 según la leyenda, unos pastores observaron una estrella que poseía una luminosidad extraña. La luz iluminaba el monte llamado Libredón, futuro asentamiento de Santiago de Compostela, que fue limpiado de maleza por orden del obispo. Bajo la maleza se halló el arca marmórica con los restos, que el obispo Teodomiro, por revelación divina, aseguró que pertenecían al Apóstol Santiago. El rey astur Alfonso II el Casto visita el lugar y ordena construir la primera iglesia dedicada a Santiago. Este es el origen de la basílica actual, de la ciudad y del camino santiagués que durante siglos atrajo, y atrae, peregrinos de todos los confines de Europa. Santiago se convierte en símbolo de la Reconquista frente a los moros, en una época especialmente dada al culto de reliquias de santos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

SANTO TOMÁS BECKET, Obispo y Mártir


29 de diciembre





SANTO TOMÁS BECKET,
Obispo y Mártir



El que guarda los mandamientos
mora en Dios, y Dios en él.
(1 Juan, 3, 24).

   Nacido en Londres en 1118, Santo Tomás Becket estudió en Oxford y en París. Llegó a ser canciller de Inglaterra bajo el reinado de Enrique II y después arzobispo de Cantorbery en 1162. Fue perseguido por el rey por haber defendido las inmunidades de la Iglesia y se retiró a Francia por espacio de siete años, alimentándose de legumbres, acostándose en el duro suelo y llevando siempre un cilicio. Intervino una reconciliación y Santo Tomás fue finalmente restablecido en su cargo; pero, cuatro semanas después de su vuelta a Inglaterra, fue asesinado al pie del altar, en 1170. Enrique II protestó no haber ordenado este crimen y fue descalzo a su tumba al año siguiente.

MEDITACIÓN
SOBRE EL AMOR DE DIOS

   I. Meditemos en estos tres últimos días del año, acerca de nuestros deberes para con Dios, para con el prójimo y para con nosotros mismos. Has sido creado para amar a Dios sobre todas las cosas; éste es tu único quehacer, todo lo demás nada es. Dime, por favor, ¿qué has hecho durante este año? Examina tus acciones, tus pensamientos y tus palabras. De días pasados, de tantas horas transcurridas, s has consagrado al servicio de Dios? ¡Oh gran Dios! ¡Vos queréis hacerme dichoso eternamente, y yo rehúso serviros durante los pocos momentos que me quedan de vida!

   II. ¿Qué has hecho contra Dios? ¿Cuántas veces has desobedecido a sus mandamientos y rechazado sus inspiraciones? ¿Cuántas veces has abusado gracias y profanado sus sacramentos? Interroga a tu conciencia, y di con David: "Contra Vos solo, Dios mío, he pecado". He guardado las apariencias, he querido contentar a los hombres con una devoción de puro alarde, pero no he podido con ello contentar a Dios que ve hasta el fondo de mi alma. He pecado contra Vos solo y he hecho el mal en vuestra presencia. (El Salmista).

   ¡Cuántas cosas pudiste hacer por Dios y no hiciste! Y sin embargo ¿Pudo acaso Dios hacer por ti más de lo que hizo? Pongamos, pues, manos a la obra, demos al Señor el resto de nuestra vida. Bastante hemos trabajado para nuestro cuerpo y para la tierra, hagamos algo para nuestra alma y para el cielo. Hemos dado un año a nuestro cuerpo, demos algunos días a nuestra alma; vivamos un poco para Dios, después haber vivido tanto para el siglo. (San Pedro Crisólogo).

El amor de Dios
Orad por el Papa.

ORACIÓN

   Dios, que habéis visto caer al glorioso pontífice Tomás bajo la espada de los impíos por la causa de vuestra Iglesia, haced, os lo conjuramos, que todos imploran su auxilio obtengan el efecto saludable de sus ruegos. Por J. C. N. S. Amén.

SAN MARCELO AKIMETES, Abad


29 de diciembre



SAN MARCELO AKIMETES,
Abad
(485 P.C.)


   Los "Akoimetoi" se distinguen de los otros monjes orientales tan sólo por la regla que los dividía en varios coros que, sucesivamente, cantaban el oficio divino de día y de noche, sin interrupción. De ahí proviene el nombre de los "incansables" con el que se les conocía. El monasterio fue fundado y la orden instituida por San Alejandro, un monje sirio que se estableció en Gomon, a orillas del Mar Negro. Juan, el sucesor de Alejandro, trasladó la comunidad a un monasterio que construyó en Eirenaión, un sitio placentero a orillas del Bósforo, frente a la costa donde se encuentra Constantinopla. San Marcelo, que fue elegido abad de aquella casa en tercer lugar, levantó su reputación a los más altos niveles y él mismo fue el más distinguido de los monjes "Akoimetoi".

   Marcelo nació en la ciudad siria de Apamea y, a la muerte de sus padres, quedó como heredero de una gran fortuna.   No obstante su riqueza, concibió un profundo desagrado por todo lo que el mundo podía ofrecerle, partió a Antioquía y se consagró por entero a los estudios sagrados. Más tarde se estableció en Efeso, donde se puso bajo la dirección de un varón justo, siervo de Dios, en cuya compañía dedicaba todas las horas del día a la oración y a la copia de libros sagrados. La reputación de la vida de soledad y austeridad de los monjes "Akoimetoi", atrajo a Marcelo quien ingresó en la comunidad e hizo tantos progresos, que el abad Juan, al ser elegido, le tomó como ayudante y consejero y, en consecuencia, a la muerte de Juan, Marcelo fue elegido abad.

   Al decrecer la oposición del emperador Teodossio II y algunas de las autoridades eclesiásticas, el monasterio floreció extraordinariamente bajo su prudente y virtuosa administración. Varias veces se encontró en apuros para hacer las ampliaciones necesarias en los edificios de su monasterio, pero siempre fue abundantemente  provisto de los medios para hacerlo, por parte de  un hombre riquísimo que acabó por tomar los hábitos junto con sus hijos. El propio San Marcelo, al hacerse monje, insistió en desprenderse hasta del último centavo de su cuantiosa fortuna y, en consecuencia, era muy estricto en cuanto a la observancia de la pobreza y no toleraba que sus monjes hiciesen acopio de bienes e inversiones de dinero de ninguna especie. Solía decir que ya era un exceso almacenar alimentos para diez días. Los "Akoimetoi" habían despreciado hasta entonces todo trabajo manual, pero el abad Marcelo insistió para que todos trabajaran, les gustase o no. La comunidad contaba con trescientos miembros, y desde todos los puntos del oriente llegaban a manos de San Marcelo las solicitudes para el envío de abades a fundar monasterios en lugares distantes o grupos de monjes para formar los núcleos de nuevos establecimientos. Entre éstos, el más famoso fue el monasterio de Constantinopla, fundado en 463 por un antiguo cónsul llamado Studius, con algunos monjes "Akoimetoi".

   Entre las actividades de aquellos monjes figuraba, principalmente, el trabajo apostólico que pudiesen realizar desde sus respectivos monasterios; por cierto que San Marcelo fue una personalidad muy destacada en la predicación del Evangelio y el impulsó a todos los movimientos en contra de las herejías que se iniciaron en Contastinopla, en su tiempo. El fue uno de los veintitrés archimandritas que suscribieron la condenación de Eutiquio, en el sínodo convocado por San Flaviano en 448, y también participó en el Concilio de Calcedonia. Cuando el emperador León I propuso elevar a Patricio, el cónsul godo, a la dignidad de "césar", Marcelo protestó de que se pretendiese dar tanto poder a un arriano y vaticinó acertadamente la próxima ruina de la familia de Patricio. En el año de 465, se produjo un gran incendio en Constantinopla y ocho de los dieciséis distritos de la ciudad quedaron destruidos. Era tanta la reputación de San Marcelo, que la población atribuyó a su intercesión que no hubiesen quedado en ruinas los otros ocho barrios. El santo gobernó su monasterio durante unos cuarenta y cinco años y murió el 29 de Diciembre del año 485.

   Nuestras informaciones proceden de una detallada biografía escrita en griego, atribuida al Metafrasto y que se imprimió en Migne, PG., vol. CXVI, pp. 705-745. Véase también el Synax. Const. (ed. Delehaye), ce. 353-354; a Pargoire en DAC., vol. I cc. 315-318 y el Echos d'Orient, vol. II, pp. 305-308 y 365-372; y la Revue des questionshistoriques, enero de 1899, pp. 69-79.

SAN TROFIMO, Obispo de Arles


29 de diciembre


SAN TROFIMO,
Obispo de Arles,
(¿Siglo III?)


  Entre los que acompañaron a San Pablo en su tercer viaje, se encontraba un gentil de Efeso llamado Trófimo, el mismo que, posteriormente, fue el motivo de que se desatara la hostilidad contra el Apóstol de las Gentes cuando se presentó con él en Jerusalén. A Trófimo se referían aquellos gritos de los judíos: "¡Hizo entrar a los gentiles en el templo; ha mancillado este santo lugar! Y todo, porque habían visto a Trófimo el de Efeso en la ciudad con Pablo y supusieron que el Apóstol le había llevado al templo". También se menciona su nombre nuevamente en la segunda Epístola a Timoteo, donde se dice que Trófimo se quedó enfermo en Malta.

   Cuando el Papa San Zósirno escribió a los obispos de las Galias en 417, hizo referencias a que la Santa Sede había enviado a Trófimo a las Galias y que sus prédicas en Arlés formaron la fuente de donde las aguas de la fe se extendieron por toda la comarca. Ciento cincuenta años más tarde, San Gregorio de Tours escribió que San Trófimo de Arles, primer obispo de aquella diócesis, fue uno de los seis prelados que llegaron de Roma con San Dionisio de París a mediados del siglo tercero. Nada más se sabe sobre Trófimo de Arles. A raíz de la declaración del Papa Zósimo, se le identificó con el Trófimo de Efeso que acompañó a San Pablo.

   Por supuesto que no existe ninguna biografía sobre San Trófimo y, sin embargo, en vista de que la catedral de Arles está dedicada a él y, si se toman en cuenta las palabras del Papa Zósimo y otras referencias, es necesario tomarle como un personaje histórico. La afirmación de que se le identificó con el Trófimo que menciona San Pablo (en 2 Tim. IV 20) es una de las invenciones características del martirólogo Ado. Véase el Martyrologes Historiques de Quentin, pp. 303 y 603, así como los Fastes Episcopaux de Duchesne, vol. I, pp. 253-254 y el DCB, vol. IV, p. 1055.

SAN EBRULFO o EVROULT


29 de diciembre



SAN EBRULFO o EVROULT,
Abad
(596 P.C.)


  Ebrulfo creció y se educó en la corte del rey Childeberto I. Ahí contrajo matrimonio, pero al cabo de algún tiempo, la pareja consintió en la separaciór La esposa tomó el velo en un convento y el marido distribuyó todos sus bienes entre los pobres. Sin embargo, pasó un tiempo bastante considerable antes de que pudiera obtener el permiso del rey para abandonar la corte. A la larga pudo ingresar en un monasterio en la diócesis de Bayeux, donde sus virtudes le granjearon la estima y la veneración de sus hermanos. Pero el respeto con que se vio tratado le pareció una tentación y, para evitarla, se retiró con otros tres monjes, a fin de ocultarse en un rincón remoto del bosque de Ouche, en Normandía. Aquellos ermitaños improvisados no habían tomado medida alguna para asegurar su mantenimiento, pero se las ingeniaron para establecerse junto a un manantial, donde construyeron una represa para almacenar las aguas, cultivaron un huerto y se construyeron chozas. Poco después, un campesino descubrió, con el consiguiente asombro, el floreciente establecimiento en lo más remoto del bosque. El campesino advirtió a los ermitaños que corrían grave peligro en aquel lugar, porque los montes de las cercanías eran guaridas de bandidos. "Hemos venido aquí", repuso Ebrulfo, "a llorar por nuestros pecados. Tenemos puesta nuestra confianza en la misericordia de Dios, que alimenta y cuida a los pajarillos del aire. A nadie tememos". Al día siguiente el campesino les trajo panes y jarros con miel y no trascurrió mucho tiempo sin que se uniera a los ermitaños para imitar su santa existencia. Más tarde uno de los asaltantes se presentó en el lugar para advertirles que estaban en peligro. Ebrulfo se apresuró a responderle igual a como le había contestado al campesino. El bandido se convirtió también y atrajo a muchos de sus compañeros, de tan buena disposición como él, para que hablasen con el santo. Este les dio buenos consejos y muchas enseñanzas, de suerte que los bandidos decidieron establecerse cerca de los ermitaños y trabajar honradamente para ganarse la vida. Las dos comunidades trataron de cultivar más tierras, pero el lugar resultaba demasiado árido y pedregoso para producir buenas cosecha. Sin embargo, ninguno se mostró dispuesto a abandonar aquel sitio y todos declararon estar conformes con lo poco que obtuviesen. Los habitantes de los caseríos y poblaciones de la comarca, les llevaban con frecuencia provisión de toda especie que San Ebrulfo aceptaba como limosnas.

   Los beneficios y consuelos de la contemplación no interrumpida hicieron nacer en Ebrulfo el deseo de vivir para siempre como un anacoreta, sin tener que soportar la carga de cuidar a los demás. Sin embargo, consideró que no podía permanecer indiferente a la salvación del alma de sus vecinos y, por lo tanto, recibió a todos los que querían vivir bajo su dirección y, para hospedarlos dignamente, construyó un monasterio que, más tarde, llevó su nombre En vista de que su comunidad comenzó a crecer en forma extraordinaria, como muchas gentes le ofrecían terrenos, fundó otros monasterios para hombres y para mujeres.

   San Ebrulfo acostumbraba exhortar a sus religiosos para que se dedicaran particularmente a los trabajos manuales a fin de que se ganaran el pan con sus labores y el cielo con el servicio a Dios en el trabajo. San Ebrulfo murió en 596, a los ochenta años de edad, y se afirma que, durante las últimas seis semanas de su vida, no pudo tragar absolutamente nada, a excepción de la hostia consagrada y un poco de agua.

   Existe una biografía bastante completa, compuesta por un escritor anónimo del siglo nueve, que fue impresa por Surio con sus acostumbradas correcciones a la fraseología latina. La versión abreviada o modificada de esta biografía, se encuentra en Mabillon, vol. I, pp. 354-361, con agregados complementarios de Orderico Vitalis. Véase también el prefacio de Leopold Delisle a su edición de la Historia Ecclesiastica de Orderico Vitalis, pp. LXXIX-LXXXIV. En el Bulletin de la soc. hist. arch. de l'Orne, vol. VI(1887), pp. 1-83, J. Blin editó un poema francés del siglo doce, en el que se relata la historia de San Ebrulfo. También se ha publicado una breve biografía de tipo popular, escrita por H.G. Chenu (1896).

BEATO GERARDO DE VALENZA PO, Religioso


29 de diciembre



BEATO GERARDO DE VALENZA PO,
Religioso



Gerardo Cagnoli nació en Valenza Po, Piamonte, hacia 1270. Después de la muerte de su madre, acaecida en 1290 (su padre ya había muerto), abandonó el mundo y vivió como peregrino, mendigando el pan y visitando los santuarios. Estuvo en Roma, Nápoles, Catania y quizás en Erice (Trapani).

Impresionado por la fama de santidad del franciscano San Luis de Anjou, obispo de Tolosa, ingresó en la Orden de los Hermanos Menores en Randazzo, Sicilia, donde hizo el noviciado y vivió algún tiempo. Del convento de Randazzo pasó a Palermo en calidad de portero y allí permaneció hasta su muerte siendo la admiración de sus cohermanos y de los fieles por sus encillez y sus virtudes.

Cerca de la puerta del convento plantó un ciprés y arregló un pequeño altar en honor de la Virgen y de San Luis de Anjou, de quien era devotísimo. Allí ardía continuamente una lámpara de aceite. Con un ramito de ciprés bañado en aceite de la lámpara bendecía a los enfermos que se acercaban a él en busca de consuelo. Muchos se iban perfectamente curados o consolados con su palabra. La fórmula que él empleaba para bendecir era esta: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, por la intercesión de la Virgen María, de San Francisco y de San Luis sé liberado de esta enfermedad”. Los milagros se sucedían.

Enrique d’Abbati, justicia del rey, estaba gravemente enfermo, y se había perdido toda esperanza. Fue llamado Fray Gerardo, que consoló con palabras fraternales al enfermo. Luego se postró en profunda oración. Poco después el enfermo se levantó perfectamente curado. Dormía pocas horas sobre una desnuda tabla; con instrumentos de penitencia maltrataba su cuerpo; continua oración, íntima unión con Dios, he ahí el programa de su larga vida.

Había transcurrido más de 30 años en la Orden Franciscana, cuando en la fiesta de San Juan Evangelista de 1345 se le apareció la Sma. Virgen y le aseguró que dentro de dos días volaría al cielo. Ante este anuncio Gerardo se alegró muchísimo y se preparó para las bodas eternas con gran fervor. El 29 de diciembre recibió con profunda devoción los últimos sacramentos de la fe y se durmió serenamente en el sueño de los justos. Tenía 75 años. Su sepulcro fue meta peregrinación de muchos devotos que recurrían a él. Su culto continuó sin interrupción. Los despojos mortales del Beato Gerardo Cagnoli reposan en el templo de San Francisco en Palermo, a pocos pasos de la puerta del convento que por largos años fue testigo de su santidad.

San Pío X aprobó su culto el 13 de mayo de 1908.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

LOS SANTOS INOCENTES, Mártires


28 de diciembre


LOS SANTOS INOCENTES,
Mártires



Herodes mandó matar a todos los niños que había
en Belén y en toda su comarca, de dos años abajo.
(Mateo,2, 16).

   Había Jesús nacido en Belén, y los magos vinieron de Oriente a la corte de Herodes para averiguar dónde acababa de nacer "el rey de los judíos". Turbóse Herodes, y, habiendo convocado a los príncipes de los sacerdotes, les preguntó donde debía nacer el Cristo. Llamó después a los magos en secreto y les dijo: "Id, informaos con cuidado acerca de este niño, y cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo". Pero los magos, advertidos por el Cielo, no volvieron. Se enfureció Herodes e hizo degollar a todos los niños de Belén y sus alrededores, hasta la edad de dos años. Este bautismo de sangre envió muchos ángeles al cielo.

MEDITACIÓN
SOBRE LA FIESTA
DE LOS SANTOS INOCENTES

    I. Estos niños vertieron su sangre por Jesucristo antes de conocerlo. Hace ya tantos años que tú conoces a Dios y los beneficios con que te ha colmado, y ¿cómo lo has servido? Dale la flor de tu vida, conságrale a su servicio tus mejores años, como los santos inocentes. ¡Dichosos niños, no pueden aún pronunciar el nombre de Cristo, y ya merecen morir por Él! (San Eusebio).

   II. No es hablando, sino sufriendo y muriendo, como estas primicias de los mártires, estas flores de la naciente Iglesia confesaron la fe de Jesucristo. A menudo Dios pide que tú lo confieses callándote y sufriendo. Te calumnian, te persiguen: sufre, cállate. ¡Ah! ¡cuán elocuente testimonio de tu fidelidad es esta paciencia muda! En vano dices que eres totalmente de Dios: corresponde que lo digan tus acciones; trabaja por Dios, sufre por amor suyo.

   III. Debes ser inocente como estos niños si quieres entrar en el cielo: Si perdiste la inocencia bautismal, es preciso que laves tu alma en las amargas aguas de la penitencia. Ojos míos, derramad vuestras lágrimas para extinguir el fuego del infierno y aun del purgatorio, y para lavar mis pecados; porque nada que esté sucio entrará en el reino de los cielos. ¡Dichoso si a semejanza de estas santas almas, podemos obtener la corona del martirio! Esta edad, todavía no apta para la lucha, está ya madura para la victoria.

La pureza
Orad por los niños de China.

ORACIÓN

   Oh Dios, cuyos Inocentes mártires publican hoy la gloria no con sus palabras sino con su sangre, haced morir en nosotros los vicios todos, a fin de que la santidad de nuestra vida venidera proclame la fe que confiesan nuestros labios. Por J. C. N. S. Amén.

SAN TEODORO EL SANTIFICADO


28 de diciembre

SAN TEODORO EL SANTIFICADO,
 Abad
(368 P.C.)


   Fue tanta la gloria que dieron a la Iglesia en los siglos cuarto y quinto las órdenes monásticas que por entonces florecieron con todo esplendor en los desiertos de Egipto, que tanto Teodoreto como Procopio aplican al estado deaquellos santos reclusos, los pasajes de los profetas en los que se habla del advenimiento de la nueva edad en que imperase la ley de la gracia. "Los páramos se regocijarán y florecerán como el lirio; se abrirán los capullos y habrá regocijo, con alegres alabanzas" (Isaías xxxv 1, 2, etc.). Uno de los santos eminentes en aquella pléyade, fue el abad Teodoro, discípulo de San Pacomio. Teodoro nació en la alta Tebaida, alrededor del año 314, de padres muy acaudalados y, cuando contaba entre once y doce años de edad, durante  la fiesta de la Epifanía, se entregó a Dios con un fervor precoz, resuelto a no anteponer nunca nada al amor divino y su servicio. Con el correr del tiempo, la gran reputación de San Pacomio le atrajo hacia Tabenna, donde no tardó en descollar entre los seguidores del santo. Éste le tomó como compañero permanente cuando hacía el recorrido de sus monasterios. San Pacomio elevó a Teodoro al sacerdocio y, antes de retirarse al pequeño monasterio de Pabau, le encargó el gobierno de Tabenna.

   San Pacomio murió en el año de 346, y Petronio, a quien había nombrado su sucesor, murió también trece días después. Entonces se eligió como abad a San Orsisio, pero como éste encontró la carga demasiado pesada y el grupo de monasterios amenazaba con dividirse en partidos, dimitió para dejar a Teooro en su lugar. Lo primero que éste hizo fue reunir a todos los monjes para exhortarlos a la concordia. Investigó las causas de las divisiones y les puso el remedio efectivo. Gracias a sus plegarias y a sus incansables esfuerzos, la unidad y la caridad quedaron restablecidas. San Teodoro visitó los monasterios, uno tras otro, y a cada monje en particular le dio instrucciones, consejos, consuelos y aliento; de esa manera, corrigió los errores con una delicadeza y un tacto irresistible. Varios fueron los milagros que obró y muchas las ocasiones en que vaticinó el futuro. Cierto día se hallaba en un bote, en aguas del Nilo, con San Atanasio; en un momento dado de la conversación, le aseguró que, en aquel preciso momento había muerto en Persia su perseguidor, Juliano el Apóstata, y agregó que el sucesor devolvería la paz a la Iglesia y la tranquilidad a Atanasio. Ambos vaticinios se confirmaron plenamente. Uno de los milagros obrados por San Teodoro nos proporciona uno de los ejemplos más antiguos sobre el uso del agua bendita como un sacramental para la curación del cuerpo y del alma. San Amón, un contemporáneo de Teodoro, es quien refiere la historia. Cierto día, llegó a las puertas del monasterio de Tabenna un hombre acongojado para pedir a San Teodoro que acudiese a orar por su hija, que estaba gravemente enferma. San Teodoro no podía ir en aquellos momentos, pero recordó al hombre que Dios escuchaba las plegarias donde quiera que se dijesen. A esto repuso el hombre que no tenía mucha fe en las oraciones a distancia y presentó al monje un recipiente de plata, lleno de agua y le pidió que, por lo menos invocase el nombre de Dios sobre el agua, para darla como medicina a su hija. Teodoro accedió y, luego de murmurar una oración, hizo la señal de la cruz sobre el recipiente. El hombre regresó precipitadamente a su casa, encontró a su hija ya inconsciente, le abrió la boca y virtió en ella un poco de agua. Por virtud de la oración y la bendición de San Teodoro, la joven recuperó la salud y se salvó.

   Se refiere también que, en cierta ocasión, San Teodoro pronunciaba una conferencia ante sus monjes mientras éstos trabajaban en la confección de esteras. En aquel momento, dos víboras salieron por debajo de una piedra y se arrastraron hacia el santo. Este, para no interrumpir su disertación ni perturbar al auditorio, puso un pie sobre los dos reptiles y los mantuvo sujetos hasta que terminó de hablar. Entonces retiró el pie y mandó a los monjes que matasen a las víboras, sin haber recibido de ellas daño alguno, El Sábado Santo del año 368, uno de los monjes agonizaba y San Teodoro fue a atenderle en sus últimos momentos. Fue entonces cuando vaticinó a todos los que estaban presentes: "Muy pronto, a esta muerte seguirá otra que no se espera". Aquel mismo día, San Teodoro pronunció su acostumbrado discurso a los monjes, reunidos en el monasterio de Pabau para la celebración de la Pascua, pero apenas los había despachado a sus respectivos monasterios, cuando se sintió muy enfermo. Al otro día, 27 de abril, murió tranquilamente. Su cuerpo fue llevado en procesión hasta la cima del monte donde los monjes tenían su cementerio, pero no pasó mucho tiempo sin que el cadáver fuese exhumado para sepultarlo junto al de San Pacomio. San Atanasio escribió una carta a los monjes de Tabenna para consolarlos, con sentidas palabras, por la pérdida de su abad y para recomendarles que tuviesen siempre presente la gloria que ya poseía el siervo de Dios.

   Toda la información de que se podía echar mano en el siglo XVII, en relación con la historia de San Teodoro, se encuentra reunida en el relato sobre San Pacomio, publicado en el Acta Sanctorum, mayo, vol. III. Desde entonces, han aparecido diversos textos, la mayoría de ellos en copto o traducidos del copto. Véase la bibliografía al pie del artículo dedicado a San Pacomio (9 de mayo) en esta obra. En relación con la vida de San Teodoro, tiene especial importancia la Epístola Ammonis, impresa en el Acta Sanctorum, mayo, vol. III, pp. 63-71. En inglés, consúltese The Monasteries of Wadi n'Natrun pte. II, de H. G. Evelyn White y también las notas críticas sobre la citada obra, publicadas por P. Peeters, en Analecta Bollandiana, vol. LI (1933), pp. 152-157. Los griegos conmemoran a este santo en mayo, y el Martirologio Romano lo conmemoraba el 28 de diciembre, pero en sus últimas ediciones trasladó su fiesta al 27 de abril, fecha de su muerte.

SAN ANTONIO DE LERINS


28 de diciembre


SAN ANTONIO DE LERINS, 
(520 P.C.)


  Antonio nació en Valeria, de la baja Panonia, durante la época de las invasiones de los bárbaros. Como su padre murió cuando el niño tenía apenas ocho años de edad, se confió su cuidado a San Severino, el intrépido apóstol de Noricum. Es muy probable que Antonio viviese con su tutor en el monasterio que éste había fundado en Faviana y es posible que, aún niño, viese a Odoacro cuando encabezaba su marcha triunfal hacia Roma. San Severino murió alrededor del año 482 y, entonces, Antonio quedó a cargo de su tío Constancio, obispo de Lorch, en Baviera. Tomó el hábito de monje, se retiró de Noricum. a Italia, junto con los otros romanos, en el 488, cuando apenas tendría veinte años. Al cabo de algunas vacilaciones, se estableció en las proximidades del Lago Como, donde se asoció y se puso al servicio de un sacerdote llamado Mario, que dirigía a un grupo de discípulos. Mario llegó a sentir una gran admiración por Antonio y le instó a que se ordenase sacerdote y compartiese su trabajo. Pero la vocación de Antonio estaba en la vida solitaria, por lo que se apartó de Mario para unirse a dos ermitaños que se habían establecido cerca de la tumba de San Félix, al otro lado del lago. Allá vivió en una cueva, dedicado a la plegaria, el estudio y el cultivo de su huerto, aunque, con frecuencia, le distraían los numerosos visitantes. Fue por entonces, cuando un asesino que huía de la justicia simuló un fervor extraordinario y se quedó con Antonio como discípulo. Sin embargo, el santo "leyó en su alma", proclamó su impostura y el asesino huyó. Pero también Antonio debió alejarse de su retiro, puesto que aquel incidente acrecentó su fama y aumentaron los visitantes. Por fin, ya sin esperanza de encontrar la soledad absoluta y, ante el temor de que los homenajes y muestras de respeto que recibía le hiciesen caer en la vanidad, cruzó los Alpes hacia el sur de las Galias. Ahí ingresó en el monasterio de Lérins. San Antonio murió en aquel claustro, muy venerado por sus virtudes y sus milagros. San Enodio de Pavía escribió su biografía.

   Es poco lo que sabemos sobre este San Antonio, aparte de lo que registró Enodio en su biografía. Esta fue editada en el Corpus Scriptorum ecclesiasticorum latinarían de Viena. vol. VI, pp. 383-393, así como en MGH, Auctores antiquissimi, vol. VII, pp. 185-190 y en la PL. de Migne, vol. LXIII, ce. 239-246. Véase también en el DHG. vol. III, c. 739.

martes, 27 de diciembre de 2011

SAN JUAN, Apóstol y Evangelista


27 de diciembre



SAN JUAN,
Apóstol y Evangelista



Pedro vio venir detrás  pecho.
al discípulo amado de Jesús, 
aquél que en la Cena se reclinara sobre su pecho.
(Juan, 21, 20).

   San Juan era todavía joven cuando siguió a Jesús. Fue su discípulo predilecto a causa de su inocencia, asistió a su transfiguración, se recostó en su pecho en la última Cena, subió con Él al Huerto de los Olivos, y recibió a María como Madre, ayudó a sepultar al Salvador y acudió el primero con Magdalena a su tumba el día de su resurrección. Después de la Ascensión, fue a predicar el Evangelio al Asia Menor y se estableció en Éfeso con la Santísima Virgen. Conducido a Roma en el año 95, bajo Domicia no, y arrojado a una caldera de aceite hirviendo, salió de ella sano y salvo y fue desterrado a la isla de Patmos, donde compuso el Apocalipsis. De vuelta a Éfeso, escribió contra los gnósticos su Evangelio que, con sus tres Epístolas, es el inflamado código de la caridad. Sobrevivió a todos los otros Apóstoles.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE SAN JUAN

   I. He aquí al amigo íntimo de Jesús, aquél que descansó sobre su pecho en la última Cena, ya quien el divino Salvador hizo partícipe de sus más grandes secretos. La primera condición de una verdadera amistad es no tener secretos para el amigo. ¿Está abierto tu corazón para Jesús? ¿No tomas ninguna resolución sin haberlo consultado? En todo tiempo puedes penetrar en su corazón por la adorable llaga de su costado; ¡Y Él no puede hacerlo en el tuyo, lleno como está totalmente de las creaturas! Os amo, oh Dios mío, y deseo amaros siempre más. (San Agustín).

   II. La segunda cualidad de la amistad es compartir con el amigo lo que se posee. Ahora bien, Jesús durante su vida dióse todo entero a San Juan y, al morir, le dio a su madre. "Hijo mío, dijo, he aquí a tu Madre". San Juan se había dado por entero a Jesús, había abandonado todo para seguirlo. Date del mismo modo todo entero a Jesús, si quieres ser su amigo. ¿A quién destinas tu corazón? el mundo es indigno de poseerlo. ¿Qué has dado a Jesús en retribución de su ternura? ¿Le has consagrado tu cuerpo, tu voluntad, tu inteligencia, en una palabra todo lo que eres y todo lo que posees?

   III. En fin, la tercera cualidad de la amistad es la semejanza: el amor hace semejantes a los amigos, si ya no lo son. Fue también este amor el que hizo a San Juan semejante a Jesús, lo hizo también hijo espiritual de María. Jesús te amará, si te asemejas a Él. Para lograrlo, es menester, no que te recuestes visiblemente sobre el corazón de Jesús, sino que Jesús venga a tu corazón, y que no tengas tú otra voluntad que la suya. Tener los mismos gustos, y las mismas repugnancias, he ahí la verdadera amistad. (San Jerónimo).

El amor de Dios
 Orad por el aumento de la caridad.

ORACIÓN

   Dignaos, oh Dios de bondad, derramar sobre vuestra Iglesia los rayos de vuestra luz celestial, a fin de que iluminada con las enseñanzas de San Juan, vuestro Apóstol y Evangelista, alcance las recompensas eternas. Por J. C. N. S. Amén.


SANTA FABIOLA, Matrona


27 de diciembre


SANTA FABIOLA,
Matrona



Santa Fabiola, de la gens Fabia, fue una de las damas patricias romanas que siguieron el camino de la   santidad y la renuncia, bajo la influencia de San Jerónimo, pero su existencia fue muy diferente a la de sus compañeras Santa Marcela, Santa Paula o Santa Eustoquio, y ni siquiera fue uno de los miembros del círculo que se reunió en torno a San Jerónimo, cuando vivía en Roma. O bien, si lo fue, hubo un enfrentamiento o una ruptura en las relaciones, puesto que Fabiola era de carácter muy vivo, apasionado y caprichoso. Cuando la disoluta existencia de su esposo le resultó intolerable, obtuvo un divorcio civil, después de lo cual, mientras vivía aún su marido, se unió con otro hombre. Al morir su segundo esposo. Fabiola se sometió a los cánones de la iglesia, se presentó en la Basílica de Letrán dispuesta a aceptar la penitencia pública, y el Papa San Siricio la volvió a admitir en la comunión de los fieles. Desde entonces, la dama dedicó íntegra su gran fortuna a las obras de caridad, dio sumas considerables a todas las Iglesias, comunidades de Italia y las islas vecinas, fundó un hospital para los enfermos que recogía en las calles de Roma a quienes atendía personalmente. Fue aquél un hecho significativo en la historia de nuestra civilización, porque el hospital de Fabiola fue el primer nosocomio cristiano, público y gratuito, en todo el occidente.

   En el año de 395, Fabiola viajó a Belén para visitar a San Jerónimo, en compañía de un pariente llamado Oceanus y ahí se quedó con Santa Paula y Santa Eustoquio. Por aquel entonces, San Jerónimo disputaba con el obispo Juan de Jerusalén, con motivo de la controversia con Rufino sobre las enseñanzas de Orígenes, y se hicieron varios intentos, aun en forma fraudulenta, para ganarse las simpatías y las influencias de Fabiola para el campo del obispo, pero fracasaron todas las tentativas para destruir  su fidelidad a su santo maestro.  Fabiola deseaba quedarse en Belén hasta el fin de sus días, pero era evidente que la vida contemplativa de las mujeres consagradas que ahí se habían reunido para formar una comunidad, no convenía a la santa que necesitaba de la compañía y actividad constantes. San Jerónimo lo había observado, y en uno de sus escritos declara que a Fabiola no le entraba en la cabeza la idea de la soledad en el estado de Belén, y que, sin duda, hubiera preferido que el nacimiento de Cristo sucediese en la posada llena de peregrinos. La amenaza de una inminente incursión de los hunos fue lo que la decidió a abandonar Palestina. Las hordas de Atila habían invadido Siria, y la propia Jerusalén estaba en peligro, de suerte que San Jerónimo se retiró con sus fieles discípulos hacia la costa, durante algún tiempo. Cuando pasó el peligro y todos volvieron a Belén, Fabiola emprendió el viaje de regreso a Roma.

   Por aquel entonces, un sacerdote llamado Armando le planteó una cuestión a San Jerónimo: ¿Se podía recibir en la comunión de la Iglesia a una mujer que hubiese sido obligada a unirse a otro hombre mientras su disoluto marido estaba aún con vida, sin una previa penitencia canónica? Semejante pregunta se refería evidentemente a la hermana del sacerdote Armando, pero la opinión general fue de que se había interrogado a San Jerónimo en relación al caso de Fabiola, como un "sondeo" en las ideas del santo. En su respuesta San Jerónimo no hizo mención alguna de Fabiola, pero rechazó los términos de "hubiese sido obligada" que figuraban en el supuesto caso. "Si tu hermana", respondió el santo claramente, "desea recibir el Cuerpo de Cristo sin que se le tomen cuentas como a una adúltera, debe hacer penitencia".

   Durante los tres últimos años de su vida, pasados, en Roma, Fabiola continuó con sus caridades públicas y privadas, sobre todo al asociarse con San Pamaquio en la fundación de un amplio hospicio para peregrinos pobres y enfermos en Porte. Fue el primero en su especie y, como dice San Jerónimo, Britania". La inquietud de Fabiola persistió hasta el último momento, y hacía los preparativos para emprender otro largo viaje cuando la sorprendió la muerte. Toda Roma asistió a los funerales de la amada benefactora. San Jerónimo estuvo en contacto epistolar con Santa Fabiola hasta el fin, y escribió dos tratados para ella. Uno se refiere al sacerdocio de Aarón y el significado místico de las vestiduras sacerdotales. Ese escrito lo terminó San Jerónimo el día en que debía zarpar de Jaffa la nave en la que Fabiola regresó a Italia. El segundo tratado, referente a la "estadía de los israelitas en los desiertos salvajes", no quedó terminado sino hasta después de la muerte de la santa. Este le fue enviado posteriormente a Oceanus, el mencionado pariente de Fabiola, junto con un relato sobre la vida y muerte de la santa patricia romana.

   Todo lo que sabemos sobre Santa Fabiola procede de San Jerónimo, Epistolae 77, que se halla impresa en la PL de Migne, vol. XXII, ce. 690-698. Véase también el Saint Jérôme de A. Thierry, vol. II y el S. Jérôme sa me et son Oeuvre, vol. II, de F. Cavallera, lo mismo que el DAC de Leclercq, vol. VII, cc. 2274-2275 y el DCB, vol. II, pp. 442-443.

SANTA NICARETA, Virgen


27 de diciembre



SANTA NICARETA, 
Virgen
(410 P.C.)


  El martirologio Romano menciona en la fecha de hoy a Santa Nicareta, una anciana de Constantinopla "cuya santidad floreció durante el reinado del emperador Arcadio". Nicareta pertenecía a una buena familia de Nicomedia que fijó su residencia en Constantinopla, donde Nicareta se dedicó a las buenas obras. Se dice que atendió a San Juan Crisóstomo cuando estuvo enfermo y que éste le instó para que se hiciese diaconisa y dirigiese a las vírgenes consagradas al servicio de la Iglesia en la ciudad, pero Nicareta no quiso aceptar ningún puesto. Sostuvo valientemente y con decisión la causa del obispo contra sus adversarios y, como consecuencia, sufrió persecuciones junto con Santa Olimpia y otros fieles hasta que eligió partir al exilio con todos ellos. No se sabe a qué lugar partió desterrada ni cuándo o dónde murió, aunque es posible que haya pasado a mejor vida en su nativa Nicomedia.

   Sozomeno, el historiador de la Iglesia, habla de Santa Nicareta (lib. VII, cap. 3) y dice que, con toda probabilidad fue ella la buena mujer tan diestra en el arte de curar, a la que se refiere San Juan Crisóstomo en su cuarta carta a Olimpia. Sin embargo, parece que no hay pruebas de que haya existido algún culto de esta santa, ni aun entre los griegos. Véanse las Mémoires de Tillemont, vol. XI,

SANTOS TEODORO Y TEOFANES, (841 y 845 P.C.)


27 de diciembre


SANTOS TEODORO Y TEOFANES, 
(841 y 845 P.C.)


  Teodoro y Teófanes eran dos hermanos naturales de Kerak, en las playas del Mar Muerto, que antiguamente era la tierra de los moabitas, donde vivían sus padres antes de establecerse en Jerusalén. Desde muy jóvenes, los dos hermanos ingresaron al monasterio de San Sabas y, por los progresos que hicieron en la ciencia y la virtud, adquirieron una gran reputación. El patriarca de Jerusalén obligó a Teodoro a recibir las órdenes sacerdotales y, cuando Leo el Armenio declaró la guerra a las imágenes sagradas, el patriarca le envió ante el emperador con la misión de exhortarle para que no perturbase la paz de la Iglesia. La embajada resultó mal, puesto que el emperador Leo hizo que azotase a Teodoro y lo mandó desterrar, junto con su hermano Teófanes, a una isla frente a las costas del Mar Negro, donde ambos sufrieron lo indecible por el hambre y por el frío. Sin embargo, ya ninguno de los dos estaba en el destierro cuando murió el emperador Leo el Armenio, ya que, por entonces, se hallaban de regreso en su monasterio de Constantinopla. El emperador Teófilo, iconoclasta violento que ascendió al trono en 829, impuso el castigo de los azotes a los dos hermanos y los desterró de nuevo.

   Dos años más tarde, se le permitió regresar a Constantinopla, pero como insistieran en rehusar toda comunicación con los iconoclastas, Teófilo compuso un poema de doce versos y ordenó que se escribiera completo y con estilete sobre la frente de cada uno de los hermanos. El poema decía más o menos como sigue: "Estos hombres llegaron a Jerusalén, como naves cargadas de supersticiones y de iniquidades; por eso fueron expulsados. Al huir hacia Constantinopla, no se olvidaron de su impiedad. Por lo tanto, fueron de nuevo expulsados y marcados así en sus rostros". A Teodoro y a Teófanes los ataron en bancas de madera y les grabaron con estilete en la piel, cada una de las letras del poema. El bárbaro tormento duró largo tiempo y tuvo que ser interrumpido por la llegada de la noche, de manera que la tortura continuó al día siguiente. Tras el cruel castigo, los dos fueron exilados por tercera vez, en aquella ocasión a Apamea, en Bitinia, donde murió Teodoro a poco llegar. Más o menos al mismo tiempo, el patriarca Teófilo murió también. San Metodio ocupó su puesto y restableció el culto a las imágenes sagradas en el año 842. Entonces, se rindieron toda suerte de honores a Teófanes como confesor de la fe y se le consagró obispo de Nicea, a fin de que, con mayor poder y eficacia, pudiese combatir la herejía de los iconoclastas, sobre la que Había triunfado. Teófanes escribió numerosos himnos, entre los cuales figura uno en honor cíe su hermano San Teodoro. Murió el 11 de octubre de 845. Los griegos le llaman "el poeta", pero a los dos hermanos se los conoce, por regla general, como a los Graftoi, es decir "sobre los que se escribió". El Martirologio Romano los conmemora juntos en la fecha de hoy.

   Contamos con una Vida de San Teodoro escrita en griego y que se atribuye a Metafrasto. Está impresa por Migne en PG., vol. CXVI, pp. 653-684. Historiadores de épocas posteriores como Cedreno y Zonaras, hablan de ellos en sus relatos sobre el emperador Teófilo. Debieron recibir culto, puesto que hay una nota sobre ellos en el Synaxario de Constantinopla, con la fecha del 11 de octubre.

lunes, 26 de diciembre de 2011

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE ANDACOLLO

 26 de diciembre


NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE ANDACOLLO, 
(Chile)


   En medio de las últimas ramificaciones de los Andes occidentales, como un diminuto oasis entre las secas, abruptas y áridas tierras del contorno, Andacollo es un pueblecito minero cuyos orígenes se remontan a la época precolombina. Desde muy antiguo es famoso el subsuelo, rico sobre todo en oro y cobre. Todavía hoy son famosos los lavaderos de oro, principal ocupación de sus habitantes. Su nombre es de raíz incaica, como consecuencia de una invasión ocurrida en el siglo xv antes de la conquista, al exclamar uno de los principales, asombrado por la abundancia de pepitas de oro a flor de tierra. "Anta-coyo", que en lengua quichua quiere decir "reina del cobre". Tal etimología es la que presenta Oviedo en su Historia Natural de las Indias y mantienen hoy los más serios historiadores.              

   La cristianización de Andacollo data de Francisco de Aguirre, capitán de Valdivia, que estuvo personalmente en las minas, adonde volvió en su vejez para terminar en una vida pacífica.      

   En cuanto al origen de la veneración a María, dice la tradición que hubo una primitiva imagen, traída por los españoles de Francisco de Aguirre en 1544 cuando llegaron a este lugar para evangelizarlo, y que fue tallada por uno de los mismos expedicionarios. Tal imagen, con motivo de una invasión de los indios de Copiapó, a la que sobrevivieron tan sólo dos españoles, fue escondida en los cerros del mineral, temerosos aquéllos de verse privados de tan estimada joya. Poco después, ya en la segunda mitad del siglo XVI, fue recuperada por un indio mientras cortaba leña o cavaba mineral. La llevó a su choza para ofrecerle culto, y a causa de sus prodigios, divulgados por la comarca, se hizo cargo de ella la autoridad eclesiástica, que le erigió una capilla.    

   Pero nuevamente se pierde el rastro de la primera imagen, lo que debió de dar lugar a designar a San Miguel como titular de la iglesia. Ocurría esto en tiempos del párroco Alvarez Tobar, que en 1676 encargó otra imagen a un escultor de Lima y restableció su culto con la que hoy conocemos. Mide la imagen, "tallada en madera de cedro, como una vara y media, y su rostro es pequeño, de tinte moreno y ojos que parecen despedir una dulzura melancólica." Todo el ropaje estaba tallado en la misma madera, compuesto por una túnica de color rosado y un manto adornado de estrellas, hasta que la inevitable tendencia del siglo XIX mutiló la talla del busto para cubrirla de ricos vestidos y joyas con que hoy la admiramos.

   Aquella primitiva capilla, una empalizada con techo de paja, a que hemos hecho referencia, fue sustituida, también en la época del párroco Alvarez Tobar, por otra que persistió hasta el siglo XVIII, en que, por disposición del obispo de Santiago, don Manuel Alday, se llevó a cabo la edificación de otro templo más digno, residencia actual de Nuestra Señora y de su tesoro, en el que se exhiben, por lo que se refiere a España, sendas casullas regaladas por Carlos III e Isabel II y un vestido de gala ofrecido por la infanta Isabel, hermana de Alfonso XII.  

   En 1873, y por iniciativa del obispo de La Serena, de cuya ciudad dista Andacollo 57 kilómetros, fue erigida una basílica de gran dignidad arquitectónica y capaz de albergar las grandes peregrinaciones que se congregan en los actos solemnes, cuando la imagen se traslada a la basílica desde el santuario de su habitual residencia. Desde 1900 ambos constituyen una parroquia a cargo de los padres del Corazón de María, a quienes se debe una gran labor apostólica y de expansión del culto a Nuestra Señora de Andacollo, cuyo primer fruto fue la coronación canónica de la misma por León XIII en 26 de diciembre de 1901, siendo presidente de Chile el excelentísimo señor don Germán Riesco.          

   Pero lo más emotivo y diferenciador del culto a Nuestra Señora del Rosario de Andacollo es la manera de manifestarse la piedad de sus devotos. Sin duda alguna, uno de los aspectos más humanos del amor de María consiste en querer verse venerada en cada pueblo o región mediante la exteriorización jubilosa de las costumbres y tradiciones arraigadas en cada lugar. Es como si la Virgen se sintiera nacida en cada aldea y prefiriera lo castizo y popular, como si esto fuera una recordación de una infancia pueblerina deseada. Dentro de las más honda fe y sentida piedad (depurada de desviaciones profanas a lo largo de los siglos por la labor formadora de los sucesivos prelados), la devoción de la Virgen en Andacollo consiste en el ofrecimiento que hacen durante los días de su festividad múltiples comparsas de danzas.    

   Los primeros testimonios de los bailes de Andacollo datan de 1585. Son los llamados de indios o chinos; su indumentaria está formada por anchos calzones rojos, camisa blanca y faja de mineros, adornada después con espejuelos y lentejuelas. Tocan clarinetes de madera y tambores. Sus bailes se caracterizan por movimientos lentos, monótonos, inclinaciones y reverencias y saltos espectaculares.  

   Otro género de danzantes, del que se tienen noticias desde 1752, es el llamado de los turbantes de La Serena, constituido por hombres piadosos y probos. Van de blanco, con sombrero cónico, del que salen cintas de diferentes colores. Sus bailes, por el contrario, son rápidos, violentos. Bailan nada más los llamados alféreces, provistos de espadas, mientras los demás componentes evolucionan en torno, uno a uno, dando sorprendentes volteos hasta ocupar sucesivamente el último lugar de la fila. Los instrumentos que tocan son agudos.            

   El baile de danzantes, tercera especie de la que se tienen referencias desde 1798, se caracteriza por su vistosa y llamativa indumentaria, con profusión de abalorios, y tanto sus bailes como sus sones son más variados y armoniosos.          

   Cada uno de estos grupos está dirigido por el llamado " cabeza de baile", designación que se mantiene por herencia, y al frente de todas las comparsas está el llamado pichinga, jefe supremo de la danza de Andacollo, cuya autoridad es respetada religiosamente. Todos los años, el 25 de diciembre, arriban al pueblecito del mineral de Andacollo las numerosas comparsas de bailes que, peregrinos de la Virgen de la Montaña, vienen a rendir homenaje. Se reúnen junto a los muchos millares de devotos procedentes de la Argentina y Bolivia, como antiguamente, cuando los caminos de Río Elqui y Humalata, Río Hurtado y La Serena, en que, después de anteriores jornadas de ascenso por la quebrada montaña, llegaban a la Cruz Verde, a más de mil metros sobre el nivel del mar, y desde donde, tras corto descenso, se alcanza el santuario.  

   El amanecer del 25 coincide con la llegada a las puertas del templo para hacer ante la Virgen la presentación oficial con sus trajes de gala. Van sucediéndose las comparsas hasta situarse en un lugar determinado en el momento de aparecer la imagen a las puertas del santuario. Entonces comienzan las danzas; es un verdadero espectáculo de griterío, mezclado con los más opuestos sones de instrumentos, escobilleo de pies, inclinaciones y gigantescas cabriolas, estandartes que se alzan, batutas que bajan y suben, espadas en agitación. Es todo un complejo, confuso pero previsto desorden, cuya expresión única infunde un sentimiento de primitiva melancolía y fe, hasta desbordarse la contenida emoción. Luego, de cada comparsa se adelanta un representante, portavoz de un discurso o deprecación piadosa, que expresará ante la imagen de la Virgen. Recitan de memoria o improvisan, con la seguridad y la gracia del espíritu popular y ferviente; muestran su agradecimiento por los favores especiales recibidos, claman tristes plegarias por los cofrades desaparecidos, cuya salvación encomiendan, o hacen el ofrecimiento de nuevos miembros. Piden por las familias, la Iglesia y la patria, y los espontáneos versos de su expresión religiosa contagian la emoción de la multitud que escucha.

    Llega luego el día 26, festividad de Nuestra Señora de Andacolio. Desde la una a las seis de la tarde siguen las danzas, turnándose las diferentes comparsas dentro de un orden establecido. Comenzada seguidamente la procesión, las comparsas forman carrera de honor para escoltar a la imagen. Cincuenta danzas compuestas por más de mil quinientos hombres. Es una clamorosa profusión de color, cintas ondulando en los aires, espejuelos que reflejan su brillo. Todo el mundo, con la atención contenida, está pendiente de que aparezca la Virgen por la puerta del santuario. Y en tal momento, como movidos por una inspiración, las filas de hombres se agitan y levantan, se doblan en vaivenes multitudinarios ; se mezclan los sones de las danzas, distintos en su ritmo, pausados, agudos y roncos. Los turbantes evolucionan con parsimonia, los danzantes escobillean y bailan vertiginosamente, los chinos semejan acróbatas arrebatados.    

   De este modo expresan su amor a María sus fervientes devotos chilenos. No importa el origen incaico de estas danzas, ni su lejano sentido de superstición religiosa, si luego ha ido honestamente cristianizado. Es la expresión sincera, natural y viva de un sentimiento mariano. Ella misma, la Santísima Virgen de Andacolla, ha dado muestras naturales de su aceptación y preferencia por tales manifestaciones de culto popular, aprobado por la jerarquía eclesiástica. De las danzas de otros tiempos, mezcladas con actividades verdaderamente profanas y hasta escandalosas, queda hoy un espíritu cristiano y un sentido católico, hasta el punto de que son mayoría los cofrades que celebran estos días santos con procesiones eucarísticas, comuniones y novenas. Andacollo es en tales días un lugar en donde Dios está cerca, presente, a través de las gracias de su Madre; se respira entonces el sacrificio, la hermandad y la piedad sencilla, y no la sensualidad, el desorden y la impiedad que en otros tiempos se mezclaron. Estas danzas, que en Chile no tuvieron nunca contaminaciones idolátricas —por la idiosincrasia de su indigenismo y la formación de sus colonizadores—, tienen hoy un carácter religioso de agradecimiento, de expiación y de generosidad.

   Dentro de la abundancia amorosa de María, puesta de manifiesto en múltiples milagros a lo largo de estos siglos de veneración, y muy concretamente en probados milagros —los más recientes— a raíz de ser coronada, tienen especial interés las promesas y favores relacionados con el valor religioso y devoto de sus danzas; es corriente el caso de los prometedores, que estiman más valioso en ellos prometer estar toda la vida en una comparsa que realizar otros actos de piedad distintos. Recordamos el caso de un niño que, ciego a los cinco años, sanó a los ocho por promesa de su madre de consagrarle al servicio de la Virgencita de Andacollo, y, por consejo del propio párroco, la cambió por la de servir en la comparsa de su pueblo, cosa que llevó a cabo durante treinta y siete años.

JUAN MANUEL LLERENA